"50 sombras de Grey": ni estimulante ni sexual (CRÍTICA)

Alberto Servat comenta la adaptación al cine de la novela de E.L. James, que ya está en nuestra cartelera

"50 sombras de Grey": ni estimulante ni sexual (CRÍTICA)

Dakota Johnson y Jamie Dornan, protagonistas de "50 sombras de Grey". (Foto: AP)

Desde que “50 sombras de Grey”, el ‘best seller’ de E. L. James, se convirtió en un proyecto cinematográfico comenzó una avalancha de informaciones sobre la selección de los actores, los detalles de la adaptación y mucho más. Las muchísimas lectoras de la novela reclamaban saber más sobre la película. Por supuesto, el interés se centraba en el especial carácter del relato. En una historia aparentemente atrevida, en la que una joven estudiante de literatura británica se siente atraída por un misterioso millonario, miles de mujeres del mundo entero encontraron una puerta abierta a un mundo desconocido. Y de la misma manera en que la esposa de Barba Azul se entromete en los misterios del castillo de su marido, las ávidas lectoras descubrieron en las páginas de este éxito de librerías el mundo oculto del sadomasoquismo.

En su paso a la pantalla, en la cinta dirigida por Sam Taylor Johnson, el argumento es el mismo. Solo que los personajes han cobrado vida y se mueven y hablan. O al menos parece que lo hacen. Tenemos a una Anastasia Steele (Dakota Johnson) modelada de acuerdo con las heroínas de Jane Austen. Y tal como les habría pasado ellas, la muchacha se siente fuertemente atraída por un millonario altivo y extremadamente serio, Christian Grey (Jamie Dornan). La atracción es mutua y da paso a un cortejo y posterior seducción. Para entonces ya ha pasado buena parte de la película y ante las escasas virtudes cinematográficas descubrimos que estamos frente a un producto más cercano a la manufactura de “Twilight” que a las grandes producciones de Hollywood. Es decir, cine barato. No de bajo costo, sino barato en toda su apariencia y estructura. Claro, el gran anzuelo es el‘sex appeal’ de sus protagonistas.

¿‘Sex appeal’?

Si Dakota Johnson y Jamie Dornan son los actores ideales para sus respectivos papeles no es el principal defecto de la cinta. Porque esta tiene más problemas. Para comenzar, una narrativa tan convencional y anodina que nos lleva a preguntarnos si la película tiene director o simplemente va con piloto automático.

Sin un estilo capaz de conjugar emociones, suspenso, erotismo, ”50 sombras de Grey” es cualquier cosa menos estimulante y sexual. ¿Cómo acercarnos al mundo de los placeres extremos sin un toque siniestro?

Dakota Johnson resulta adecuada en cierta forma. Es suficientemente persuasiva en su interpretación de una chica honrada y curiosa, íntegra e incorruptible. Pero ahí está el problema. El personaje es absurdo.

El caso de Dornan es peor. Como actor es simplemente imposible. No hay manera de creer que sea un excéntrico millonario. Mucho menos que sus tendencias sadomasoquistas sean reales. Dornan es fotografiado como si fuera un modelo de GQ. Un muñeco de papel. Nada más. El peor momento de su interpretación es justamente cuando revela sus tendencias. El instante en que contempla el interior del cuarto secreto donde tiene montado el escenario de sus fantasías sexuales. La cámara ni siquiera hace un esfuerzo por mostrarnos su emoción al contemplar el epicentro de su mundo. No hay expresión, no hay pulso, mucho menos provocación. Si de algo estoy seguro es que de existir el señor Grey, estaría furioso con su retrato cinematográfico.

50 sombras de Grey” es la típica producción que debe su fama a la parafernalia creada a su alrededor. No tiene valores por sí misma. Y su único acierto, si es que se puede llamar así, es haberle dado notoriedad siquiera por unos instantes al sadomasoquismo.