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El erotismo y los cuerpos desalmados, por Marco Aurelio Denegri

Lee esta nueva entrega de "El ojo de Lima", la columna del prestigioso polígrafo Marco Aurelio Denegri

Marco Aurelio Denegri

Marco Aurelio Denegri. (Foto: El Comercio)

Marco Aurelio Denegri. (Foto: El Comercio)

Difusión

Cuenta el ensayista cubano Alberto Garrandés que un grupo de arqueólogos y antropólogos contrató cierta vez, en tierra mexicana, a varios porteadores y dos guías, pues deseaban conocer e investigar una antigua ciudad precolombina. 

La comitiva anduvo con paso firme y resuelto, pero al cabo de dos días se detuvo en seco, sin causa ni motivo, de repente, y los que se detuvieron permanecieron silentes durante muchas horas, sin responder las naturales inquisiciones de los científicos, que por supuesto comenzaron a preocuparse, hasta que uno de los guías, el de mayor edad y voz más autorizada, dijo a los científicos de la expedición que la causa del detenimiento o el porqué del alto era que habían caminado con tal celeridad que sus respectivas almas, incapaces de semejante prontitud, se habían quedado rezagadas, y en consecuencia tenían que esperarlas para continuar con ellas la marcha. (Cf. Alberto Garrandés, “Obscenidad y pornografía”. Upsalón, Revista Estudiantil de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, 2009, octubre, 13b.) 

La destabuización de lo sexual coincidió, aproximadamente, con el inicio de la década de 1970 y se demoró alrededor de una generación o quizá un vicenio en consolidarse; y de entonces acá han transcurrido otros veinte años para que se advierta la chapucería e insulsez del ejercicio erótico, por haber sido sus ejercientes actores insubstanciales, o como habría dicho el guía nativo de la anécdota, por ausencia de alma, o sea de entidad, nervio y substancia, o lo que es igual, por carencia de fuste. El desconocimiento y el vacío espiritual ramplonizan y degradan el erotismo.

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