ESPECIAL
Integración. Jóvenes comunicadores llevan desde hace dos años el cine a alejados lugares de nuestro país. El proyecto de Nómadas ha recorrido 150 pueblos y busca integrar y educar a través del séptimo arte.
Por: Jorge Paredes
Cuenta la leyenda que los asistentes a la primera exhibición comercial del cinematógrafo, en un café de París, se pararon de sus asientos, aterrados, cuando creyeron que el tren que veían en la pantalla se les vendría encima. Más de un siglo después, esa misma mezcla de curiosidad, fascinación y estremecimiento es la que experimentan decenas de niños, hombres y mujeres de alejadas comunidades andinas y amazónicas de nuestro país cuando asisten por primera vez a una función de cine. El milagro es posible gracias a una pantalla inflable, un proyector y un equipo de sonido que se ubican en cualquier escenario posible: una cancha de fútbol, la plaza principal del pueblo, el atrio de una iglesia, o un descampado en la selva, iluminado solo por las estrellas.
Este cine itinerante se inició hace dos años, en junio del 2007, cuando la española Teresa Castillo, el peruano Aldo Callegari y un equipo de comunicadores —reunidos en la ONG Nómadas—, se propusieron utilizar el potencial de la imagen fílmica como elemento de integración y educación en comunidades alejadas y pueblos de frontera. Desde entonces, han recorrido más de 150 ciudades, distritos y caseríos y han exhibido gratuitamente, gracias a diversos convenios, un centenar de películas y documentales peruanos, brasileños, argentinos, ecuatorianos y bolivianos, en un proyecto que tiene mucho de feria y de viaje de aprendizaje.
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La última etapa de esta aventura de Nómadas se inició en febrero, en la frontera norte como parte de un proyecto de cooperación entre la Unión Europea y la Comunidad Andina —Acción con la Sociedad Civil para la Integración Andina— para promover la convivencia pacífica entre los pueblos de la región.
A ambos lados de la frontera peruano-ecuatoriana, por los mismos lugares donde hace diez años se desarrolló el conflicto del Cenepa, se han exhibido ahora treinta largometrajes; no solo cintas, como la peruana “Mariposa negra” o la ecuatoriana “Qué tan lejos”, sino también cortometrajes que tratan sobre las realidades de estas poblaciones.
En Tiwinza, por ejemplo, un grupo de jóvenes awajún y huambisas (peruanos) y shuar (ecuatorianos) proyectarán este 31 de marzo un documental elaborado por ellos mismos, durante un taller de audiovisuales dictado por el equipo de Nómadas en noviembre del año pasado.
“El documental es una herramienta poderosa de comunicación y educación”, dice Aldo Callegari a través del correo electrónico, desde algún lugar de la frontera. “En el último taller que impartimos en río Santiago descubrimos que estos chicos tienen un potencial impresionante para expresar sus vivencias y puntos de vista a través del medio audiovisual. Uno de los guiones trató, por ejemplo, sobre el tema del embarazo adolescente. No solo se ofrecía el punto de vista de las jóvenes embarazadas, sino también se criticaba el hecho de que no fueran aceptadas en la escuela, por ser tomadas como mal ejemplo. A través del documental, ellos trataron de buscar una solución a este problema”.
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En un mundo globalizado, las fronteras se convierten en puentes por donde pasan productos comerciales y elementos culturales. “Las películas”, explica Callegari, “narran historias, retratan diferentes culturas, muestran contenidos sociales, de medio ambiente, tradiciones, etc. Todo eso que se plasma en el cine se convierte en un vehículo educativo para los niños, jóvenes y adultos de estas comunidades”. Cintas como “Días de Santiago” o “Dragones, destino de fuego” probablemente nunca hubieran llegado a estos lugares si no fuera por este proyecto que se parece mucho a esas antiguas caravanas que llevaban inventos y rarezas de un pueblo a otro. Y en la improvisada sala cinematográfica, las historias, como en la pantalla, también se multiplican. Niñas que les leen los subtítulos a sus madres analfabetas, mujeres que después de ver una película en quechua exclaman “esto sí lo entiendo”, o pequeños que preguntan dónde está la caja de este televisor gigante. Y los de Nómadas todavía no han podido responder al niño shuar que pregunta ¿cómo de esa luz del proyector pueden salir imágenes tan enormes?