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Tabla de Picar: vuelva, casera

En su columna, Catherine Contreras hace referencia a espacios de comercialización de nuestra biodiversidad, como el Mercado de San Pedro en Cusco, y la necesidad de recuperar su real función

Mercado San Pedro2

El mercado cusqueño más visitado por turistas solo dispone espacio para una fila de papas, en plena temporada de tubérculos oriundo de los Andes.

El mercado cusqueño más visitado por turistas solo dispone espacio para una fila de papas, en plena temporada de tubérculos oriundo de los Andes.

El mercado cusqueño más visitado por turistas solo dispone espacio para una fila de papas, en plena temporada de tubérculos oriundo de los Andes.

Agustina Sotelo es cusqueña y desde hace 20 años vende tubérculos en el Mercado San Pedro. Parada tras una larga fila de papas, ocas, mashuas y ollucos, se le nota desmotivada. En su conversación se mezclan sentimientos de indiferencia y nostalgia cuando le preguntamos por qué en un mercado tan importante como este las papas peruanas tan solo ocupan una fila (ni siquiera un pasaje completo) y que no resulta muy fácil de encontrar. Sus pensamientos regresan en el tiempo a la época en que la venta en este centro de abastos era buena –según dice- porque las amas de casa llegaban religiosamente a comprarle los muchos tubérculos que solía vender.

Hoy ofrece no más de 15 tipos de papas: canchán, blanca, huamantanga, huayro, amarilla, Yungay, majtillo, sica y otras más. Le preguntamos por papa nativa (que está en plena temporada), pero nos responde que es cara y que no le resulta mucho comprarla porque no solo no se las piden, sino que las costumbres en este histórico centro de abastos han cambiado: más artesanías que productos locales se vende allí, por eso sus caseras prefieren ir a Cascaparo (el mercado aledaño) o a Wanchaq, donde encuentran más variedad, pero también precios más accesibles. Incluso se van a mayoristas como Vinocanchón o Virgen de Asunta. También hay quienes prefieren ir a la feria de Huancaro, donde cada sábado se congregan productores de diversos rincones del Cusco para ofrecer sus cosechas directamente al consumidor.

Situaciones como esta llevan a la reflexión: no perdamos de vista la función primordial de nuestros mercados; tampoco dejemos de interesarnos por la situación de quienes venden allí, cuáles son sus necesidades y aspiraciones. Mucho menos alteremos su identidad solo para beneficio del turismo. Encontrar un punto medio es preciso para bien de todos.

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