Más grande y más criolla: nació la sanguchería La Lucha

La leña de algarrobo y las papas huayro dan un sabor distinto a esta propuesta

Por Catherine Contreras

La hermana mayor y la menor se llevan poco más de un año de diferencia. La primera experiencia fue bien, así que animarse por la segunda no fue complicado. La Luchita, la sanguchería al paso que hace un año y medio abrió en el pasaje Olaya de Miraflores, tiene desde hace un mes y medio una segunda sede, bastante más grande y concurrida.

El cocinero cañetano Hernán Quispe Vivanco vio nacer a ambas y por eso ha asumido estas ‘luchas’ como una historia propia de superación personal y emprendimiento. El ahora chef ejecutivo de esta cadena de sangucherías estudió cocina en Gastrotur y trabajó en lugares como La Tiendecita Blanca y El Piloto, y ahora, cuando se le escucha hablar de su producto, es imposible no sentirse tentado.

“La Luchita es una sanguchería al paso: la gente pasa, mira la lista, compra y si encuentra sitio en la barra, come ahí o pide para llevar. La Lucha, en cambio, es más grande, tiene mesas y una oferta más amplia”, explica el chef que busca imponer una nueva costumbre: comer un sánguche picando la guarnición.

Y esta no es otra que una porción de nutritivas papas huayro fritas. “Anteriormente usé la papa huayro cocida, para ensaladas y causas o para hacer puré. Con la huamantanga también hice pruebas, pero fritas me quedaron mejor las huayro”, cuenta Hernán, quien las fríe con cáscara (“para aprovechar al máximo sus valores nutritivos”, apunta), respetando la rusticidad del tubérculo, y las sirve con salsa tártara de la casa.

JUNIOR Y CLÁSICO
La propuesta de La Lucha es puntual pero variada. Sánguches de chicharrón, asado, pollo, lechón, pavo y lomo.

“Tenemos también el especial La Lucha, que es de lomo con cebolla blanca salteada y queso Edam. Todos los sánguches van en pan crocante, que no lleva mucha miga y que tiene dos tamaños: junior, que es pequeño, y clásico, que es el más grande”, empieza a recitar el chef, que también destaca la familiar figura del salsero que está a la vista del comensal. “¿Qué le hecho a su sánguche? pregunta Y la persona tiene delante suyo las salsas de aceituna, de rocoto, la tártara y mayonesa para elegir”.

A diferencia de La Luchita, La Lucha también es más grande por la variedad de sus opciones: ofrece jugos como el refrescante de naranja, lima y manzana, junto al cítrico de granadilla, mandarina y naranja o el más tradicional de fresa, piña y naranja.

Además, tienen cafés para acompañar y unos primaverales tés frutados que combinan el sabor (y las saludables propiedades) del té verde y la granadilla.

¿A DÓNDE IR?
Diagonal 308, Miraflores. Atención de Domingo a jueves de 7 p.m. a 1 a.m., viernes y sábado hasta las 3 a.m.


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