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Katya Adaui: "Puedo escribir un libro veinte o treinta veces. No me rindo"

La narradora presentará en agosto, en la Feria del Libro, “Aquí hay icebergs”, un nuevo conjunto de cuentos en los que la memoria se fragmenta hasta revelar otras formas ocultas

Katya Adaui

Katya Adaui

Katya Adaui presentará su libro en la FIL 2017, en agosto próximo. (Foto: Richard Hirano)

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En los relatos de “Aquí hay icebergs”, Katya Adaui vuelve a algunos de los temas recurrentes que habían poblado sus libros anteriores –ya sea en forma de cuentos o como novela–: la familia, los vínculos rotos, los traumas arrastrados desde el pasado. Pero lo suyo ha ido en ascenso: la prosa de este libro es mucho más contundente, pese a que arriesga más. Diríamos que es el atrevimiento su gran valor. De viaje por Europa, como buena trotamundos que es, Adaui responde esta entrevista por correo electrónico, escribiendo, que seguramente es la forma de comunicación con la que más cómoda se siente. Sus respuestas hacen más de una referencia al agua, al hielo a arpones. Y es con esa cualidad líquida o marítima que discurre su universo, siempre amplio e inasible.

— ¿Hasta qué punto los hechos de estos cuentos son experiencias personales o pura imaginación?
Para escribir me baso en mis propios recuerdos, en conversaciones que escucho, en cosas que me cuentan, que leo y me dejan conmovida. Algunos cuentos nacieron en la imaginación y otros son una combinación de todo eso. Escucho y anoto.

— Me parece interesante el tema de la memoria y la comparación con el hielo. ¿Crees que hay mecanismos conscientes de recuperar recuerdos que creemos perdidos?
Quizás porque me analizo en terapia apelo mucho a la memoria asociativa; los recuerdos vuelven desde un inconsciente, siguen vivos, surgen desde una periferia. Y me pasa que tengo mucho rechazo hacia la negación. Estamos atravesados por nuestras experiencias buenas y malas. Mis personajes se defienden recordando, diciéndose: esto pasó. La figura del iceberg siempre me ha interesado, lo que vemos en las otras personas y en nosotros mismos, lo que sospechamos, la parte oculta que surgirá, que no vimos o que no supimos ver venir y jamás comprenderemos.

— Tus historias giran mucho en torno a la infancia y la juventud, y en la forma en que los niños capturan los recuerdos y los retienen. ¿Has intentado que tu escritura tome esa forma (medio fragmentada, dispersa) de atrapar la realidad, en especial el pasado?
Estamos constituidos por todo lo que vivimos en la infancia, cierta cosa de haber sido moldeados por alegrías intensas o tristezas agudas. Un recuerdo que para los adultos no fue importante y que en el niño se queda punzando de una vez y para siempre. En nuestra propia línea cronológica nos narramos a través de fragmentos e hitos y cada hito con su fecha de comienzo y a veces sin una de caducidad. Cuando escribo autorizo que los icebergs resurjan, los rodeo, floto con ellos. Respeto que la vida sea fragmentada.

— ¿Eres de las meticulosas con la corrección, las que avanzan lentamente? ¿O más bien es una prosa que fluye con velocidad, sin demasiados frenos?
Yo me siento a escribir horas de horas, rodeada de libros, agua y música. Puedo avanzar muy rápido o muy lento. Este libro lo escribí durante dos años, casi todos los días. Leo en voz alta, busco el ritmo, quito párrafos enteros, aumento una sola palabra. Puedo reescribir un cuento veinte o treinta veces. Lo disfruto mucho. No me rindo.

— Después de escribir cuentos, en el 2014 publicaste la novela “Nunca sabré lo que entiendo”. ¿Por qué volver ahora al formato corto? ¿Qué te da?
Porque así se me dan las cosas. Tengo una historia en la cabeza y quiero narrarla. No pienso en el tamaño, sino en agotarla. En decir todo lo que tengo que decir. Novela o cuento, me gusta transitar en ambos formatos. Los cuentos me exigen mucho pensamiento, son difíciles, a mí me encanta pensar y exigirme.

— Encuentro una palpitación medio poética en tu prosa. ¿Has intentado escribir poemas?
Leo mucha poesía porque allí hay belleza y verdad, y me gusta crear imágenes. Una historia te atrapa por su conflicto, por sus imágenes y por su lenguaje. No me veo escribiendo poemas. Quizás más prosa poética, pero trabajar con el lenguaje es un regodeo: cada palabra la busco, como queriendo arponearla, y es posible que solo yo sepa cuánto me ha costado esa búsqueda.

MÁS INFORMACIÓN
La presentación será el sábado 5 de agosto a las 6 p.m. en la Feria Internacional del Libro.

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