LITERATURA. Diego Trelles Paz
EL ESCRITOR PERUANO ACABA DE PUBLICAR EN ARGENTINA SU ANTOLOGÍA “EL FUTURO NO ES NUESTRO”, QUE REÚNE A LOS NARRADORES JÓVENES MÁS IMPORTANTES E INNOVADORES DE ESTA PARTE DEL MUNDO
Por: Raúl Cachay A
No hay futuro. Esa fue la consigna de los punks, que sostenían todo su andamiaje estético en el doble pilar del nihilismo y el rechazo visceral al orden establecido. El escritor peruano Diego Trelles Paz, en su flamante y estupenda antología de nueva narrativa latinoamericana “El futuro no es nuestro”, que reúne a autores de buena parte de la región (por Perú participan los hoy ubicuos Daniel Alarcón y Santiago Roncagliolo), plantea una vuelta de tuerca muy oportuna para el añoso alarido punk. Quizás sí haya un futuro allí afuera. Pero que nadie espere que los escritores incluidos en este volumen se hagan cargo de él.
“Las dos partes de este proyecto (la electrónica, que salió el año pasado en Colombia, y la impresa, que acaba de salir en Argentina, y saldrá en mayo en Bolivia y en setiembre en México), las planteé desde el inicio como antologías hechas por escritores. Mis tres únicos criterios fueron: un marco temporal fijo, que abarcase a los autores nacidos entre 1970 y 1980; convocar a escritores éditos en libro; y no aceptar fragmentos de novela, solo relatos. Ni la fama ni la trayectoria ni el grado de exposición mediática fueron tomados en cuenta en mi decisión final, solo los textos”, explica el antologador desde su exilio académico en Binghamton, Nueva York.
“El futuro no es nuestro” no es la primera antología de narrativa joven latinoamericana que se publica en los últimos años. Muchos recuerdan, por ejemplo, la ciertamente fallida “McOndo” de Fuguet y compañía, que buscó objetar el ominoso influjo que la generación del “boom” ejerció sobre las camadas posteriores de autores. ¿Qué es lo que diferencia este libro de otros proyectos afines?: “Se ha dicho erróneamente que a nosotros no nos importan los escritores del “boom”. Eso es falso. Yo, por ejemplo, decidí conscientemente volverme escritor después de leer “Los cachorros” de Vargas Llosa. Dudo que alguno de los presentes en esta selección no haya leído a estos escritores en su etapa formativa. Si en el prólogo los llamo “nuestros queridísimos monstruos del aprendizaje” es porque la huella de su influencia fue muy profunda. Sin embargo, como escritores, como artistas, es natural esa necesidad de evadirnos de una sombra tan poderosa para encontrar nuestra propia voz. Igual de influyentes fueron escritores posteriores, como Manuel Puig, Ricardo Piglia o Roberto Bolaño. Respecto a McOndo, no creo que fuera vapuleada por la selección de sus cuentos, sino por un prólogo ingenuo que intentó combatir el estereotipo del exotismo a pedido de los epígonos de García Márquez (Isabel Allende y collera) con otro estereotipo igual de falso en el cual se quiere formalizar la idea de que América Latina y Estados Unidos se miran horizontalmente. Los límites de McOndo fueron los límites de Fuguet que hasta en sus películas parece ver a América Latina como un gran shopping mall. Quizás la diferencia primordial está en que, a diferencia de Fuguet, mi idea nunca fue vender una marca literaria al mercado extranjero. Si algo busca “El futuro no es nuestro” es el reencuentro con el lector. No nos interesa lo extraliterario ni que el mercado nos estigmatice como si fuéramos algo más que escritores buscando un espacio propio. Las onomatopeyas, las etiquetas, las crean los mismos antólogos buscando tener un impacto mediático rápido; es una lógica marquetera efectiva que el mercado aprueba y fomenta. A mí no me interesaba en absoluto”.