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“La guerra y la construcción estatal forman la misma ecuación”

Conversamos con Carmen Mc Evoy sobre “Guerreros civilizadores”, libro que presentará este sábado en la FIL Lima 2016

“La guerra y la construcción estatal forman la misma ecuación”

“La guerra y la construcción estatal forman la misma ecuación”

La primera edición de “Guerreros civilizadores: Política, sociedad y cultura en Chile durante la Guerra del Pacífico” fue publicada en 2011 por la Universidad Diego Portales y se agotó, en un hecho destacable teniendo en cuenta que se trata de la investigación que una historiadora peruana hizo sobre los chilenos tomando como base sus fuentes oficiales.

Luego vendría una segunda ya peruana, y hace unos días el Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú lanzó la tercera edición, la cual será presentada este sábado a las 8 p.m. en la sala Abraham Valdelomar de la Feria Internacional del Libro de Lima.

El libro de Carmen Mc Evoy desmenuza, a través de seis capítulos, todas las aristas de la supuesta ‘guerra civilizadora’ que los chilenos buscaron ejecutar contra Perú. El gran plus del texto es que no redunda en los ya tocados aspectos militares, sino que profundiza en aspectos de la sociedad de entonces, con sus debilidades y fortalezas.

Aquí nuestra entrevista a Carmen Mc Evoy sobre “Guerreros Civilizadores”.

-¿Cómo califica la acogida que tuvo el libro siendo un estudio histórico sobre Chile publicado por una académica peruana como usted?

El libro se agotó. Esa es la primera noticia positiva. La obra causó una controversia justamente por lo que mencionas: una peruana que viene a trabajar archivos chilenos para hacer la visión de la Guerra del Pacífico desde el punto de vista de los chilenos. Y aparte el no centrarse en lo que tradicionalmente miran los estudios de la guerra, que es la parte militar, sino más bien en la parte política, cultural y cómo funciona el frente interno, lo que es llamado sociedad civil.

-Los investigadores peruanos tienen serios problemas para encontrar información aquí y hacer sus trabajos. ¿Cómo fue para usted ese proceso de recolección de información en fuentes chilenas?

Justo llegué cuando se estaba dando un intento de modernización con el General Cheyre. Él intentó que el Ejército se modernizara, que estuviera más cercano a la población. Y por esa razón se abrieron muchos archivos militares que tuve la oportunidad de visitar. Y nadie me preguntó mi nacionalidad. Además yo iba con un ID (identificación) de los Estados Unidos. Tuve un buen trato, lo mismo en la Biblioteca Nacional y otros archivos privados que pude investigar.

-Si tuviéramos que comparar lo que habían publicado previamente los historiadores chilenos y su trabajo, ¿dónde está el gran aporte de su libro?

Creo que mi aporte es desmilitarizar la mirada del tema. No es una mirada en las batallas, sino en la Moneda, que es el primer capítulo, en la organización de las maquinarias políticas y posteriormente está mi interés en ver cómo se manejaron los diferentes actores, por ejemplo la Iglesia. Hay un capítulo llamado “La guerra santa” y otro dedicado a las regiones: el cómo Coquimbo, Copiapó, Talca, reaccionaron frente al desafío de la guerra y tratan de posicionarse para ganar el apoyo del Estado.

-¿Qué tanto se jugaba en la Guerra del Pacífico para que, tras ganarla, Chile pase de ser visto como una joven república a una cuasi ‘república imperio’?

Se jugaban casi 500 millones de dólares.

-Que no son los 500 millones de la actualidad…

Por supuesto. Probablemente hoy sean 5 mil millones. La provincia de Tarapacá fue visitada por un  geógrafo americano y este consideró que con lo que se podía explotar la zona tenía un valor en el mercado de 500 millones de dólares de la época. Y eso lo tiene claro el presidente Anibal Pinto cuando dice “Nuestro objetivo es Tarapacá y debemos encontrar la manera de obtenerla”.

-En el libro se habla del papel de la prensa, de las autoridades, de los militares, pero también de la iglesia. ¿A qué llama usted ‘retórica sagrada’?

Lo interesante de análisis que hago es que todos estos actores tuvieron una especie de antecedentes. En el caso de la iglesia, esta viene disputando con los liberales la hegemonía del discurso. Entonces hubo una renovación a nivel de la iglesia, con un obispo muy importante como Valdivieso, que le devolvió un papel para jugar en la sociedad. Los sacerdotes estaban muy bien preparados intelectualmente. Hubo una reforma. Y estos sacerdotes terminan siendo los capitanes durante la Guerra del Pacífico y son los que van a armar el discurso católico, sagrado, que básicamente refuerza el sacrificio. O sea, pedirles a los chilenos que entreguen su vida por la patria. La promesa de la vida eterna es más que nada para convencer a estos soldados de que deben morir. Entonces, hay un discurso funcional de la iglesia en el que esta cree tener un papel preponderante por lo que ofrece: la vida eterna.

