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MUCHO OJO: El rito de la justicia

Por: Fernando Vivas
Miércoles 8 de Abril del 2009

A partir del 2000 los peruanos nos familiarizamos con un nuevo ritual que hacía visible y ordenado lo que fue caótico y clandestino en la década previa: los procesos judiciales a los fujimontesinistas. El lenguaje y los trámites son ininteligibles y farragosos para muchos, pero la sola mirada a un ex presidente cabizbajo ante un tribunal es elocuente y reparadora. La intriga y el conflicto encuentran un cauce procesal, la civilización progresa en un formato que nos es nuevo, pues nunca tuvimos un equivalente de la Court TV gringa.

El juicio a Fujimori no ha sido una excepción de claridad. Al contrario, fue tan largo, que llegamos a perder su lógica y estructura. Canal N se aburrió de pasarlo entero, Panamericana lo hizo para tapar provisionalmente sus carencias de programación y Canal 7 se negó a hacerlo, a pesar de un cívico pedido, y tuvo razón.

Pegarse al juicio no tenía sentido, pues los noticieros resumían y editaban la frase o el guiño del día. Los “highlights” fueron pocos y dependieron de los invitados: Montesinos, que habló de lo que no se le pidió y calló todo lo demás; Hermoza, que se midió en demasía; Martin Rivas, que negó lo que le dijo a Umberto Jara; Samuel Dyer, que quiso reivindicarse.

Por lo tanto, no quedan en la memoria televisiva momentos estelares del derecho, sino las frías imágenes de un conflicto resuelto a través del vidrio y que rara vez escapó a la cuadratura procesal: el guiño a Montesinos, el aspaventoso “soy inoceeeente”, la sonrisa irónica de Raida Cóndor. Pocos momentos que hacen una suma contundente.

A propósito de los deudos, dividiéndose la sala con los fujimoristas, ellos sí han querido comunicar sus reacciones a las cámaras. Los fujimoristas, en cambio, escondían lágrimas y sonrisas, pues perciben que los medios (que alguna vez tuvieron sometidos) no los quieren. Aún les falta aceptar que la pantalla tiene que ser libre. Este juicio ya hizo historia, pero que venga la segunda instancia.