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27 de mayo del 2012 | 18 °C
Luz Barreto y sus hijos han construido en Canadá un auténtico restaurante familiar, donde difunden lo mejor de nuestra cocina
Por Sebastian Ortiz
En la cuadra 8 de la calle Saint Clair está el restaurante La Cocina de Doña Luz. Los peruanos que viven en esta parte de Toronto acuden allí en busca del sabor de casa, de un cebiche o tal vez una causa que los transporte por breves segundos al Perú.
Pero, aunque usted no lo crea, la mayoría de sus clientes son canadienses quienes disfrutan del toque que doña Luz y sus hijos -Luis y Roberto- le dan a cada plato que elaboran.
Esta familia ha logrado convertir los secretos de la abuela en una carta, en la que ofrecen los principales platos de la cocina peruana, siempre con esa pizca que solo los Barreto tienen en las manos.
MADRE Y COCINERA
Doña Luz se ha dedicado a cocinar toda su vida. El primer plato que hizo fue una papa a la huancaína cuando tenía solo 8 años. A partir de ese momento, supo que su vida estaría entre las ollas y fogones. Y así ha sido hasta hoy.
Antes de irse del Perú a finales de 1989, ella trabajó en los comedores de diferentes empresas y le iba bien. Pero dos de sus nueve hijos estaban en Toronto y ella decidió ir a visitarlos. Jamás pensó que ese viaje sería para siempre.
Una vez en Canadá, se animó a participar de La Plaza Latina, un lugar donde había pequeños puestos de cocina latinoamericana, donde tenía como vecinos a ecuatorianos, colombianos, mexicanos y dominicanos.
De inmediato, su comida se hizo conocida en este lugar y las bancas que tenía dejaron de ser suficientes para albergar a sus clientes. Entonces, decidió mudarse al barrio de Saint Clear, donde hay una amplia presencia de italianos y latinos.
UN SUEÑO CUMPLIDO
Inauguró su restaurante en medio de una fiesta de rompe y raja. Y poco tiempo después se convirtió en toda una personalidad en esta zona de Toronto: algunos diarios locales le dedicaron líneas en sus secciones gastronómicas e incluso acudió a programas de televisión a dar recetas.
“Nunca pensé que llegaría a ser una embajadora de nuestra cocina. Cuando vivía acá y preparaba cosas sencillas siempre imaginé y soñé con tener mi propio lugar. Me llena de orgullo saber que lo pude lograr con la ayuda de mis hijos”, indicó a elcomercio.pe durante su paso por Lima.
Sin embargo, no todo fue siempre color rosa para Luz. Tuvo que tener paciencia y acostumbrar poco a poco el paladar de sus clientes canadienses al sabor peruano y el de nuestros compatriotas a los insumos que usaba para reemplazar algunos que no llegaban a Canadá.
“Lo más difícil era saber cuál punto de sabor estaba bien para el canadiense porque su comida es más suave y menos condimentada que la nuestra. Mientras que con los peruanos el factor era los productos como el ají amarillo y limón, que ya hemos resuelto reemplazándolos por insumos similares”, explicó.
COCINA SOLIDARIA
Cada cierto tiempo doña Luz realiza festivales de cocina peruana, durante este y el otro fin de semana se realizará uno en honor al cebiche. En estos eventos, su restaurante es prácticamente una fiesta y la mitad de lo recaudado va a organizaciones en el Perú que velan por los derechos de los niños y las mujeres maltratadas.