La Casa de la Literatura: acechada por el desdén del hombre

El descuido humano es el histórico culpable de la desaparición del acervo de bibliotecas en el Perú y el mundo

La Casa de la Literatura: acechada por el desdén del hombre

De mano en mano, los libros de la Casa de la Literatura se ponen a buen recaudo.

Es interesante cómo el hombre valora más las bibliotecas que han desaparecido que aquellas a las que todavía puede acceder. Aquellos universos infinitos de naturaleza ab aeterno que solo pueden ser obra divina (según definición de Borges en "La biblioteca de Babel")  son frecuentemente olvidados y acechados por las consecuencias del desdén del hombre, el bibliotecario imperfecto. Porque, aunque muchos recalquen la importancia de los libros, son muchos más los que no tienen interés por ellos. 

Por ello no llama la atención que, según el libro "Historia universal de la destrucción de libros", investigación del bibliotecólogo venezolano Fernando Báez, el 40% de los libros destruidos se debe a causas naturales (como lo que casi sucedió este miércoles cuando el río Rímac puso en peligro el acervo de la Casa de la Literatura), mientras que el resto es culpa del hombre, la verdadera amenaza.

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Las bibliotecas están envueltas por ciertos mitos que acentúan el amor por lo perdido. La de Alejandría, regentada por bibliotecarios como Demetrio de Falero y Apolonio de Rodas, es el ejemplo más claro. Los más entusiastas historiadores calculan que la biblioteca construida para recopilar el conocimiento humano y ser la colección más completa de la historia llegó a albergar 700 mil libros aproximadamente hacia el siglo V a.C., suficiente razón para añorarla. Empero, las guerras que devastaron esta ciudad,  enfermedades como la peste antonina y las creencias religiosas terminaron por destruirla.

El Perú no ha sido ajeno al nefasto accionar del hombre o de lo que Ricardo Palma calificó de "la belicosa locura de un soldado". La ocupación chilena en la Guerra del Pacífico hizo que en 1881 la Biblioteca Nacional fuera saqueada y sus instalaciones usadas como cuarteles. Palma, al asumir la dirección de la institución y por el nulo interés del Estado por la reconstrucción de la biblioteca, dio origen a su legendario sobrenombre: el 'Bibliotecario Mendigo'.

El destino quiso que más de sesenta años después,  esta misma institución se incendiara. La madrugada del 10 de mayo de 1943, el fuego se apoderó de la sede de la avenida Abancay. Más de 100 mil volúmenes empastados y 40 mil manuscritos, entre los que se encontraba el archivo completo de "El Mercurio Peruano", según informó El Comercio, desaparecieron.

Un destino similar pudo haber sufrido el archivo de la Casa de la Literatura ante la inclemente crecida del río Rímac de este miércoles. Felizmente, la rápida reacción de sus militantes trabajadores aseguró la protección de los libros que celosamente alberga.

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A las cuatro de la tarde del miércoles, los empleados de La Casa de la Literatura, alertados por el desborde del río Rímac, empezaron a poner a buen recaudo los 8 mil libros que componen su biblioteca Mario Vargas Llosa (entre los que se encuentran primeras ediciones de la escritora Mercedes Cabello). Por ello, no habrá atención al público hasta el martes.


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