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LA IDEOLOGÍA

Ideario de "Los comentarios reales"

El crítico Ricardo González Vigil, autor de los estudios publicados en la última reimpresión de “Los comentarios reales” —en edición de la Universidad Garcilaso de la Vega—, conversa con El Dominical sobre la ideología garcilasiana, subyacente en esta obra capital.

Por: Enrique Sánchez Hernani

¿Cómo ocurre la fusión entre cultura occidental y pensamiento indígena en “Los comentarios reales”?
Marcelino Menéndez y Pelayo y Ramón Menéndez Pidal vieron al Inca como un producto europeo que vivió en el Perú, pero que terminó asumiendo la gran cultura de su tiempo, y dijeron sobre sus “Comentarios…” que eran una utopía renacentista influida por los jesuitas que conoció en Córdoba. El último que insiste en esto es Carlos Araníbar, autor de una edición anotada muy buena, que subraya esa influencia como si sus raíces indígenas no hubiesen pesado sino solo en la parte declarativa, donde se llama a sí mismo, con orgullo, mestizo, pues Garcilaso junta el apelativo Inca al apellido paterno.

Y cambia el nombre español que le habían dado…
Claro, él era Gómez Suárez de Figueroa según el nombre que le pusieron. Pero se autobautiza como Inca, según lo ha hecho notar Aurelio Miró Quesada. Y su nombre literario, por tanto, ya era mestizo. Su escudo, donde en una mitad figuran sus antepasados españoles y en otra hay insignias incaicas, es una proclamación innegable de mestizaje. En su obra, además, dice que en una parte va a hablar de sus antepasados indígenas y en la otra de su linaje español.

Es decir, es muy clara la admisión en el Inca de su línea indígena
Es decir, es muy clara la admisión en el Inca de su línea indígena Por supuesto. El Inca mismo dice que al hacer sus “Comentarios reales” encargó a sus conocidos que mandaran información extraída de los quipus. De otro lado reconoce haber usado una obra perdida, la crónica del gran mestizo Padre Blas Valera, una fuente muy cercana a su línea quechua. Como lo han señalado otros investigadores, como Mazotti o López Varal, su objetivo apunta a recoger la memoria indígena, sorteando la censura de la época.

¿Y cómo concilia allí su linaje español?
El Inca siempre está subrayando la grandeza del imperio incaico, aunque de otro lado muestra el heroísmo de los conquistadores, que fue rápidamente obstruido por la ambición y la codicia; lo que él llama la obra del diablo. Y si para él esto ya estaba mal, lo peor fue el Virreinato. Garcilaso sueña con que los sucesores de los conquistadores (que era su caso), y los sucesores del imperio deberían crear una especie de élite o capa intelectual, que es una influencia del pensamiento de los jesuitas, quienes soñaban con hacer una monarquía indígena-cristiana, con un rey que tuviera sangre de ambas partes.

Mentalidad indígena
¿Usted cree que había una mentalidad indígena que prevalecía en Garcilaso?
El Inca, en todos sus escritos, nunca habla del virreinato del Perú, sino que dice: “estos reinos” y cuando habla del Cusco dice “cabeza de estos reinos”, que nunca es Lima. Eso denota una mentalidad indígena. Su obra marca una especie de auge de la literatura indígena. Recordemos que Túpac Amaru, antes de su rebelión, había leído al Inca Garcilaso, a tal punto que el virrey Abascal, al darse cuenta de que la lectura de “Los comentarios reales” incentivaba a la élite indígena a no aceptar la administración virreinal, prohibió su lectura y publicación después de sofocar la rebelión de Túpac Amaru. La recepción de la obra, al contrario, fue distinta entre los europeos, que subrayaban su carácter humanista, lleno de ideas utópicas. Lo leían como si se tratase de un intelectual europeo.

¿Acaso porque el Inca privilegiaba la armonía entre indígenas y españoles antes que reivindicar una causa indígena frente a los horrores de la Conquista?
Visto desde ahora se podría afirmar eso, pero es más complejo. El Inca, tanto en “Los comentarios reales” como en “La florida del inca”, señala que la Conquista fue un negocio, un pacto económico que utilizó la evangelización como un pretexto. Incluso llega a decir que no existiría la grandeza del imperio español sin el oro y la plata que llegaron del Perú. Yo pienso que esa parte donde narra desde la llegada de Pizarro hasta la caída de Atahualpa ha sido subestimada. Riva Agüero y Porras Barrenechea afirman que en esa parte el Inca distorsionaba los hechos históricos, porque no les gustaba la imagen que daba, que contradecía las crónicas españolas, que justificaban lo injustificable: ajusticiar a un monarca sin esperar que el rey de España juzgue el caso. Si se habían precipitado, algo sucio había. Por eso en las crónicas españolas se aumenta el episodio de la Biblia con el Padre Valverde. El Inca, que llega a hablar con el Padre Valverde, cuenta que este le dice que eso fue mentira. Ahora, por la época, tampoco le iban a permitir al Inca decir más. Cuando algunos acusan al Inca de “disimulo”, yo pienso más bien que fue una estrategia textual para publicar, sorteando la censura de su época.

“Los comentarios…”, al ser, como usted indica, el primer gran libro escrito por un mestizo, ¿es una rebelión contra el panorama de las ideas de esa época?
Creo que sí. Garcilaso se precia de saber la lengua indígena, y se precia de cosas que, por el contexto de la época, son un cuestionamiento. En “La florida del inca” dice algo muy provocador: que cuando los bárbaros destruyeron Roma no destruyeron tanto como destruyeron los españoles las grandes civilizaciones de América. Puede ser que idealice la civilización prehispánica, pero eso estaba destinado a mostrar el horror de ese orden.

¿Cabe la posibilidad de que Garcilaso, en su afán de eludir la censura, haya transfigurado algunos hechos históricos?
No la niego, pero yo no tengo esas hipótesis. Grandes estudiosos la señalan abiertamente, como Carlos Araníbar o José Antonio Mazotti. Pero admitiendo que eso es factible, yo veo más posible que el Inca “rehiciera” los hechos dejándose llevar por lo que él cree lo correcto, a la manera del pensamiento clásico: no hay que deformar la realidad pero hay que ocultar algunas cosas, es decir omitir no es mentir. Hay que juzgar la mentalidad del Inca dentro de su moral, pero su obra no escamotea pruebas. Él cree que ha sopesado todo y presenta lo mejor. Hay una parte que muestra la honestidad del Inca: cuando narra la prisión y muerte de Atahualpa se basa en el padre Blas Valera, que había recogido una versión muy pro Atahualpa, que deja pésimo a las huestes de Pizarro. Pero dice que a él le contaron otra, porque en el Cusco eran partidarios de Huáscar y recordaban con horror la masacre que hizo Atahualpa entre sus panacas. Pero el Inca decide que la otra versión, la de Blas Varela, es más verosímil que la que él escuchó.

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