TRADICIÓN
Sentido adiós al bar Piselli. Tradicional bodega italiana, barcito pródigo en cervezas y chilcanos, refugio para poetas, músicos y bohemios y escenario de tertulias interminables, el legendario local barranquino cerró sus puertas tras casi un siglo de existencia. Uno de sus parroquianos lo recuerda aquí, lleno de nostalgia.
Por: Antonio Muñoz Monge
“Desde cualquier lugar de Barranco, para llegar a Piselli había la misma distancia”, sostienen los románticos barranquinos que acompañaron orgullosos y tristones el cierre definitivo de este bar posada, el reciente martes 20 de enero. Ubicado desde siempre, apenas a una cuadra del malecón y del Parque Central, en la esquina de 28 de Julio y Pedro de Osma, abrió sus puertas diariamente durante cerca de 100 años.
Reunión de despedida
El lunes 19, contertulios, baquianos y asiduos parroquianos fueron llegando desde las 11 de la mañana a una impostergable cita para despedir toda una época y los recuerdos de tanto personaje que pasó en busca de un pan con queso, un chilcano de pisco y la tertulia amable y memoriosa con los amigos.
Como en todas las ciudades del mundo, los bares reciben a una bohemia de diversos matices, identificadas, algunas de ellas, con la bohemia intelectual. Artistas de todo pelaje han convertido estos bares en lugares de encuentros y desencuentros, de conversaciones, compromisos y, muchas veces, en obligados núcleos de escuelas y movimientos que han marcado época.
Este bar era una de las clásicas bodegas italianas que se instalaron en varios lugares de Lima, atendida por los dueños, en este caso los hermanos Orestes, Ángel y Antonio Piselli, quienes, detrás del mostrador, preparaban sándwiches y tragos, probaban la bondad de nuestro pisco, y ofrecían por igual mortadela italiana, jamón inglés, bacalao noruego, quesos y vinos franceses.
El Piselli era una clásica bodega que, al fondo, albergaba el bar en sí, con dos o tres mesas acomodadas, aunque los parroquianos brindaban de pie. En una época, la llegada de los consuetudinarios al bar en autos de reconocidas marcas ocupó largamente la conversación. En otra, fueron asiduos al local los miembros del Ejército, por la cercanía de la Escuela Militar de Chorrillos, y los de la Aviación, que venían desde Las Palmas, en Surco. Mesitas de mármol, amplio y extenso mostrador de madera, anaqueles, repisas, cuadros de calles de Barranco y una pátina sucia de tiempo.
Ilustres parroquianos
El poeta barranquino Martín Adán se sentaba solo y mirando a la calle. Otro gran poeta, Juan Gonzalo Rose, hacía su pascana en Piselli: parado ante el mostrador pedía un capitán con presa: pisco, Cinzano y una aceituna. Con él llegaron otros poetas como César Calvo, Reynaldo Naranjo y el deslumbrante violinista de la Orquesta Sinfónica Nacional Luis Purizaga.
“Dormía tranquilo el conventillo / nada turbaba el silencio de la noche / cuando se oyó sonar / allá en la oscuridad / el disparo de una bala fatal.” “Mocosita” era el único tango que Manuel Gibson cantaba —mientras tomaba solo— por un amor inventado que nunca existió... También el “coronel” Casas se fabricó un mundo aparte: Escribía poesía y decía ser el mejor músico del mundo. Dejó de ir al Piselli porque el Papa le había encargado 40 óperas, lo que demandaba mucho tiempo y concentración, según decía.
Ahí también está “Cucharita” haciendo malabares con botellas, sillas en equilibrio sobre la frente, papeles en cartucho y su voz ronca de amaneceres turbios y tragos de piratas. También el sosegado y genial músico Tato Guzmán y, más allá, con boina y guitarra, Pachequito. El tiempo gira en redondo pero no se repite, son espejismos los que nos acompañan cuando queremos ver la presencia de alguien ya lejano o perdido.
Despedida
Un bar con el matiz del recuerdo de una Lima que se va y retorna, con el color muy limeño del pasado arrinconado en la memoria. Esta despedida, este cierre definitivo del bar Piselli, clausura todo un momento, un oasis placentero con sabor a pueblo de mar en el que la memoriosa palabra de Emilio Chávez Fernández y la sentida guitarra de Walter Maldonado Llanos permanecen impregnadas en las paredes del Piselli. Igual, Máximo Izquierdo, Tany Mera Moteza, César Suárez Paredes, Fernando Camargo Grau seguirán atendiendo, solícitos, en cualquier otro bar, como siempre.