Guido Lombardi: "Sí hay libros que facilitan la estupidez"

Para reivindicar a un Congreso que parece no leer por miedo al Alzheimer, el parlamentario habla de su pasión por los libros

Guido Lombardi tiene una biblioteca dividida en tres casas. Títulos de Toño Cisneros, Luis Hernández y algunos clásicos encuadernados en cuero están entre sus predilectos. (Video: El Comercio)

Testigo presencial del dislate de uno de sus colegas –“el Alzheimer les da a aquellas personas que estudian y leen mucho”, Bienvenido Ramírez dixit–, el rostro del congresista Guido Lombardi reflejó el desconcierto de medio país. Ya menos pasmado, el también periodista hace un repaso memorioso (como para probar las virtudes de la lectura) por su nutrida biblioteca.

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¿Qué libros recomienda para evitar el Alzheimer?
[Risas] Cualquier libro es bueno para evitarlo. Sí hay libros, como los de autoayuda, que podrían facilitar la estupidez, pero no necesariamente el Alzheimer. Creo que la buena literatura es una manera de expandir el mundo. O de corregirlo, que es la intención del autor, como dice Vargas Llosa.

¿Y qué da no leer?
Creo que empobrece el espíritu. Nos impide ver. Es como viajar, que, salvo que te contagies de una enfermedad tropical, nunca enferma. Y leer es viajar, ver el mundo desde otra perspectiva.

Pero hablando en serio, ¿a qué atribuye que el congresista Ramírez haya dicho algo así?
Bueno, él ya tenía antecedentes: había acusado al presidente Kuczynski, durante la campaña electoral, de ser un posible paciente de Alzheimer. Parece que tiene una especie de fijación. Y después ha dado una explicación que no justifica nada. Él habla de que la gente que estudia y lee mucho duerme poco, y que dormir poco sí tiene relación con el Alzheimer. Yo lo único que sé, porque lo he leído en alguna parte, es que deportes como el rugby y el boxeo, por los golpes que implican, podrían causar Alzheimer.

¿En qué contexto se dio ese debate en el Congreso?

Estábamos en la Comisión de Educación del Congreso. Alguien había argumentado a favor de retirar a los profesores universitarios mayores de 70 años. Decía que había un indicador que demostraba que los profesores mayores de 60 años casi no investigan, que solo el 1% de las investigaciones se produce en ese segmento de edad. Eso contra una inmensa mayoría, los de entre 40 y 59 años, que producen un 46%, me parece, de las investigaciones. 

Pero se ha vuelto una costumbre usar el alzheimer para ofender, ¿no?

Bueno, ya Keiko Fujimori [lideresa del partido Fuerza Popular] había usado la depresión, una enfermedad que afecta a muchísimos peruanos, para atacar. Me parece que el fujimorismo se ha ensoberbecido con el poder. Como tienen la mayoría absoluta del Parlamento, creen que cualquier cosa que piensen, la pueden imponer con la fuerza de los votos.

Eso se parece al fenómeno Trump…

Se parecen mucho al fenómeno Trump, que es un pendulazo hacia el conservadurismo con las peores características, chauvinismo, sexismo; pero también a una crisis del sistema representativo: los ciudadanos no se sienten representados, y no en función de las fuerzas del Congreso, sino de las fuerzas sociales.

 

 

¿Cómo ha sido su relación con los libros?
Es de mucho apego, y no solo por la lectura, sino por el objeto. Por eso la tablet no los iguala. Está el olor, la textura de las páginas, la calidad de la impresión. Una buena edición siempre se agradece, se palpa. Yo he ido acumulando libros desde que era muy joven y de manera muy ecléctica. Los primeros fueron los que mi padre me indujo a leer, los clásicos. Y luego yo empiezo a leer en serio con el ‘boom’ latinoamericano.

¿Y siempre ha sido sobre todo literatura?

Inicialmente solo literatura, pero con el paso del tiempo cada vez más historia, más ensayos, por cuestiones profesionales y por interés y gusto también. La historia, en general, me gusta y he ido enfocándome en determinados momentos de la historia.

¿Tiene un cálculo aproximado de cuántos libros posee?
Tres mil, aproximadamente, y eso que he hecho algunas podas porque siempre se van acumulando libros desechables. Lo que sí puedo decir es que soy un lector bien poco culposo. Si un libro no me atrae, lo dejo. Y hay otros libros que sé que no voy a leer, pero que me interesan por el índice o por un capítulo. Soy muy exigente: si no me atrapa, no tengo mucho tiempo que perder.

¿El Congreso le quita tiempo para leer?

No tanto, la verdad. Al Congreso me voy muy temprano y antes de las ocho de la mañana ya leí toda los periódicos, así que tengo tiempo para leer en mi despacho. Eso sí, ahora leo cosas mucho más puntuales, dirigidas a un objetivo. Ahora, por ejemplo, estoy con todo lo relacionado a energías renovables, desalinización del agua, esos temas.

Los políticos actuales no leen mucho que digamos, ¿no?
Lamentablemente creo que tienes razón. He conocido muy pocos políticos que sean lectores voraces, desenfrenados. En general, personas aficionadas a la lectura hay menos de las que uno se imagina.

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