21 de agosto del 2014 15 °C

La fuerza de submarinos peruanos cumple un siglo protegiendo el mar

Con 6 unidades, es una de las fuerzas más poderosas de Sudamérica. Submarinistas pueden pasar hasta un mes sin pisar tierra firme

CÉSAR SARRIA GOMÍ

Treinta y cinco personas se desplazan febrilmente en un espacio más que reducido (no excede los 120 m²) y la escena se torna caótica, al menos, a los ojos de un extraño que ignora que ese aparente caos es un baile coordinado en el que todos los actores conocen sus pasos y sus funciones a la perfección.

Las luces rojas que se encienden cuando el comandante, con la cara pegada al periscopio, anuncia el “puesto combate” ante el avistamiento de un ‘contacto’ o nave enemiga solo incrementa el dramatismo del momento. Este es un instante en la vida dentro de un submarino.

En agosto, la Fuerza de Submarinos de la Marina de Guerra del Perú cumple 100 años de fundada y, pese a las restricciones presupuestarias a las que están sometidas todas las Fuerzas Armadas, continúa manteniendo su liderazgo entre otras flotas de Sudamérica con seis unidades tipo 209 de fabricación alemana, la misma cantidad que Brasil y dos más que Chile.

Sin embargo, según la Marina de Guerra del Perú, este liderazgo va más allá de la flota, está también relacionado con la preparación y entrenamiento de su personal.

El Comercio hizo una corta travesía a bordo del BAP Arica para observar cómo es la vida dentro de un submarino y comprobó que la incomodidad y la claustrofobia se dominan con orgullo y pasión.

LA VIDA DEBAJO DEL MAR
La tripulación de un submarino puede pasar hasta un mes sin pisar tierra firme. En travesía de entrenamiento, la autonomía de una nave como esta está definida por la cantidad de agua y alimentos que puedan llevar: 1,8 m3 de carne congelada, 5 m3 de víveres secos y 20 toneladas de agua.

El capitán de fragata Luis José Rocha, comandante del BAP Arica, explica que cuanto más cerca están de llegar a su destino, la comida y el agua escasean.

“Llega un punto que bañarse resulta un lujo que no podemos darnos. Luego de unos días, el baño es tamaño pasaporte, solo hasta las axilas, y al final es tamaño carnet, solo la cara. Es por esto que en la tripulación de un submarino solo hay hombres”, bromea Rocha.

Más allá de las limitaciones de abastecimiento y espacio, la rutina se convierte en una forma de subsistencia. Sin luz natural, los días y las noches se confunden y entremezclan y pueden confundir hasta al más experimentado.

“Luego de pasar casi un mes navegando, la rutina marca tus horarios. Tenemos guardias rotativas de cuatro horas, sin importar si es de día o de madrugada; terminado tus guardias te vas a dormir. Puedes desayunar a las 9 de la noche ”, cuenta el teniente primero Andrés Quiñones, jefe de armas del Arica.

En sus ratos libres, la tripulación de un submarino suele leer o ver películas en los camarotes distribuidos en cinco niveles muy cerca uno del otro. Esta es otra de las razones por la que las mujeres no forman parte de la tripulación. A veces, es necesario que los hombres compartan los camarotes.

Y pese a que la claustrofobia empezó a causar estragos en unos periodistas sin experiencia en estos menesteres a las pocas horas de iniciado el viaje, la experimentada tripulación parece hasta disfrutar del espacio reducido.

Si bien el sistema de aire acondicionado de un submarino funciona a la perfección, llega un punto en que es necesario subir a la superficie para renovar el aire y ventilar la nave.

“En un viaje de entrenamiento, esta maniobra se puede realizar sin problemas, sin embargo, durante una operación militar, se evita salir a la superficie para no ser detectado por los radares enemigos. En ese momento, la tripulación debe consumir la menor cantidad de oxígeno posible. Debe estar en reposo e intentar dormir la mayor cantidad de tiempo”, explica Rocha.

FORTALEZA PSICOLÓGICA
¿Qué hace que una persona elija voluntariamente este tipo de vida? Toda la tripulación responde al unísono: la pasión.

“Tengo 12 años como submarinista y no me imagino haciendo otra cosa”, afirma el capitán de corbeta Miguel Ángel Delgado, segundo comandante de la nave, y añade orgulloso: “los submarinistas pertenecemos a una élite dentro de la Marina, nuestro entrenamiento es el más riguroso. Somos un arma letal, capaz de destruir la flota enemiga de manera sorpresiva”.

La fortaleza psicológica también es vital para mantener la concentración en situaciones en que el estrés y el cansancio emocional se combinan.

Un submarinista debe tener una vida personal y familiar muy disciplinada. “Los problemas los debes dejar fuera cuando se cierran las escotillas. Dentro, no hay señal de celular ni forma de comunicarte con nadie. Todo en tu casa debe estar ordenado y tranquilo”, explica Delgado.

Incluso, cuando la tripulación sale a un viaje largo, se acostumbra designar ‘partners’, es decir, compañeros que se quedan en tierra para apoyar a las familias de los viajeros si surge algún problema grave mientras no están.

La madurez emocional es otro aspecto que un submarinista necesita ejercitar si quiere sobrevivir en un entorno como este.

“Tuve un compañero en la escuela que recién estaba con enamorada y se desesperaba por hablar con ella. Estábamos a 200 pies de profundidad y se pegaba a la escotilla para ver si conseguía tener señal. No soportó y se retiro de la escuela”, cuenta Delgado.

EL DATO
Profundidad máxima
Aunque la cifra exacta es un secreto militar, se sabe que los submarinos alemanes tipo 209 pueden sumergirse hasta al menos 500 metros.