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17 de marzo del 2010 | 27 °C | 191432 Usuarios
RINCÓN DEL AUTOR
El pensamiento citadino parece creer que el problema de Bagua acabó con las trágicas muertes y con la derogación de los decretos legislativos de la Amazonía. Nada más lejos de la realidad, el reclamo sigue latente, el resentimiento y la desconfianza de los nativos también. En la práctica los citadinos también sienten que la beligerancia no ha concluido, lo demuestra el “bajón” turístico en la región, Kuélap, Yurimaguas, incluido Tarapoto. Hay temor de viajar a la zona, pero a la vez se cree que toda la violencia vivida desapareció. Igual de contradictoria es la actitud del gobierno frente a la futura negociación con las comunidades amazónicas.
El flamante primer ministro ha anunciado que no seguirá el estilo del anterior —tiene todo el derecho obviamente—, delegando en el ministro de Agricultura el teje y maneje del largo debate que se viene. No solo se deberá elaborar nuevas disposiciones legales, también hay temas de desarrollo pendientes y la necesidad de afinar la mecánica que tendrá el proceso de consulta a los nativos. El ministro del Ambiente tiene programado un diálogo con las comunidades. No queda claro si será al alimón con su colega de Agricultura o es uno muy aparte.
Aidesep no está dispuesta a aceptar que el gobierno reconozca y converse con una dirigencia creada y digitada por los asesores del primer ministro o de algún ministro. La maniobra evidencia poca pericia, la verdad, y abre otro frente de conflicto porque de prosperar la pueril jugada de divide y reinarás Aidesep no participará. Los 34 muertos, 18 asesinados con crueldad, no han provocado la necesaria reflexión. La obligatoria mesa de diálogo empieza con bastante desorden y eso no es nada bueno, solo polariza más. El asunto es complejo. A ello se le suma el pedido de la dirigencia de Aidesep de que no se detenga a sus dirigentes, ya salieron asilados dos más a Nicaragua y otra se encuentra en la clandestinidad.
Con los apus y compañía hay que ser tajante sobre la imposibilidad de detener el curso de la justicia. Aunque esta bien podría darse el trabajo de identificar (hay videos) a los asesinos de los policías de la Estación 6 y detenerlos. El líder indígena Santiago Manuin fue ametrallado en la Curva del Diablo, al hospital le ha llegado la orden de detención, lo justo sería citarlo como testigo. Así no enervarían a la población. Los apus, el gobierno y sus críticos deben tener en claro que quienes lincharon y masacraron a los 18 policías mencionados no pueden quedar impunes. Por el bien de todos.