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LA SEMANA QUE PASÓ

Al Congreso con cariño

Por: Pedro Ortiz Bisso
Domingo 8 de Marzo del 2009

Sabido es que Javier Velásquez Quesquén no le tiene mucho cariño al Congreso, el cual, pese a ser su presidente, quiere abandonar más rápido que volando para convertirse en cabeza de la región Lambayeque. Que le importe poco la voluntad de quienes lo eligieron es un asunto que los legisladores, o las urnas, tendrán que resolver en su debido momento; pero a lo que no tiene derecho es a abrirle las puertas del Parlamento a un sujeto con más de 200 denuncias por usurpación de terrenos sobre sus hombros y cuatro órdenes de captura que, por esos milagros que ocurren solo entre ciertas almas iluminadas por los poderes mágicos de su filiación partidaria, fueron levantadas antes de que pusiera un pie en el Palacio Legislativo.

Faltó poco para que a Germán Cárdenas, amo y señor del anexo 22 de Jicamarca —y, para mayores señas, aprista hasta el tuétano—, le pusieran una alfombra roja y le rindieran honores de dignatario. César Zumaeta, otro distinguido legislador del partido de la estrella, casi no se le despegó. La predilección de Zumaeta por los personajes vinculados con la invasión de tierras no es nueva. Años atrás, cuando Herminio Porras hacía y deshacía sobre el terreno donde —si la Municipalidad de Lima alguna vez lo tiene a bien— se edificará el mercado de Santa Anita, se paseó orondo sobre la superficie ocupada, codo a codo con Porras. Y nunca se puso colorado.

¿A qué se debió el honor de la visita de Cárdenas al Parlamento? Pues tras la aprobación de la ley de expropiaciones, ese mamotreto legal que pisotea el derecho a la propiedad y consagra la invasión como modo de vida, era lógico que acudiera al recinto legislativo para agradecer el favorcito. La cita en el Salón Túpac Amaru duró alrededor de dos horas y tras ella Zumaeta reiteró su respaldo a quien llamó un “compañero comunero”.

Pero esta loca carrera por el desprestigio institucional y personal no es excluyente. La generosidad de la política criolla permite a cualquiera de sus exponentes fabricar con libertad sus más estrambóticos papelones. El último lo perpetró el viernes doña Karina Beteta, ilustre representante de Unión por el Perú, a quien en su condición de presidenta de la Comisión de la Mujer y Desarrollo Social del Congreso, no se le ocurrió mejor idea que condecorar a Magaly Medina, hasta hace unas semanas inquilina forzosa de la cárcel de Santa Mónica por un proceso por difamación. La señora Beteta se ganó un lugarcito en los noticieros nocturnos a costa de distinguir a la reina del ampay tomando como pretexto el Día Internacional de la Mujer. ¿Quién sigue en la lista, congresista, acaso Laura Bozzo?

Los mensajes son elocuentes: convierta en pedacitos la ley, sin olvidar sus lazos con el gobierno y se ganará una cita con el presidente del Congreso. Haga de la intromisión en la vida privada de la gente un estilo de vida y dirán que es un ejemplo para las mujeres del país. Estimados padres de la patria, ahórrense sus campañas publicitarias, sus discursos lastimeros en los medios, sus rostros desangelados luego de cada sondeo de opinión. El descrédito del Parlamento es obra suya químicamente pura. No culpen a nadie más. No busquen otros pretextos. Están haciendo una excelente labor.