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Semana Santa: un repaso por los retratos de Jesús en el cine

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"La pasión de Cristo", de Mel Gibson.

Nacimiento, muerte y resurrección. Pasión y expiación. Morir en la cruz para que nuestros pecados sean perdonados. La sangre derramada que conduce hacia la redención. Estos elementos suelen inquietar o intrigar a los directores. Y pueden inspirar relatos sin que Jesús de Nazaret aparezca en la gran pantalla.

Retrato y enigmas de Cristo

Ocurrió en “Robocop” (1987), del fantástico realizador holandés Paul Verhoeven, quien recientemente presentó “Elle” (2016), una indagación en los brotes psicóticos con la que Isabelle Huppert logró una nominación al premio Óscar en la categoría de Mejor Actriz y ganó un Globo de Oro. El póster de “Robocop” confundía. Al verlo, más de un niño que creció en la década del 80 pensó que era otra propuesta cándida, futurista y escapista al estilo de “La guerra de las galaxias”. No lo era. Verhoeven tiende a esquivar las concesiones, así estuviera trabajando en Hollywood. La ejecución a balazos del protagonista tiene la truculencia y el remezón del mejor cine sangriento. Pero él resucitará luego de que usen su cuerpo para convertirlo en un androide de la policía, en un guiño explícito de Verhoeven al camino predestinado de Jesucristo, tal como el cineasta ha confesado más de una vez (“El Nuevo Testamento es la influencia para este filme”, afirmó). En ese porvenir podrido, amoral y despiadado, Robocop querrá recuperar su humanidad entre los aceros y recordar su identidad. “Robocop” es un clásico de la mordacidad y el cine de ‘shock’.

Una suerte de terapia de choque también es la que propuso Mel Gibson al dirigir “La pasión de Cristo” (2004). Aquí Jesús sí aparece y es encarnado por Jim Caviezel. La película tuvo el visto bueno del Vaticano, pero eso no la libró de las polémicas. Gibson quiso mostrar la pasión del hijo de Dios en toda su crudeza y sacudirla de la apariencia inmaculada de una estampilla. Para más de uno la devoción por el cine hemoglobínico sintonizó con una expiación auténtica; otros la tacharon de sensacionalista.

Gibson sustentó su punto de vista en una entrevista con el medio católico Zenit.org: “No creo que otras películas hayan logrado penetrar en la verdadera fuerza de esta historia. O son inexactas en la narración histórica, o tienen mala música o son de mal gusto. Esta película mostrará la pasión de Jesucristo tal como sucedió. Es como regresar en el tiempo y contemplar aquellos hechos, presentados exactamente como ocurrieron. Hemos hecho una investigación. Estoy contando la historia como aparece en la Biblia. Habla por sí misma. El evangelio es un guion completo y eso es lo que nosotros estamos filmando”.

 

 

HABITÓ ENTRE NOSOTROS Y EN LA PANTALLA

Otro filme recomendado por el Vaticano es “El evangelio según San Mateo” (1964), del director italiano Pier Paolo Pasolini. La película estelarizada por Enrique Irazoqui narra la vida de Jesús desde su nacimiento hasta su resurrección.

El realizador rehúye de la suntuosidad, apela a una cercanía y austeridad infrecuentes que recuerdan el verismo del neorrealismo italiano, y plasma un retrato espiritual sentido. Lo curioso es que Pasolini fue ateo, marxista, homosexual, libertario y un polemista incendiario (en otras palabras: fue un artista y poeta de voces múltiples). A pesar de ello, “El evangelio según San Mateo” obtuvo la venia de los voceros de la Iglesia Católica. En el 2014, el crítico Emilio Ranzato señaló en “L’Osservatore Romano”, el diario oficial del Vaticano, que el filme es “probablemente el mejor sobre Jesús rodado nunca”.

En su artículo, Ranzato también indicó que en la película caben “todos los elementos de la atormentada y para muchos contradictoria ideología” de Pasolini, pero que su relato evidencia “la inspiración digna de un creyente”. Luego Ranzato añadió: “De esta manera se confirma la validez y la fuerza de la palabra cristiana, pero dándole, por otro lado, un contexto más verdadero en el que se pueda propagar”.

Sobre los motivos que lo llevaron a hacer “El evangelio según San Mateo”, Pasolini comentó: “Yo soy anticlerical. ¡No temo decirlo! Pero sé que dentro de mí hay dos mil años de cristianismo. Con mis antepasados edifiqué las iglesias románicas, luego las iglesias góticas y luego las iglesias barrocas. Su contenido y su estilo forman parte de mi patrimonio. Estaría loco si negase esta fuerza potente que está dentro de mí”.

El Vaticano, en cambio, estuvo en contra de “La última tentación de Cristo” (1988), del director Martin Scorsese (décadas atrás, este maestro quiso ser sacerdote, pero finalmente optó por el cine para expurgar sus deseos, obsesiones, demonios interiores e inquietudes metafísicas). Dos aspectos del filme desconcertaron a la Iglesia: que estuviera basado en una novela de Nikos Kazantzakis y no en los evangelios; y que la película plasme en una secuencia ilusoria la relación sentimental y carnal entre Jesús (interpretado por Willem Dafoe) y María Magdalena (Barbara Hershey). El Vaticano llegó a afirmar que “La última tentación de Cristo” es una “pésima broma” para la fe de miles de creyentes. Más allá de las polémicas y los ruidos mediáticos, la puesta en escena de la película es exuberante, potente e irreprochable, así como sugiere el triunfo del espíritu sobre la materia. Nadie discute el lugar de Scorsese en el olimpo de los grandes realizadores.

 

 

EN EL PRINCIPIO Y EN LA ACTUALIDAD
La figura de Jesús ha sido retratada desde los tiempos del cine mudo. Ya en 1898, Louis Lumière, uno de los inventores del cinematógrafo, filmó junto a Georges Hatot “La vida y la pasión de Jesucristo”. Y en años recientes, el británico Ewan McGregor asumió el reto de ser Jesús en “Últimos días en el desierto” (2015), dirigida por el colombiano Rodrigo García, el hijo de Gabriel García Márquez. Se estima que más de 150 películas han tratado sobre esta figura central del cristianismo.

Es muy probable que las recreaciones fílmicas de Jesús que mejor están posicionadas en el imaginario colectivo provengan de las superproducciones de Hollywood, siempre atenta para recurrir a los relatos bíblicos que discurren por narrativas asombrosas y plenas de drama, épica, incertidumbres humanas e intervenciones divinas. Entre ellas figura la emblemática “Rey de reyes” (1961), de Nicholas Ray. Ahí un convincente Jeffrey Hunter dio vida a Jesús, y la retención de su imagen por parte del público fue facilitada por las innumerables y obligatorias repeticiones de la película en la televisión durante la Semana Santa a lo largo de los años.

Otros creadores se han inspirado en Jesús para canalizar sus propias preocupaciones. En “La vida de Brian” (1979), el clan satírico Monty Python se centra en la vida de un tipo que nace el mismo día que María da a luz al Salvador, por lo que el protagonista será confundido más de una vez con el Mesías. Y en “Nazarín” (1959), el director Luis Buñuel sigue a un idealista sacerdote (Francisco Rabal) que predica con el ejemplo de Jesús sugerido por los evangelios, según los cuales él fue un hombre libre, misericordioso y cercano a la gente. Buñuel se vale de esto para desplegar su mirada feroz: este cura se estrellará contra la realidad en una zona precaria de México a principios del siglo XX. Pero su fe no se quebrará, así los demás se aprovechen de él y solo reciba una piña de recompensa por sus acciones generosas y altruistas.

 

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