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ESPECIAL

Un libro fundacional

Cuatro siglos después. Han pasado cuatrocientos años de la aparición de “Los comentarios reales”, una obra fundacional porque con ella “nace” la literatura peruana, vista como un modo especial de expresar y de sentir esa nueva realidad llamada Perú. Una realidad mestiza y diferente, construida a partir del encuentro de lo autóctono con lo hispano.

Por: Héctor López Martínez

El más distinguido especialista en la vida y obra del Inca, Aurelio Miró Quesada Sosa, escribió: “Con la obra del Inca Garcilaso nace en realidad la “literatura peruana”, si se le entiende no como continuidad de las creaciones orales indígenas, ni el eco ultramarino de las letras de España, sino como un modo particular de pensar y sentir, y de expresarlo en forma escrita. A un tiempo indio y español, incorporado como hombre de su tiempo a los usos literarios de España y a los marcos mentales de Europa —señala Miró Quesada—, afloran en sus páginas la atracción de su tierra peruana y la nostalgia del Imperio perdido. Es una nueva visión mestiza, como mestizo es el nombre del Perú, y mestizo es él mismo, y por serlo se llama así “a boca llena” y se honra con ello”.

Precisamente, en “Los comentarios reales”, el niño mestizo narra con vivo colorido sus “niñeces” en el Cusco. En páginas verdaderamente antológicas se alternan recuerdos y animan escenas en que el niño mestizo de sangre real vio asombrado la primera yunta de bueyes que araba la tierra de los Andes; la triunfal entrada en la capital de los incas de Gonzalo Pizarro y su victoriosa hueste después de haber “desbaratado” al ejército de Diego Centeno en Huarina. Eran los días de la Gran Rebelión (1544-1548) y del encumbramiento efímero del Muy Magnífico Señor Don Gonzalo Pizarro.

Sus lecturas
Garcilaso, cuando decide residir en España, se refugia en el estudio. Pero esto no es un simple pasatiempo, sino actividad que asume con verdadera pasión. Se nutre de los humanistas italianos y se deleita con los clásicos de la Antigüedad. Obviamente estudia la producción de los grandes talentos españoles del siglo XVI: Antonio de Nebrija, autor de la primera Gramática Castellana; Luis Vives, amigo y colaborador de Erasmo y de Tomás Moro; Francisco de Vitoria, padre del Derecho Internacional; Domingo de Soto, insigne teólogo que participó en el Concilio de Trento.

En años posteriores, en la ciudad de Córdoba, nuestro Inca trabará cordialísima amistad con Bernardo de Aldrete, el filósofo más notable de Europa. De todas las materias que estudia y domina con singular brillo, Garcilaso de la Vega prefiere la Historia. En Córdoba frecuenta también el más selecto grupo de humanistas y sobre todo a Ambrosio de Morales, famoso historiador, cronista del rey Felipe II y autor de un libro muy celebrado por sus contemporáneos: “Las antigüedades de las ciudades de España”. No se requiere de mayores argumentos para comprender que el Inca Garcilaso de la Vega —pues ya ha dejado de llamarse Gómez Suárez de Figueroa— posee una cultura no solo amplia, sino, sobre todo, sólida, seria, absolutamente actualizada. Es entonces cuando inicia su importante obra escrita.

Una nueva realidad
Llegamos aquí a la parte de la trayectoria vital de Garcilaso de la Vega que más nos interesa: la preparación de sus “Comentarios reales”. La proeza de forjar el primero y el más grande texto de cultura del Perú, “Los comentarios reales”, demandó varios sinsabores, los cuales descalabraron para siempre sus pretensiones de éxito inmediato y mundano, enderezándolo en la ruta de una gloria perdurable y cultural. Paralelamente, y de modo más hondo, los sucesos del Perú luego de su partida parecían destruir lo que él amaba: los vestigios del Imperio Incaico en los reyes de Vilcabamba (el último inca rey, Túpac Amaru, fue ejecutado en 1572, por el Virrey Toledo), junto con el fallecimiento de su madre (casi el mismo año, 1571) y la férrea organización colonial que Toledo legó al Virreinato del Perú (Toledo gobernó de 1569 a 1581), y que extendió de modo creciente una política adversa al desarrollo del potencial de los indios y los mestizos.

Si en el Perú de la segunda mitad del siglo XVI no cabía su imagen de la patria como un inmenso hogar mestizo, nacionalista y anticolonial; él hará expandirse en sus páginas la idea del Perú, que si bien estaba unida desde un punto de vista político y administrativo a España, se iba constituyendo como una realidad diferente en los más variados aspectos.

“Obra de reconstrucción de una época larga y vigorosa de su país nativo —escribe Aurelio Miró Quesada Sosa— el Inca Garcilaso manifestó desde las primeras páginas de sus “Comentarios” el deseo fundamental que lo movía: escribir una relación completa, cabal, ordenada y corregida de los sucesos, las costumbres y las ideas del Perú antes de la llegada de los conquistadores españoles. Las historias compuestas antes que la suya —llegó a decir en el proemio— adolecían de errores y defectos, eran por lo común compendiosas y escuetas en extremo y participaban de la muy frecuente imperfección de interpretar erróneamente muchas palabras de la lengua de los incas.

Aunque acertaran en lo principal, era menester por ello redactar una historia que aprovechara las relaciones anteriores, pero acompañándolas de comento y glosa; que ampliará luego el campo histórico añadiendo muy numerosas y esenciales informaciones olvidadas; y que precisara no solo el orden cronológico de los sucesos y los contornos de la geografía, sino el significado de muchos vocablos de la tierra, para lo que Garcilaso precedió su obra de unas “Advertencias acerca de la lengua general de los indios del Perú”.

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