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EL SUEÑO DEL ORO EN WINCHUMAYO SE VOLVIÓ PESADILLA

La ayuda solo llegó por aire

Helicóptero que salió del Cusco trasladó a 7 heridos por alud en Puno. Trabajadores del campamento minero esperan arribo de carpas y alimentos

Por: Ricardo León

Por dos razones no se puede escuchar lo que Luz Marina Arce quiere decir: porque está llorando amargamente y porque afuera del local de la Municipalidad de Ayapata (provincia de Carabaya, en Puno) se celebra el último día del carnaval y los pobladores bailan, ríen y beben como si no pasara nada.

Ella intenta explicarles a los pocos periodistas que han llegado a ese lugar que sus hijos Richard (17) y Axel (15) Miranda han muerto en el asentamiento minero Winchumayo, y que su mayor desesperación es no poder recuperar sus cuerpos. “Me dicen que a Axel lo han encontrado por pedazos, que su cuerpo ya ni tiene forma. Ellos se habían ido a trabajar en sus vacaciones. Quiero traerlos”, logra compartir.

Pero el camino hacia el lugar de la tragedia ha quedado bloqueado por las lluvias. Y aunque el alcalde de Ayapata, Javier Pariapaza, quiere recuperar los cuerpos de sus vecinos, no puede. Y aunque Wilder Serpa, jefe zonal del Programa Nacional de Alimentos (Pronaa-Puno), quiere enviar al lugar las tres toneladas de víveres que se han reunido, tampoco puede, pues alquilar una mula cuesta S/.50 para llevar 90 kilos, por lo menos, y porque tardaría muchas horas en llegar.

Y los funcionarios del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) y del Ministerio de la Mujer (Mimdes) tampoco pueden, y las frazadas y carpas que han llevado permanecen en bolsas, como si nadie las necesitara.

Al mediodía la lluvia sigue mojando la ayuda material, mientras un equipo de rescate de los bomberos de Puno permanece dentro de su unidad estacionada. Pocos metros más allá, los carnavaleros siguen en lo suyo.

VUELO DESDE EL CUSCO
En el diccionario emocional de estas personas la palabra helicóptero significa consuelo porque por ahora la única forma de llegar hasta Winchumayo es por aire. Y así lo hace un helicóptero de la policía del Cusco, que en su viaje de ida lleva a brigadistas y en el de vuelta carga siete heridos y tres familiares. Todos víctimas de la misma tragedia.

Al arribar a la Ciudad Imperial, los esperan dos ambulancias de Essalud y una de los bomberos. El servicio de emergencia del Hospital Regional del Cusco es su destino. Allí se informa que Plácida Fernández Flores (45) y David Machaca Mamani (23) presentan heridas por aplastamiento; que Rosa Luz Apaza Condori (19) tiene fracturada la pierna izquierda y que Oswaldo Jihuallanca Sanca (47) tiene roto el húmero derecho. Además, Percy Limache Pineda (25), Jesús Guevara Valencia (35) y Gilma Edith Argote Palomino (40) presentan múltiples golpes.

“Hemos traído a los heridos más graves, los demás se pueden atender en la zona”, explica el jefe regional del Indeci, Guido Bayro, quien también da las malas nuevas: el pésimo clima hará imposible volver a volar. “Las condiciones no ayudan”, dice y la resignación se apodera de todos.

LO PERDIERON TODO
Con lágrimas en los ojos, Donato Condori Yarese, tío de una de las heridas, pide alimentos, carpas, ropa, frazadas y hasta herramientas porque él y sus compañeros se han quedado sin nada. “En el campamento somos de 250 a 280 personas, y el lugar está todo destruido. Nunca vimos algo así, nunca cayó un huaico así... Lo hemos perdido todo”.

Recuerda que el lunes por la mañana empezó a llover muy fuerte, y que trabajadores y sus familias se ocultaron en sus carpas. Luego oyeron un ruido terrible, sintieron un temblor y el cerro, de manera indescriptible, fue cayendo y sepultando el campamento, su hogar. “Algunos compañeros logramos correr, pero otros se quedaron tapados. Todos estamos desesperados porque algunos siguen enterrados y todavía no los sacan”, clama.

ZONA DE DESASTRES
El campamento de Winchumayo no es el único de la zona que, por artesanal e informal, resulta peligroso. Otras fuentes de posible riqueza son Santa Teresa, Broncemayo, Valencia y Corimayo, las mismas que atraen a aventureros y a necesitados por igual.

“Ya antes se han registrado accidentes en esos campamentos, pero nunca fueron notificados porque no fueron de gran magnitud”, explica Víctor Ibáñez, secretario técnico de Defensa Civil de la provincia de Carabaya.

En tanto, Luz Marina, la madre de los dos menores muertos en el derrumbe, se ha contactado por radio con su esposo, quien sobrevivió al siniestro. Una pequeña alegría que impacta mucho más que el brillo del oro.

EN PUNTOS
1 Sabino Molina Pacha, alcalde de Ituata del 2003 al 2006, señaló que la deforestación es una de las razones que explican la tragedia. “Los mineros talan árboles para usar sus troncos y apuntalar socavones. La deforestación es fuerte y no sería raro que volviera a ocurrir otro deslizamiento”, dijo a este Diario.

2 En la última semana, las lluvias se intensificaron en la ceja de selva de Puno, informó Bernardino Tapia, especialista del Senamhi. “Se han reportado más de 60 milímetros de lluvia en la última semana de febrero”, indicó a la agencia Andina.

3 A esto se suman el riesgo derivado de una ubicación vulnerable a deslizamientos, la carencia de planes de contingencia y la lejanía de la zona.

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