La morgue: el hogar transitorio de la muerte

A la morgue llegan hasta 15 cuerpos al día y faltan espacios para mantenerlos. El cadáver de un sudafricano lleva nueve meses sin ser reclamado

La morgue: el hogar transitorio de la muerte
*Por Elizabeth Salazar Vega* Tras la muerte, el primer umbral que cruza el cuerpo es el de una oficina amarillenta de dos metros cuadrados; nada cercana al paraíso pero muy parecida a la burocracia de los vivos. Es la Oficina de Recepción y Entrega de Cadáveres de la morgue de Lima, donde Héctor Francia espera, cual San Pedro, iniciar el trámite de ingreso del difunto. Hasta 15 cadáveres llegan a él en promedio por día. La Morgue Central de Lima es el lúgubre edificio de la cuadra ocho del jirón Cangallo donde terminan los cuerpos suicidas, los fallecidos en accidentes de tránsito, los no identificados, los asesinados y todo aquel que no haya perecido con certificado médico en mano. *EL CAMINO OBLIGATORIO* El cadáver se aleja de Francia cuando terminan de registrar sus datos y es trasladado en una camilla rodante de metal hacia el lugar más respetable de este recinto: la sala de autopsias, un amplio ambiente gris, donde dos médicos forenses y tres cuerpos inertes reciben al recién llegado. “Todo es normal para nosotros”, dice Rocío Quispe, quien lleva dos años viendo la muerte pasar. Ella es especialista en medicina legal y, al igual que los otros 17 profesionales que laboran en dos turnos, eligió este cargo. Aquí el aire es espeso, penetrante y el color está tan ausente como el ruido. Solo se oye el correr del agua que Rocío y su compañero esparcen sobre el nuevo cadáver antes de iniciar los cortes de rigor. “Uno se acostumbra, es un trabajo más”, añade César Tejada, director de la Morgue Central de Lima. Su rostro inanimado y mirada anclada en algún rincón del salón nos obligan a preguntarle si lleva mucho tiempo aquí. “Diez años. Uno ve de todo: adultos, niños, hasta restos de animales. La policía los halla en la escena del crimen y piensa que son de personas”, dice Tejada antes de volver a posar sus ojos en un rincón. Tres horas bastan para revisar al occiso y elaborar un parte médico que confirme las causas del deceso. Todo se hace en presencia de un fiscal, pero si se tratara de un escandaloso crimen, como el de la empresaria Myriam Fefer o el de la cantante Alicia Delgado, se toman fotografías para colaborar con las indagaciones policiales. Tres rumas de fólderes conservan el recuerdo impreso de vidas arrancadas por la violencia. *ESPERAN POR ALGUIEN* Concluye la necropsia y el cadáver que ingresó al mismo tiempo que nosotros es llevado ahora a una de las 36 cámaras frigoríficas que hay en el salón. Al abrir una de estas, notamos que uno o dos cuerpos ya están en sus cajas esperando. La falta de espacio es recurrente en este local desde hace más de diez años y ello se complica si se tiene en cuenta que entre 12 y 15 cadáveres no son reclamados durante varias semanas y hasta meses. La ley permite que, al cabo de 48 horas, el personal de la morgue done los cuerpos a las universidades, pero se opta por esperar diez días. “Aun así hay casos en los que las familias llegan cuando el muerto ya fue entregado. Si eso pasa, las facultades de medicina tienen la obligación de devolverlo en el estado en que esté”, dice Tejada. Alumnos de la Facultad de Medicina de San Marcos recuerdan que ello ocurrió hace cuatro años. “Era de una joven que ya había sido procesada con glicerina para mantener los tejidos. Nos apenó porque es difícil estudiar cadáveres femeninos; son escasos”, dijo uno de ellos. Los cuerpos que sufrieron en vida algún mal infectocontagioso son parte del grupo de no idóneos para estudiantes, por lo que terminan en la fosa común del cementerio Presbítero Maestro. Cada año unos 200 terminan allí, bajo tierra, y otros 50 van a las aulas. En la sala de necropsias hay un huésped que ya lleva nueve meses en la cámara frigorífica sin que se decida su destino. Se trata del ex “burrier” sudafricano Hernan Veldman, asesinado en marzo en un hostal del Centro de Lima y quien fue amigo de Carl Eislen, novio de la cantante folclórica Katty Portela, conocida como Flor de Huaraz. “La embajada de ese país nos ha comunicado que su familia quiere enterrarlo allá, pero no sé por qué no se lo llevan. Creo que aún hay cabos sueltos en el ámbito policial”, señala el director de la morgue. *LOS PAPELEOS FÚNEBRES* Al cadáver que vimos durante la necropsia sí lo esperan sus parientes, por lo que se permite el ingreso de uno de ellos para que proceda a vestirlo a menos que quieran pagar S/.12 para que el personal de la morgue lo haga. Luego, el cuerpo será llevado nuevamente ante Héctor Francia para cumplir el trámite de salida, pues si hay algo que continúa hasta después de la muerte es el papeleo burocrático. El muerto es entregado a los familiares, pero muestras de él se quedan en el laboratorio que funciona en el segundo piso de la morgue, donde el médico Javier Churango hace los exámenes biológicos de esperma, sangre, alcoholemia y otros. Salimos del edificio y volvemos a escuchar el ruido de la vida. “No nos des duro con tu informe, si no no te vamos a tratar bien cuando pases por aquí”, dice sonriendo Churango. Y al fin vemos una sonrisa en Tejada. *LAS CIFRAS* *30* soles se cobra por cada día de refrigeración del cadáver si al cabo de 24 horas este no es retirado por sus familiares. El resto del trámite es gratuito. * 4.500* cuerpos ingresan en promedio a la morgue cada año si no ocurren tragedias masivas. *400* muestras como máximo se pueden analizar al día en los laboratorios de biología forense de la morgue. *20* minutos demora la prueba de alcoholemia que realizan a los cadáveres en base a la sangre que se encuentra en sus tejidos. *LA HISTORIA DE UN RECINTO PARA IDENTIFICAR LOS CADÁVERES* Hacia la primera mitad del siglo XVI, la palabra francesa “morgue” se usaba para calificar una actitud seria o severa. En 1694, el Diccionario de la Academia Francesa incluyó una definición: lugar donde los detenidos permanecen expuestos a la mirada de los guardias. En 1798, el vocablo francés adoptó un nuevo significado: lugar donde son expuestos los cuerpos de personas que fueron halladas muertas a fin de que puedan ser reconocidas. En nuestro país, la Morgue Central de Lima está administrada por el Instituto de Medicina Legal y, aunque existe otro local en el Callao, el que funciona en el Cercado es el de mayor envergadura e importancia. El primer edificio que tomó la denominación de morgue en Lima fue el mortuorio del hospital Dos de Mayo y funcionó desde 1875 hasta 1891, fecha en que se trasladó al anfiteatro del Jardín Botánico de la Escuela de Medicina de la Universidad Mayor de San Marcos, predio que ocupa en la actualidad la morgue, pero remodelado. Recién en 1918 se pudo dotar de equipos de refrigeración al local para conservar los cuerpos. El personal de la morgue recuerda que la situación más crítica que atravesaron fue el incendio en Mesa Redonda, tras el cual sus instalaciones fueron declaradas en emergencia.

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