ENRIQUE PLANAS

Su descubrimiento se dio a conocer en mayo de 2006. A los ojos del mundo se mostró el cuerpo de una gobernante moche, aparentemente fallecida tras complicaciones de parto, en el año 400 d.C., un siglo y medio después del apogeo del Señor de Sipán. Vivió cerca de 25 años, medía 1,45 metros. Sus restos estaban cubiertos por 18 collares de oro, plata, lapislázuli, cuarzo y turquesa, además de 30 narigueras de oro y plata, diademas y coronas de cobre dorado. Sus brazos fascinaban por la presencia de complejos tatuajes que reproducían serpientes, arañas, cocodrilos, monos, leopardos, abejas y mariposas, que daban cuenta de sus dotes como adivina y del alcance de su poder político.

Enterrados cerca, la acompañaban en su viaje al Uku Pacha, el mundo subterráneo, tres miembros de su guardia personal.

Desde el primer momento, el hallazgo de la Señora de Cao fascinó a la actriz y directora Rebeca Ráez. La suya era una curiosidad enorme: ¿Quién era esta extraña mujer tatuada? ¿Cómo llegó a gobernar? ¿Cómo podía desplegar tantos poderes sobre la población, desde lo administrativo, lo militar y lo espiritual? Para responder todas estas preguntas, se puso a escribir. El resultado se titula Cao(s) Visiones de la dama moche, obra con la que Ráez ganó el primer programa Residencia Teatro 2013-Gran Formato, organizado por la Municipalidad de Lima. Su espectáculo está dividido en tres actos, conducidos por cada uno de los tres guardianes que la acompañan en su tumba frente al Océano Pacífico, sobre las costas liberteñas. El Guardián de la Montaña (Juan Manuel Ochoa), el Guardián del Agua (Rafo Ráez) y el Guardián del Trueno (Christian Esquivel) saben que van a morir y recuerdan a su señora antes de ofrecerse en sacrificio.

El de Ráez no es solo un entusiasmo literario, sin bases históricas. Por el contrario, la directora recabó información apelando a las fuentes más respetadas, entre ellas el mismo descubridor de la tumba de la Dama de Cao, el arqueólogo Régulo Franco. No pretendo con este espectáculo ofrecer una reseña histórica de la Dama de Cao. Lo que busco es meterme en el universo de su mitología. No he querido construir algo estático, una revisión tradicional de lo ya visto. Optamos por entrar en el universo de los dioses mochicas. ¡La misma Dama de Cao es una semidiosa! Para mí, ella tiene un tipo de magia que la conduce en un plano sobrenatural, afirma la directora.

Cuando terminó de escribir la obra, Ráez ya tenía en mente a la actriz ideal. Confieso que para protagonizar esta obra pensé primero en Magaly Solier por sus cualidades como actriz y como cantante. Ella tiene una forma muy especial de trabajar. Sus gestos y expresiones me hicieron decir ¡esta es la Dama de Cao! Para mí era la actriz idónea, afirma.

PENSAR COMO LA ABUELA La Dama de Cao lleva su historia tatuada en la piel. Quizá por ello Magaly Solier confiesa que, en un principio, temió meterse en su milenario pellejo. No tiene nada que ver con anteriores roles que había interpretado, afirma la actriz. Además, otra dificultad para ella era combinar el canto con la actuación. Me ha costado un poco –reconoce–. Pero gracias a Dios siempre tengo al lado buenas directoras. Simplemente, me pongo en sus manos y me dejo guiar.

Antes de ensayar el exigente papel, Solier sabía que debía acopiar el conocimiento necesario para interpretarlo con nobleza. Cuando empecé a investigar sobre la Dama de Cao, me preguntaba si sería capaz de interpretarla. En ella se sintetizan tres mundos: la chamana, la gobernante y la madre. Son cosas en las que había que trabajar detalladamente, asegura la protagonista de “La teta asustada”.

Buscó entonces la asistencia del antropólogo alemán Jurgen Golte, profesor principal del Instituto Latinoamericano de la Universidad Libre de Berlín y catedrático principal de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. “¡Yo tenía tantas preguntas!”, recuerda Solier. ¿De dónde venía la Señora de Cao? ¿Por qué tenía tanto poder? Golte supo explicarle que la gobernante moche no era una mujer normal. Era la hija del Uku Pacha, el mundo de abajo, la tierra de los muertos, de los nonatos y de todo aquello que se encontraba bajo la superficie terrestre o acuática.

