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27 de mayo del 2012 | 18 °C
Más de un millón de limeños no tiene acceso al servicio básico. Nuevo plan de arborización busca reducir consumo en áreas verdes

MARISOL GRAU
Edición Fin de semana
Lima y El Cairo tienen más de una cosa en común. Suena a cuento, pero es cierto. Además de ser capitales, ambas se sitúan en un desierto. Las une, entonces, la vulnerabilidad por el tema del agua. Sin embargo, mientras el río Nilo (2.830 m3/s) asegura a la ciudad egipcia un caudal generoso, aquí los ríos Rímac (10-30 m3/s), Chillón y Lurín (0 m3/s) solo nos ofrecen un chorrito entre los tres. La nuestra es una metrópoli naturalmente sedienta e incluso deshidratada en algunas zonas marginales o alejadas.
Más de un millón de limeños todavía no cuentan con servicio de agua potable y se abastecen de piletas públicas, camiones cisterna o sistemas mixtos de red y camiones. Y lo que es peor: alrededor del 38% de producción no es facturada o se pierde en las tuberías.
A propósito del Día Mundial del Agua, que se celebra este martes 22 de marzo, bien vale recordar la importancia de proteger tan vital recurso natural. Sobre todo aquí, en la Ciudad de los Reyes, esa que padece estrés hídrico agudo y que, a la vez, concentra la población ascendente más extensa del Perú; aproximadamente 8 millones de habitantes.
¿LIMA LA VERDE?
“El de la capital es un futuro con restricciones y escasez, pues, mientras la demanda por el agua tiende a incrementar, la oferta no lo hará necesariamente”, advierte Anna Zucchetti, presidenta del Servicio de Parques de Lima (Serpar) y mano derecha de la alcaldesa Susana Villarán en asuntos ambientales.
En ese sentido, resulta contradictorio el deseo de la municipalidad por incrementar las áreas verdes urbanas. Especialmente si consideramos que en verano cada m2 de césped puede llegar a consumir de 8 a 10 litros de agua. Cifra que, trasladada a unas 400 hectáreas –entre parques zonales y metropolitanos, jardines, bermas e intercambios viales– bajo jurisdicción municipal, se presenta escalofriante.
Al respecto, Serpar ha elaborado un nuevo plan de arborización para Lima. “En áreas que no son de uso recreacional (parques), sino más ornamentales, vamos a reemplazar las antiguas especies como el césped o ficus por xerófilas (plantas y árboles de ecosistemas secos) como las suculentas, las cactáceas, el molle y la tara. Esta última incluso puede sobrevivir seis meses sin una gota de agua”, explica Zucchetti. Este intercambio de especies vegetales permitiría ahorrar de 60% a 80% de agua.
Por ejemplo, en la berma central del Metropolitano se está comenzando a implementar ese cambio. Según Zucchetti, ello significará un ahorro de S/.1’122.000 al año. Asimismo, ya se han diseñado dos jardines xerófilos en el Paseo de los Héroes Navales, frente a Palacio de Justicia, y en el Circuito Mágico del Agua.
La experta acepta que, por el momento, una de las limitaciones del proyecto es la reducida disponibilidad de plantas xerófilas. “No obstante, una vez que los viveros municipales y privados alcancen un nivel óptimo de producción, y a medida que se vaya concretando el proyecto, queremos difundir este conocimiento a los demás municipios y luego normarlo y regularlo”, agrega. En general, resulta fundamental establecer una cultura de ahorro hídrico en nuestra capital.
APRENDER JUGANDO
Otra paradoja es la que vive la localidad de San Mateo, en la provincia de Huarochirí, departamento de Lima. Si bien no integra el área metropolitana y el río Rímac corre allí caudaloso, el agua contaminada como consecuencia de la minería solo le permite abastecerse de manantiales.
“Pese a gozar de una buena cantidad de agua potable (2 tanques que suman 3.000 litros), estamos en escasez, puesto que las instalaciones tienen unos 30 años y esta se pierde en las tuberías”, refiere Óscar Daga Rodríguez, regidor del distrito. Hace alrededor de un año que el agua se distribuye únicamente de 2 a 4 horas diarias.
“El proyecto para la restauración ya se envió al gobierno de la región Lima provincias, pero todavía no tenemos respuesta ni solución”, lamenta. Daga sostiene que el presupuesto para la instalación de una nueva red de agua y desagüe es de unos ocho millones de soles.
En ese contexto, y a puertas del Día Mundial del Agua, la ONG humanitaria Right to Play organizó anteayer el Día del Juego con la finalidad de incentivar el cuidado y preservación del recurso entre los niños y pobladores a través del deporte.
“Para vivir”, “Para tomar”, “Para los animales”, “Para el aseo”, respondían los menores cuando se les preguntaba por la importancia del agua. A su corta edad, ellos saben que se trata de un recurso vital para su desarrollo y el de San Mateo. Momentos antes, al escucharlos cantar el himno nacional, resultaba inevitable pensar que son el futuro del Perú, y que como peruanos el acceso al agua es un derecho que merecen. Algo que vale la pena recordar, incluso como jugando.