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27 de mayo del 2012 | 18 °C
Histórico espacio de la Batalla de San Juan luce abandonado. Robos, pintarrajeo y asentamientos aumentan cerca de Cristo del Pacífico
LUIS SILVA NOLE
“Se ha dicho que quienes olvidan o desprecian la historia están condenados a repetir los errores de ella. Enorme verdad”.
-Jorge Basadre Grohmann-
Stefano tiene 8 años. Es miércoles 15 de junio y llega ilusionado al Morro Solar, en Chorrillos, junto con sus compañeros de un tercer grado de primaria de los miles que hay en Lima. Su afán de entrar al planetario, acaso la atracción más popular del lugar, lo tiene ansioso.
Una vez consumado su deseo de ver planetas, y mientras sus amigos revolotean frente al monumento al Soldado Desconocido, en la parte más histórica del morro, Stefano repasa algunos de los nombres de peruanos que, al pie de aquel soldado, sobresalen de una capa de pintura que oculta un mármol que antaño realzaba el lugar.
Ante el silencio de sus profesoras, el pequeño se entera leyendo de que aquel puñado de nombres representa un mínimo porcentaje de los miles que entregaron su vida allí mismo, el 13 de enero de 1881 en la Batalla de San Juan, en la penúltima línea de defensa de Lima durante la guerra con Chile.
“¡Defendieron Lima!”. La emoción le vuelve de súbito. Pero Stefano no sabe que a ese soldado, obra del escultor Luis Agurto y Olaya, le falta la bandera peruana que llevaba en la mano izquierda en julio de 1922, cuando el monumento fuera inaugurado por el presidente Augusto B. Leguía.
Sin percatarse de la presencia del Cristo del Pacífico, ubicado unas centenas de metros más allá, los escolares siguen la mirada del Soldado Desconocido y se encuentran con la estatua de un general sin identificación, colocada sobre un pedestal enorme cuyo centro está marcado por cuatro pequeños huecos que evidencian que alguna vez hubo ahí una placa de bronce con el nombre del héroe: Miguel Iglesias, quien fue uno de los jefes de las fuerzas peruanas en el morro.
La base de mármol del pedestal está incomprensiblemente pintada a medias de blanco, y pintarrajeada con grafitis que violan el santuario patriótico.
La zona de los monumentos se caracteriza por su aridez y por las bolsas, plásticos y demás desperdicios que cubren la tierra que hace 130 años fue regada con la sangre de valientes peruanos.
“Hace unos 50 años el Morro Solar era resguardado por el Ejército Peruano, que se encargaba de su seguridad y cuidado”, comenta Óscar Ferreyra Hare, director general del Instituto de Estudios Históricos del Pacífico.
“Es pésimo el estado de este patrimonio histórico e intangible. Toda la zona debería ser de tierra, tal como lo era en 1881, sin basura, con copias de los cañones peruanos que hubo en la batalla, y un museo de sitio”, agrega el investigador, quien cree que un patronato debería trabajar por la conservación del Morro Solar.
Ferreyra y el general de brigada EP (r) Herrmann Hamann, presidente del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú, fueron líderes de la oposición a Gremcitel, empresa que planeaba construir condominios sobre un terreno de 192,5 hectáreas frente a La Herradura, adquirido tras una venta promovida por la Municipalidad de Chorrillos en 1995. Esta empresa no puede poner un ladrillo en la zona porque hace cuatro años el entonces Instituto Nacional de Cultura (hoy Ministerio de Cultura) ratificó la intangibilidad del morro.
“El Concejo de Chorrillos es responsable de la conservación del Morro Solar, el Ejército Peruano ya no tiene esa competencia. ¿Y qué hace el sector Cultura?”, se pregunta Hammann, quien cree que el Cristo del Pacífico no viola la intangibilidad del sitio porque es un símbolo religioso.
INSEGURIDAD
Una fuente del Área de Imagen del muncipio chorrillano señaló que la administración que encabeza Augusto Miyashiro no desea hablar sobre el morro. Solo aseguró que el concejo pondrá ahínco en su limpieza –“porque el Cristo atraerá visitantes”– y establecerá un programa de seguridad con serenos en la zona.
La inseguridad es uno de los grandes problemas.“Maleantes ponen obstáculos a los vehículos para que se detengan en plena subida o bajada, y poder asaltarlos”, dice Enrique Chávez Paredes (49), quien, al igual que Stefano, mira los monumentos.
Germán Cossío Leveratto (64) vive en Alto Perú, uno de los asentamientos humanos que pueblan las faldas del morro –en el lado sureste hay 46– y que cada año ganan altura. “Solo hay seguridad cuando suben o bajan en carros los policías que cuidan las antenas de televisión del cerro Marcavilca”, refiere.
“Por las noches no hay más luz que la de la cruz, levantada en 1998 con restos de las torres de energía eléctrica voladas por los terroristas, y que sirve de faro. Es peligroso. Mi familia y yo nos encerramos en nuestra tienda [la única de la zona, ubicada al lado del Santuario de la Virgen del Morro], que también es nuestra casa”, indica Maribel Gonzales (23).
Hasta el cierre de esta edición el Ministerio de Cultura evitó pronunciarse sobre la situación del Morro Solar.
EL DATO
Chorrillos con Cristo
El 85,7% de vecinos de Alto Perú aprueba la puesta del Cristo del Pacífico en el Morro Solar. El 56,7% de los que ocupan el malecón dice lo mismo, según el Instituto del Perú.