EL TÍTULO DE KINA ES COMPARABLE CON EL EFECTO SOFÍA
Por: Renato Cisneros
Qué triste debe estar Romerito. Me lo imagino en estos momentos solo, en su restaurante de Madrid, viendo por enésima vez el antiquísimo video en el que aparece jovencito, perdiendo el título del mundo frente a Ray “Boom Boom” Mancini.
Ahí está Orlando Romero, gordo, sin pelo, adelantando y retrocediendo las imágenes, poniendo “pause” en el instante preciso en que recibe el puño con que Mancini lo mandó a la lona, arrepintiéndose tantos años más tarde de no haber podido esquivar ese golpe final.
Hasta ayer el buen Romerito era la leyenda contemporánea máxima del boxeo peruano, el ídolo popular que alcanzó extraño heroísmo por haberse quedado en el umbral de una epopeya deportiva. Ahora su mito ha sido derribado por una mujer: la guapachosa y fornida Kina Malpartida, que ayer obtuvo el campeonato mundial de los pesos pluma y con eso desplazó al peleador trujillano del imaginario podio social en el que estaba.
Pero al margen del improbable trauma que esté agobiando a Romerito en Madrid, hay que reventarle cohetes hasta el cansancio a Malpartida.
Lo que más me gusta de ella es que por muy ruda que sea no resigna su lado femenino. Digamos que su belleza impacta lo mismo que sus manos (y espero que este comentario absolutamente sexista no la enoje, porque no quisiera verme enfrentado con su brazo derecho).
Me gusta también Malpartida porque ha demostrado una vez más que en el Perú los deportistas exitosos son aquellos que trabajan por su cuenta, que se foguean en medios internacionales, que entrenan lejos del caos sin remedio del IPD, y que luego no dudan en compartir sus triunfos con nosotros.
Me divierte que Malpartida tenga un pie puesto en el Perú y el otro en EE.UU., porque eso ha abierto un debate que delata a los idiotas de toda la vida, que se indignan y se cortan las venas porque la chica no peleó con un short que llevara la bandera peruana (como si eso fuera síntoma de mayor o menor orgullo patriota).
Me pone contento que haya ganado porque así se completa una semana de triunfos individuales femeninos, una secuencia que empezó con el Oso de Oro que mereció la cineasta Claudia Llosa en Berlín, por su película “La teta asustada” .
Encuentro genial que Kina haya obtenido este título tan ruidoso, porque eso airea las páginas de los suplementos deportivos y nos conecta con una historia positiva y diferente. Y porque, además, con ella se repite el efecto Sofía Mulanovich, quien ya nos había entrenado a los peruanos en el saludable ejercicio de desterrar nuestros más tontos prejuicios machistas. Si con Sofía entendimos que la tabla hawaiana no era (felizmente) una disciplina exclusiva de chicos malosos y bronceados, con Kina queda claro que las mujeres saben usar los guantes para golpear.
Lo único que me apena un poco de toda esta novela es la imagen de Romerito, el campeón que no fue, el eterno ídolo que no ganó, el epítome del “casi, casi”. Pobre Orlando: ayer lo noqueó Mancini, y como si eso no hubiera sido suficiente, ahora se lo tumba Malpartida.