Por: Juan Paredes Castro
La insólita parálisis de algunos casos judiciales en el Perú nos lleva a pensar en la provocadora posibilidad de “privatizarlos”.
Lo que ha pasado con el caso León Alegría (involucrado en la concesión irregular de lotes petroleros del Estado) podría reflejarse mejor y metafóricamente, por ejemplo, en esta escena:
Un día, una sala penal llega a la conclusión de que el caso que la ocupa demanda una investigación de mucho tiempo, para la cual no dispone de recursos, ni siquiera para pagar los servicios de un perito capaz de revisar el disco duro de la computadora del acusado. Por consiguiente, bajo la consideración de que su reclusión resulta inútil, ya que no hay manera de procesarlo, porque hasta el informe de la contraloría y los indicios aportados por la fiscalía no sirven de nada, se resuelve excarcelarlo y pasarlo a vivir en su casa.
Si este es el imaginario al que vamos a llegar conforme vaya probándose cada vez más la incapacidad de hacer justicia en algunos tribunales, la primera opción a ensayar sería el auxilio de tribunales y recursos externos que bien podrían instalarse por temporadas en el país para resolver todos aquellos intrincados casos, algunos emblemáticos, como el de los “petroaudios”, en los que la justicia local demuestra que no ata ni desata.
El doctor Javier Villa Stein, presidente de la Corte Suprema y del Poder Judicial, tendría que verse obligado a encontrar la manera de que la cooperación foránea se convierta en la puerta de salida a la parálisis de nuestros tribunales, huérfanos de eficiencia y de recursos materiales, si es que no es la corrupción la principal causa del problema.
Es bueno decir también, más allá de esta imaginaria alternativa judicial, que en el caso concreto de León Alegría, el juez Jorge Barreto pudo recurrir a los peritos del Ministerio Público, que los tiene de sobra, para avanzar en el proceso. Prefirió transitar, de la A a la Z, en su propio limbo.
¿Por qué nunca nadie abrió el disco duro de la computadora de León Alegría, que de duro debe tener ya muy poco?
Mejor habría que enviarlo fuera, como la momia Juanita, a manos de un arqueólogo.