EL PROBLEMA ES DE PERSONAS, NO DE INSTITUCIONES
En 36 meses han ocurrido 23 casos de inconducta. Desde agosto del 2006 nueve legisladores han sido suspendidos. Ninguna bancada está exenta de mala conducta de sus representantes. Tres parlamentarios afrontan actualmente procesos judiciales
¿Qué pasa con nuestros congresistas? O la pregunta debe ser ¿qué pasa con nosotros —los ciudadanos— que elegimos a esta clase de congresistas cada cinco años?
En 36 meses de labores del actual Parlamento, 23 congresistas se han visto involucrados directamente en escándalos que empañan su imagen como personas probas. Ninguna bancada política se libra de este problema.
En la última semana se reportaron tres hechos. Primero fue el caso de la legisladora humalista Nancy Obregón, cuyo ex asesor fue detenido con 140 kilos de cocaína. Este lunes su colega Rosario Sasieta (AP) fue denunciada por abuso de autoridad y maltrato laboral por su ex colaboradora del despacho parlamentario, quien dijo que la obligaba a lavarle los pies.
Ayer le tocó el turno al fujimorismo. Ricardo Pando fue herido por su esposa, Milagros Morales, con un cuchillo para pan, en plena discusión familiar. Según ella, fue en defensa propia porque se cansó de ser una víctima constante del maltrato y la humillación.
DOS LECTURAS
José Elice, director ejecutivo de Reflexión Democrática y ex oficial mayor del Congreso, opina que esta situación es consecuencia de tres factores. Uno: la falta de partidos políticos fuertes, la cual explica por qué no hay filtros estrictos para la selección de sus candidatos al Congreso. Dos: esa extraña transformación psicológica del ciudadano que cuando llega al poder se siente un ser todopoderoso en el ejercicio de la autoridad. Y tres: la falta de reflejo institucional, en este caso del Poder Legislativo, “porque se está socavando gravemente la institución parlamentaria”.
“El Congreso debería rechazar toda circunstancia que lo afecte como institución y aplicar los procedimientos internos para investigar y, eventualmente, sancionar severamente”, dijo.
Para el psicoanalista Pedro Morales Paiva, los congresistas no solamente se deben diferenciar de los ciudadanos por su talento y competencias sino también por su conducta como seres humanos.
“Nadie está libre, ni siquiera un congresista, de una situación trágica. El problema es cuando estas ocurrencias se convierten en lo frecuente o en lo corriente. El riesgo son los modelos o los esquemas que se transmiten. El resto dirá: si los parlamentarios lo hacen, ¿por qué yo no? [...] El ejemplo es muy importante. Así como gozamos de una economía en azul, también hay que elevar la economía moral del país. Los congresistas pueden contribuir a eso”, dice el experto.
“Tenemos que ser más responsables a la hora de votar. Tomarnos el tiempo para elegir a personas probas, capaces no solo de manejar el poder sino también de ser representantes de solidez, de principios, de moralidad”, dijo.
LA CIFRA
80%
De los peruanos desaprueba la gestión del Congreso de la República, según la última encuesta nacional de El Comercio elaborada por Ipsos Apoyo.