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Quintín: "en una época, el Perú tenía más críticos que películas"

Afilado y polémico, el crítico argentino Eduardo Antín -Quintín- que llega como jurado del Festival de Lima se despacha sobre el cine latinoamericano, las series televisivas, la literatura y más

El crítico ha sido también árbitro de fútbol, matemático, director de un festival de cine, autor de un libro sobre vinos, entre otras labores. (Foto: Alessandro Currarino)

El crítico ha sido también árbitro de fútbol, matemático, director de un festival de cine, autor de un libro sobre vinos, entre otras labores. (Foto: Alessandro Currarino)

El crítico ha sido también árbitro de fútbol, matemático, director de un festival de cine, autor de un libro sobre vinos, entre otras labores. (Foto: Alessandro Currarino)

El crítico ha sido también árbitro de fútbol, matemático, director de un festival de cine, autor de un libro sobre vinos, entre otras labores. (Foto: Alessandro Currarino)

Está en el Perú como jurado de la crítica internacional del Festival de Cine de Lima que organiza la PUCP, pero ello no le impide callarse nada. El argentino Eduardo Antín –Quintín– es de esos tipos que hablan con autoridad y seguridad hasta cuando se equivocan. Por ejemplo: cuando en el 2004 afirmó que con “Días de Santiago”, la cinta de Josué Méndez, había nacido el cine peruano. “No me animaría a repetir esas palabras –dice hoy, más de una década después–. Primero porque no conozco bien el cine peruano anterior a ‘Días de Santiago’, ni tampoco el posterior. Y creo que el premio que recibió Josué para hacer su segunda película no le hizo bien. Lo vi mareado por el lugar que había empezado a ocupar. No se le veía bien”.

Quintín se ubica también entre los que cuestionan la oleada de coproducciones internacionales en diversos países de Latinoamérica. Una industria que a punta de laboratorios y mercados de coproducción, fondos de financiamiento, work in progress, etc. ha mejorado su calidad técnica y profesionalismo, pero que ha cedido la originalidad de su autoría al gusto de los que financian o distribuyen. “Las películas se achatan, se pasteurizan, terminan homogeneizándose”, sentencia.

—Era de cambios—
Y a la par de ese aparente declive del cine, Quintín también habla de un decaimiento de la crítica. Como fundador, en 1991, de la revista “El Amante”, que marcó época en la escena cinematográfica argentina y latinoamericana, el crítico habla con conocimiento de causa: “A mí me parece que la crítica es una actividad sin esperanza. En Internet cada vez hay más críticos, pero pasa igual que en la literatura: hay más gente que escribe que gente que lee. Aquí en el Perú siempre hubo una gran tradición de crítica cinematográfica, casi obsesiva. Tanto que en una época tenían más críticos que películas”, dice sin guardarse ironía.

Se le pregunta su opinión sobre Netflix y las series de televisión. Comenta que la plataforma de streaming le parece muy pobre y que las series no lo entusiasman. “Veo dos o tres capítulos y las dejo, no llegan a ser parte de mi mundo –explica–. Me parece que están hechas como las seriales de antes, que te dejaban en suspenso de un día para el otro. Son producciones que se van adaptando, con personajes que cambian de personalidad, que se modifican según la reacción del público y el ráting”.

Las nuevas generaciones, dice, están tan aplastadas por las imágenes que estudiantes de primer año ya tienen a la mano todas las técnicas y los trucos para experimentar audiovisualmente, pero sin nobleza, sin vibra. ¿Sería bueno, quizá, no ver tanto cine para hacer cine? “No estaría mal eso. ¿Cuántas películas habrá visto en su vida Abbas Kiarostami, por ejemplo? Muy pocas, seguramente. Era un tipo que venía de la pintura. Pero con un par de imágenes y muchas ideas, se las arregló para hacer un cine hipermoderno”, afirma.

—Lo que hay que ver—
Para bajar la negatividad, le pedimos tres nombres que valga la pena atender en el cine contemporáneo. Menciona cuatro: al estadounidense James Benning, al francés Pierre Léon, al coreano Hong Sang-soo y al español Albert Serra, y se despacha con entusiasmo sobre el trabajo de cada uno de ellos.

Los destaca como autores que escapan del circuito cinéfilo de los festivales, tan igualado, amiguista y predecible. Pasa lo mismo, y peor, en el mundillo literario, con sus ferias y sus congresos. “Un gran mecanismo de relaciones públicas”, dice.

¿Es un pecado la arrogancia en el mundo del arte?, le consultamos. “Para nada. Desde Sócrates está viva”, responde. Deja de hablar solo porque lo paramos. Y confiesa que no ha visto aún ninguna de las 18 ficciones en competencia del festival. “Lo que se me viene”, dice el crítico, que ya parece alistar los dardos. Lo que se les viene a ellas, habría que decir

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