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María Jesús Alvarado, una de las pioneras del feminismo en Perú

FIL 2016. Entrevista a la autora de “María Jesús Alvarado: La construcción de una intelectual feminista en Lima (1878-1915)”

María Jesús Alvarado, una de las pioneras del feminismo en Perú

María Jesús Alvarado, una de las pioneras del feminismo en Perú

La evolución del pensamiento feminista toma en cuenta a íconos como Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello de Carbonera y Teresa González de Fanning, sin embargo, ha dejado de lado a una mujer cuyo aporte en la lucha por la igualdad de género es fundamental.

Se trata de María Jesús Alvarado, considerada la primera intelectual feminista del Perú. Ella nació en Chincha en el año 1878. Sus padres se separaron prontamente y debió mudarse junto a su progenitora a Lima, donde concibió la dura realidad que debían enfrentar miles de mujeres.

En una ciudad en pleno proceso de reconstrucción, la hija de Cayetano Alvarado y Jesús Rivera supo abrirse paso con ideas vanguardistas y anti dogmáticas en una sociedad cerrada, donde predominaba la figura del hombre, la jerarquía eclesiástica y las costumbres patriarcales.

La responsable de rescatar la fascinante historia de María Jesús Alvarado es otra dama, la historiadora Margarita Zegarra Flórez, quien presentó el último fin de semana  su más reciente texto, “María Jesús Alvarado: La construcción de una intelectual feminista en Lima (1878-1915)” (Fondo Editorial del Congreso), en la Feria Internacional del Libro de Lima.

Sobre esta publicación compartimos aquí un adelanto de nuestra entrevista con Zegarra Flórez. La versión completa la publicaremos próximamente.

-¿Cuánto y de qué forma influyó la madre de María Jesús Alvarado en su formación como sujeto autónomo?

Una de las cosas que planteé en este libro es que su madre tiene un rol distinto e inusual. En esa época las mujeres no se educaban y menos aún asumían un rol maternal, que era lo que postuló Rousseau en la ilustración. Pero Jesús Rivera –la madre de Jesús Alvarado—sí lo hizo. Cuida de María Jesús, la adentra en el mundo de la lectura. La mamá tomaba el vapor en Tambo de Mora y se venía a las veladas literarias en Lima. Se trató de una mujer ilustrada. Creo que esto desató en María Jesús una habilidad, una capacidad de reflexión que le permitió tener un pensamiento propio.

-¿Cómo era Lima en el momento en el que María Jesús Alvarado se estableció en la capital?

No se sabe exactamente la edad en la que llegó a Lima, quizás a los 10 años. Pero a los 14 (María Jesús) ya estaba en el colegio. Era una ciudad que estaba devastada por la guerra con Chile. Es, además, una época de guerras entre los caudillos y, a la vez, (un momento) de recuperación de la  economía. Se empieza a insertar (el Perú) en el mercado mundial, y la industrialización se da poco a poco. También se inicia una gran reflexión de varios intelectuales en torno a qué hizo que el Perú fracase en la guerra (del Pacífico). Algunos historiadores asumen el positivismo como la respuesta, (creen) que estamos en una sociedad que no es racional. Entonces, aplicar a la sociedad la racionalidad la llevará al progreso. Y dentro de este grupo modernizador va a gravitar María Jesús Alvarado.

-¿Se podría decir que fue gravitante en la forma de pensar de María Jesús el hecho de haber nacido en una familia con un matrimonio forzado?

Es un tema central para ella y su personalidad. Incluso en una novela, “Nuevas cumbres”, señala que rechazó a sus pretendientes porque solo la ‘cosificaban’, como se diría hoy. Y ella esperaba algo mucho más elevado, una relación de pareja. Vivió el dolor del matrimonio de sus padres. Su madre fue una mujer muy culta y refinada en sus gustos, y su papá un chacarero mucho mayor. Y desde los 13 años la madre de María Jesús empezó a parir hijos, muchos de los cuales fallecieron. Esto hizo que para María Jesús este tipo de relación se convierta casi en prostitución. Esto en la línea de González Prada, que señalaba que una mujer que se casaba sin amor, se prostituía. María Jesús escribió un ensayo hablando de la fuerza civilizadora del amor, de las igualdades en el espacio privado, en educación, en el manejo del dinero, y además defendiendo el divorcio. Y, obviamente, eso la enemistó con la Iglesia y los sectores más conservadores.

-¿Cuál fue el gran cambio en las posturas de María Jesús con respecto a la relación de la sociedad con la Iglesia?

Ella habla poco de la Iglesia. Posiblemente sabía que se estaba enfrentando a pesos pesados. Su antecesora, Clorinda Matto de Turner, había sido excomulgada y, además, sufrió mucho rechazo por su libro “Aves sin nido”, donde criticaba a muchos sacerdotes y proponía el matrimonio en el clero. María Jesús Alvarado es cauta, sin embargo, en una ponencia en Buenos Aires sí presenta el tema de que el clero domina y sojuzga la mente de las mujeres, sobre todo de clases medias y altas. Y (dice) que esto imposibilita que la mujer pueda tener una reflexión propia. María Jesús postula un pensamiento anti dogmático.

-Recién en 1908 se da una ley para facilitar el ingreso de las mujeres a las universidades. ¿Qué tan difícil era que las mujeres estudien educación superior antes de ese mecanismo legal?

Era muy difícil. Evidentemente, a partir de 1908 hubo algunas más mujeres que pudieron presentarse. Normalmente los colegios públicos tenían (para mujeres) solo hasta tercero de primaria. Había algunos que lograron (enseñar secundaria) siempre que (sus) directoras, como (por ejemplo) Esther Festini -- que hizo sus tesis en San Marcos y se graduó como pedagoga-- lograran ponerlo. Pero esto fue una excepción. Entonces, mujeres como  María Jesús, con toda su capacidad e inteligencia se quedaban en el tercero de primaria y podían dar el examen para ser preceptoras. La primera universitaria es una cusqueña, Trinidad Enríquez, a la que el Congreso debió autorizarla para estudiar. Pero (el Parlamento) no llegó a tiempo para permitirle ejercer su profesión pues murió antes de hacerlo. Y la primera médico, María Esther Rodríguez Dulanto, estaba trabajando como médico del Colegio Fanning. Solo ellos la contrataban. Algunos decían ‘esta médico en Francia podría ser muy estimada, pero acá ni siquiera tiene pacientes’. Nadie tenía confianza en una mujer que razonaba y hacía ciencia. Era muy difícil. La hija de Esther Festini me contaba que (su mamá) entraba y salía del aula acompañada del profesor.

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