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A un mes de los huaicos, víctimas aún esperan por un hogar

Miles de damnificados de la zona Este de Lima viven en carpas desde mediados de marzo

A un mes de los huaicos, víctimas aún esperan por un hogar

A un mes de los huaicos, víctimas aún esperan por un hogar

Fuertes lluvias, huaicos y desbordes azotaron desde enero pasado varias ciudades del país y a su paso destruyeron viviendas, carreteras, vías ferroviarias, puentes, colegios, centros de salud y terrenos de cultivo.

En el departamento de Lima la naturaleza dio su golpe más fuerte durante la segunda quincena de marzo, y en los tres primeros meses del año dejó 55 mil damnificados y afectados. Hoy, la mayor parte de las personas que lo perdieron todo cumplen un mes viviendo en carpas y con la incertidumbre de no saber qué pasará cuando esta emergencia termine. 

El Comercio llegó a tres de las zonas más asoladas de esta temporada de huaicos en Lima y constató que aún falta mucha ayuda y planes de prevención.

1. Al borde del peligro Los Cañaverales, Chosica
El asentamiento humano Los Cañaverales, en Lurigancho-Chosica, se formó hace más de 40 años en la margen izquierda del río Rímac. La tarde del jueves 16 de marzo el río se desbordó, inundó las viviendas de 50 familias, destruyó algunas casas y provocó serios daños en la mayoría.

Con el paso de los días el caudal del río bajó, los vecinos regresaron a sus viviendas para retirar el lodo y los escombros. Hoy, a un mes de aquel desastre, varios pretenden volver a asentarse en la zona pese al riesgo.

“¿A dónde podemos ir? Hasta ahora nadie nos da una solución, seguimos en carpas y preferimos volver”, afirma el dirigente vecinal Ramón Tinta. Otros moradores, como Dalila Eusebio, temen regresar a sus casas por las fisuras que el río causó en las paredes. Piden ser reubicados y claman por ayuda para construir viviendas seguras.

2. Sin vías de comunicación Huinco, San Pedro de Casta
Para llegar desde Lima al anexo de Huinco, en el distrito de San Pedro de Casta, Huarochirí, hay que viajar dos horas en carro y caminar media hora más. La carretera que comunica el pueblo con Lima fue dañada por el desborde del río Santa Eulalia y la caída de huaicos. Hasta hace unos días los habitantes cruzaban el río con una soga que ellos mismos instalaron.

Recién la semana pasada el gobierno regional rehabilitó el puente de madera y metal que se cayó el 16 de marzo y sirve de ingreso a Huinco, Cumpe y otros pueblos cercanos. Sin embargo la estructura es muy precaria y no permite el paso de vehículos.
“Los agricultores somos los más afectados pues debemos sacar las chirimoyas y paltas a pie. En el camino se caen, se malogran y tenemos que rematarlas”, cuenta Eugenio Salinas.

En Huinco vivían unas 50 familias, pero ante los huaicos la mayoría decidió salir del pueblo por temor. Las 17 familias que se quedaron preparan ollas comunes y usan agua de las quebradas, pero temen enfermarse por la falta de agua potable y porque el pozo séptico fue arrasado por el río.

“Estamos aislados y sin nuestra fuente de trabajo”, señala el teniente gobernador Jubenal Cárdenas.

3. En escombros Barba Blanca, Callahuanca
A decir de moradores y autoridades locales, Barba Blanca es la zona más afectada de la provincia limeña de Huarochirí. Hace un mes el tranquilo pueblo donde vivían 50 familias fue sepultado por lodo y piedras. 

Desde el 15 de marzo los damnificados vivieron refugiados en las instalaciones de una empresa en las alturas de esta alejada zona. Recién hace 13 días Defensa Civil provincial y regional instaló carpas para 27 familias que lo perdieron todo. Los afectados creen que la represa de una hidroeléctrica influyó para la activación de las quebradas y por ello piden que las autoridades investiguen. 

“¿Hasta cuándo estaremos acá? ¿Cuándo se acabe la ayuda a dónde vamos a acudir?”, se pregunta Isidro Mamani, de 70 años. 

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