Él empezó a explicarme cómo el pensamiento de los mochicas está dentro de nuestro inconsciente. Incluso nuestra religiosidad popular tiene mucho de sus tradiciones”, explica. Un ejemplo de ello es la antigua tradición andina de evitar matar a las arañas en tiempo de sequía. Un huantino anciano no lo hace y es que, según el pensamiento moche, por el tejido de las arañas se aleja el sol y da comienzo a la lluvia, recuerda Solier sobre su lección bien aprendida.

Golte la animó a evitar pensar con la lógica actual y a imaginar cómo pensaba su abuela, que podía encontrar en una serpiente la conexión entre el cielo y la tierra, la vida y la muerte. Desde ese día me enfrento de distinta forma a las serpientes y a las arañas”, comenta divertida la actriz. “En esas conversaciones empecé a comprender más a la Dama de Cao. Entender cómo era el pensamiento mochica, para qué usaban sus armas, así como los misterios alrededor de la muerte de la gobernante”, explica.

TIERRA DE GUERREROS Siempre nos ha fascinado la ferocidad de la cultura Moche. La violencia de sus rituales, reflejadas en una iconografía rica en escenas de sacrificios y de sangre. Para Rebeca Ráez, no se puede concebir en esos tiempos que la mayor figura de poder no tuviera capacidades guerreras. Por eso, ella recomienda a su conjunto de bailarines sacar a sus propios guerreros ancestrales. Como le explicaba el arqueólogo Régulo Franco, la guerra en la cultura precolombina se desarrollaba de forma muy distinta a la del mundo occidental. Los enfrentamientos se desarrollaban lejos de las ciudades pobladas. Los guerreros se liaban cuerpo a cuerpo, cada uno representado a su comunidad. Si un guerrero le quitaba el tocado al otro, era un gran deshonor para el vencido, quien estaba dispuesto a sacrificar su vida en respuesta. Valoro mucho lo que es el enfrentamiento, pero también el valor de esta vida humana entregada como ofrenda, sostiene.

En efecto, lo sanguinario en la cultura Moche tiene explicaciones muy complejas. Según los antropólogos, el sacrificio humano en tiempos moches representaba un rito propiciatorio para la agricultura. El guerrero estaba listo no solo a combatir al enemigo, sino también a enfrentar la naturaleza y los cambios climáticos, en una sociedad siempre amenazada por las variaciones climáticas propias del fenómeno de El Niño, señala Ráez. Así, la conexión entre el mundo de la vida y de la muerte es un referente permanente en este montaje. En su iconografía, los mochicas muestran a sus muertos como esqueletos que empujan desde las profundidades las plantas que florecen en la superficie. Para esta cultura, incluso después de la muerte, nuestros ancestros están en permanente relación con el mundo de los vivos. La protección que tenemos de los ancestros, dice la directora.

Para Rebeca Ráez, Cao(s) es una apuesta firme para reivindicar el papel de la mujer contemporánea como dueña de su destino, reflejándola con la semidiosa prehispánica. El discurso de la Dama de Cao en esta obra tiene que ver con cómo ella sintetiza todos sus poderes en dos conceptos: producir y proteger. En la obra, la Dama de Cao es profetisa. Ella ve el futuro del Perú, algo que no entiende. La fuerza de las mujeres se basa en su capacidad de ver más allá, señala.

EL PESO DE LA DAMA A punto de estrenar este ambicioso espectáculo en el Teatro Municipal, Solier afirma que, como ninguna otra experiencia actoral, Cao (s) la ha hecho sentirse profundamente nutrida y completa. Siempre he tenido algo de miedo al teatro. Es muy diferente ser actor de teatro que de cine. Pero lo he enfrentado, y ya no tengo miedo, afirma la actriz, quien en escena lleva más joyas que las que usó en la alfombra roja, allá en Hollywood, en la ceremonia del Óscar del 2010.

¿Sabes cuánto pesan? ¡15 kilos!, comenta Solier divertida, refiriéndose a todo el conjunto de piezas metálicas que imitan el oro y la plata que componen el regio traje de la soberana moche. ¡Solo la corona pesa dos kilos! ¡Imagínate!.