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PUNTO DE VISTA

¡Brrrr!

Por: Robby Lalston Publicista

La semana pasada me tocó visitar Arequipa. ¡Pasu machu! ¡Qué frío! Cada vez que voy a la sierra del Perú me pasa lo mismo: ¡me congelo! Los hoteles no tienen calefacción, los restaurantes y las oficinas tampoco. Y, si eso pasa en los ambientes ejecutivos, ¿qué no pasará en las casas de los pobres?

Mientras tiritaba antes de entrar a la ducha pensaba en los cientos de niños que mueren por el frío cada invierno en el sur del Perú. ¡¿Quién diablos nos dijo que el frío hay que aguantarlo a punta de casacas y frazadas con llamitas?!

Quienes hemos vivido en zonas frías sabemos que, aunque afuera esté nevando o granizando, dentro de la casa o la oficina se puede estar en manga de camisa y con los pies al aire.

Pero aquí todos los años pasa lo mismo, como si no supiéramos que el invierno llega siempre en la misma fecha: viene el frío, mata cientos de niños y empiezan las colectas de frazadas y casacas que algún corrupto termina vendiendo en el quiosco de algún mercado puneño.

Y todos los años pasará lo mismo mientras no nos decidamos a impulsar una solución definitiva: el desarrollo de una cultura de calefacción. ¿Imposible? No lo creo. Hay tres nuevos factores que hacen posible creer en una solución definitiva: nuevas energías, nuevas tecnologías y estabilidad económica.

Hoy el Perú tiene gas y —entiendo yo— hay un gasoducto en proceso para llevarlo a la zona sur del país. Entonces, los hogares de las ciudades tendrán gas barato. Además, hoy tenemos nuevas fuentes de energía, principalmente la solar. Con equipos solares se puede poner calefacción en casitas aisladas en las punas más lejanas.

Mis amigos de Entelin, empresa líder en el tema solar —a todo esto, fundada por un peruano—, me contaban que existen soluciones de bajísima tecnología como el llamado muro Trombe, que puede añadir 12 °C a la temperatura interior de una casita pobre por menos de lo que cuesta una sola frazada de llamitas. (En You Tube hay varios videos de cómo hacerlo uno mismo).

Los muros Trombe son conocidos por el Estado e incluso parece que hay una ley para fomentar su uso, pero se ha hecho poco. Y, bueno, si esperamos que el Estado solucione el problema, pues mejor vayamos juntando casacas y frazadas para la colecta del 2010.

Aquí las llamadas a solucionar este problema son las empresas privadas relacionadas con el tema, que aprovechando la estabilidad económica deberían atreverse a desarrollar este mercado hasta ahora virgen, con una necesidad tan pero tan enorme.

Por su lado, más que derivar grandes recursos a curar enfermos cada año, el Estado podría dar a las empresas subsidios, exoneraciones de impuestos y leyes; pero al final son ellas las que tendrán que desarrollar ese gran mercado, saliendo a vender soluciones accesibles y a convencer a toda esa gente de que el frío es malo, que el frío mata, y que se debe y se puede —con muy poquita plata— mantenerlo fuera de las casas y lejos de los niños.

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