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20 de marzo del 2010 | 24 °C | 188777 Usuarios
EL ESPECIALISTA
Hace menos de tres meses vivíamos en un país que no reconocíamos: éramos la estrella de Latinoamérica y, para algunos, del mundo; donde la bonanza económica era imparable, el ambiente colectivo era de positivismo y mucho entusiasmo. El Perú no había tenido una salud económica y una moral tan alta, sin crisis ni escándalos.
Pero de pronto, en una pestañeada, todo desapareció. Un día amanecimos en un país en caos. Con masacres inexplicables y huelgas diarias que ya uno no sabe de quién son y por qué protestan.
Y ese sentimiento, que iba desde las grandes empresas ejecutando proyecto tras proyecto, hasta la gente de la calle llena de oportunidades y sueños, de pronto se encuentra desalentado.
¿Se acabaron los proyectos? ¿Se acabaron las posibilidades de por fin lograr lo que siempre soñamos?
La verdad es que quiero creer que no. Una tendencia tan sólida como la que teníamos no se puede frenar con una crisis. De hecho, hay que atender los llamados de los pueblos marginados, pero esto no puede frenar un tren que venía con una determinación histórica.
Y dentro de todo este ruido mediático de escándalos, de acusaciones de culpa, y hasta muertes de famosos, ¿quién nos da una voz de aliento? ¿Quién nos muestra el norte de nuevo? ¿Quién nos hace ver tras la neblina? ¿Quién mantiene la moral, las ganas, el sueño vivo? Cuando Argentina cayó en la crisis del 2006, una marca muy emblemática para el país como Quilmes sacó un comercial en que los jugadores de la selección alentaban a aquellos que siempre los alientan para que afronten un momento difícil para el país.
Hoy, el Perú está confundido y muy preocupado. ¿Perdimos acaso el empuje? ¿Perdimos ese ánimo colectivo que estaba llevando al país a crecer después de mucho tiempo, no solo en Lima, sino también en provincias? ¿Será que el sueño se acabó?
No puede haber algo más alejado de la verdad que esto. Pero percepción es igual a realidad. Y se necesita una voz de aliento. Una voz que ratifique nuestro norte. Una voz que nos aleje de los titulares de los noticieros y las portadas de los diarios. Una voz que nos haga ver que el Perú no ha cambiado en dos meses. Que debemos seguir con la misma fuerza y la misma ilusión.
Y este espacio en el podio de los discursos que mueven, que motivan, que regresan las fuerzas, que nos hagan no distraernos y seguir con el emprendimiento lo deben ocupar las marcas. Esas marcas que están arraigadas en la gente. Esas marcas que deben ir más allá de los objetivos comerciales. Esas marcas que son parte de este país, nacionales o extranjeras.
El Perú es más grande que sus problemas. Llegó el momento de dar un paso al frente. ¿Qué marca dice YO?
(*) Director general de Farenheit