-¿Cuán arraigada estaba en Chile esta idea de que los peruanos y los bolivianos eran territorios bárbaros habitados por indios?

Este discurso de civilización y barbarie es desarrollado por Sarmiento en Chile. En su disputa con Rosas imagina esta dicotomía que luego sería muy útil en la Guerra del Pacífico para definir la otredad. El otro es el indio, el frívolo, el inmoral, el ocioso. Hay una serie de característica que ‘comparten’ bolivianos y peruanos que los hace inferiores. Existe un tema de racialización de la guerra que está atravesado por el discurso del género, muy del siglo XIX. Hubo un discurso nacionalista, civilizatorio, con desprecio a las mujeres. Y al final Lima fue una ‘mujer’ que va a ser poseída por estos poderosos que vienen del sur.

-Si es que hubo al inicio cierta idea ‘civilizadora’, luego todo se desató en violencia, saqueos y abusos. ¿Por qué?

¿Qué discurso civilizador puede funcionar en un escenario de guerra? Es una contradicción, un absurdo, es intentar argumentar lo que debería justificarse solo por la fuerza. El lema del escudo chileno dice ‘Por la razón o por la fuerza’ y ellos combinan la primera al tratar de dar explicaciones, pero creo que aquí no se necesitaban explicaciones pues era una guerra de expansión y no debías justificar que estabas civilizando nada. Sin embargo, aquí el tema principal es qué dice la comunidad internacional. Yo creo que si bien Chile jugaba para su propio auditorio, lo hace más para un auditorio internacional, que evalúa y calibra a quién apoyar. Y tú quieres apoyar al que se comporta bien, sin embargo, están Chorrillos, Miraflores, Moquegua, la expedición Lynch. Constantemente están negando la veracidad de este discurso que es pura retórica.

-Hay dos personajes que aparecen en su libro: Bulnes y Vicuña Mackenna. ¿Cómo se podría analizar el legado de ambos en su país?

Bulnes es el gran historiador de Chile. Es un Basadre temprano del siglo XX. Él escribe la guerra en el tardío siglo XIX, inicios del XX, mientras que Vicuña Mackenna la escribe in situ. O sea, hay una batalla, le llegan los partes de los oficiales, y él reproduce como un periodista la batalla. Pero le agrega su cuota de nacionalismo. ‘Lima fue incendiada porque a la tropa se le salió el araucano’, o sea, lleno de estereotipos.

-Pero, eso de inflar el ego a las tropas es propio de una guerra…

Exacto. Él es un periodista, un reportero de guerra pero con un conocimiento básico de la historia que le permite concatenar mejor y presentar algo mucho más elaborado. Entonces los libros de Vicuña Mackenna se venden como pan caliente. Entrevista a los soldados, se va a los hospitales. Convierte la guerra en un producto de entretenimiento. En Santiago de Chile la guerra se reproduce como un espectáculo, mientras que aquí (en Perú) en el campo de batalla se está viviendo como una tragedia con muchísimo dolor.

-Podría decirse que antes de la Guerra del Pacífico el Estado chileno no era lo suficientemente fuerte. ¿Logró el triunfo un efecto positivo en este aspecto?

Ese mito del ‘Estado chileno todopoderoso’ no es tan así. Lo que sí es fuerte en Chile es la burocracia, que está muy bien entrenada y sabe lo que tiene que hacer. Después de las grandes batallas en Lima, lo que se tiene que hablar es una maquinaria política, una especie de estado mínimo, porque existe un vacío de poder, que ellos llenan con sus maquinarias propias. Ese armatoste que ellos crean va a comenzar a tener vida propia y se expande en la medida en que ya se tengan que quedar en el Perú para obligar a los peruanos a firmar la cesión territorial. En ese sentido, la guerra tiene otro nivel muy novedoso, que es el aspecto político de un estado que se desdobla y que tiene una especie de subsidiaria en el Perú que va a lograr con su objetivo de quedarse con un territorio que nunca estuvo en disputa. Porque Tarapacá nunca estuvo en disputa al inicio del conflicto.

-A 5 años de nuestro bicentenario, ¿por qué es útil conocer los entretelones de la gran derrota que marcó nuestra vida republicana?

En vísperas del bicentenario puedo decir que la guerra y la construcción estatal son parte de la misma ecuación. Hemos visto como si la guerra estuviera separada de la política. Pero en el caso del conflicto estudiado, la segunda etapa fue más de construcción política, a diferencia de lo que hizo EE.UU en Irak, que no fue capaz de crear estado en las provincias que fue liberando. Chile entiende que debe poner un jefe político militar y poner cierta institucionalidad. La gran lección es que los estados son importantes, que quien logra sus objetivos es porque tiene una maquinaria. Y una segunda conclusión es que esta guerra nos puede servir para explorar nuestra historia común (con Chile), que a pesar de ser difícil tiene miles de aristas. Es importante el conocer la guerra y darse cuenta de sus consecuencias. 

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