¿Ha muerto el punk? Músicos peruanos opinan

John Lydon de los Sex Pistols se inclina ante la reina de Inglaterra y dice querer ser amigo de Trump. ¿Es el fin de una era?

¿Ha muerto el punk? Músicos peruanos opinan

Músicos peruanos como Leo Scoria y Daniel F comentan las recientes actitudes de John Lydon, fundador de Sex Pistols. (Fotos: Agencias/ El Comercio)

Si vives con tus padres y tres hermanos en una casa de dos habitaciones en un barrio poblado de ratas –6 Acre Estate, Finsbury Park, Londres–, lo más probable es que intentes cantar y se te abra la herida: "Soy un anticristo, quiero destruir a los que pasan a mi lado porque quiero ser la anarquía", “no aceptes el viejo orden, deshazte de él”, “lo único que intento es destruirlo todo”. Si tienes 7 años y las ratas te contagian meningitis espinal, pasas un año entero en cama y al sanar tienes los hombros encorvados, la mirada esquiva de roedor asustado, lo más probable es que en la escuela te dediques a romper cosas. Y seas inmediatamente expulsado. 

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Si tienes 19 años, te gobierna Margaret Thatcher y la reina de Inglaterra pasa por tu lado haciendo sonar sus joyas, lo más probable es que con motivo del aniversario 25 de su coronación le cantes: "Dios salve a la reina y su régimen fascista". Y seas detenido, pateado, escupido. Entonces irás a consolarte a casa de tu amigo Syd Vicius. Verás cómo su mamá le regala una bolsita de heroína por su cumpleaños y pensarás: "No puedes cambiar si no atacas las cosas que te mantienen oprimido. El sistema de clases sociales de Inglaterra se justifica por el solo hecho de que existe una familia real. Eso no se puede tolerar". 

LA MUGRE Y LA FURIA
Han pasado 40 años, el amigo Syd ha muerto por sobredosis después de acuchillar a su novia, la Thatcher también ha muerto y el viejo departamento de Finsbury Park se ha ido a la estratósfera gracias al proceso de 'gentrificación' de Londres, esa novísima estratagema colonial. ¿Y qué fue de aquel ‘Juancito el podrido’, el incendiario gritante y sonante de los Sex Pistols? Pues allí está, haciendo publicidad de mantequilla en la tele, concursando en el reality “I’m a Celebrity… Get Me Out of Here” y acercando la nariz no a lo que todos pensamos sino al perfume “Sex Pistols” de Etat Libre d'Orange, alquimia química de limón de amalfi, heliotropo, almizcle ambreta, cuero, pimienta, aldehídos, ciruela y pachulí. 

Claro, en un planeta donde la vieja dicotomía sistema-antisistema ha quedado pulverizada gracias a la deconstrucción contracultural en todos los ámbitos –o, como dicen los filósofos, por la demolición de los fundamentos de lo ‘real’–, la comercialización de “el espíritu del punk en botella, con toques frescos de limón acentuado e intensificado con pimienta negra” deviene en candorosa anécdota al lado de lo que acaba de decir en "Good Morning Britain": “Trump no es racista, es un potencial amigo”.  

LA IRA ES PLATA
“Dios salve a la Reina / y a su régimen fascista / que te convirtió en un imbécil / una bomba atómica en potencia”: que la vida es cíclica y los extremos se tocan lo demuestra este verso de la canción-emblema del punk, cuyo vuelo impacta como un búmeran en el rostro de John Joseph Lydon, sujeto de 61 años que se pasea con un traje de lino blanco por el barrio de Los Ángeles donde vive cómodamente. Y cuando no está de gira con PiL se dedica a enamorar a los colibríes regando las buganvillas del jardín.  

Pelo amarillo cortado con cuchillo, Doc Martens, cuatro aretes y una ventana entre los dientes delanteros gracias a una oportuna piedra en el arroz: eso es lo único que queda del punk. En el diente que le falta entra perfectamente un cigarrillo. En el cráneo ya no tanto, si consideramos cómo fue dilapidando con pericia digna de mejor causa su crédito como el mejor dotado para aterrorizar eclesiásticos, políticos y monárquicos. Con los bordes suavizados, el ex enfant terrible atraviesa su mediana edad junto a su esposa Nora en un estado de aburguesamiento. Se levanta al amanecer, come dos huevos fritos y hace girar algunos vinilos de una colección cuya identidad no revela por ser un secreto de Estado. Mientras, se la pasa mirando las olas diminutas que salen de su yate amarrado en el estanque.

¿El golpe maestro de un gran cínico?

Las respuestas de los punks nativos ante las imposturas:

Daniel F (Leusemia)

El merchandising forma parte de lo eternamente cínico de su postura, son sus normas de toda la vida. Igual con lo de Trump.  Pero quiero pensar que en lo de la reina sigue siendo irónico, que se está burlando de quienes darán grititos histéricos ante "tan pecaminosos actos". Siempre habrá tipos que crean en vacas sagradas como si el mundo del rock fuera una nueva religión o algún culto que merece nuestra total devoción. Qué pena. Yo creo que cada quien debe hacer lo que le dé la gana sin invadir el mundo de los demás. Y si no pueden hacerlo, pues que no envidien a quienes sí pueden.

Leo Escoria (ex Leusemia)

“No es consecuente con el contestatario que nos ha vendido, aunque yo siempre lo he considerado un simpático payaso, caradura y divertido. Musicalmente, así como acá tenemos a Papanuel F, en Inglaterra sobrevive John Lydon. Pero negar tu pasado, lo que proclamaste con tanta energía, no pues. Only trash. Cheers”.

Nicolás Duarte (Cuchillazo, La Mente)

“Sex Pistols fue ideado por un agente que pensó en un producto con ciertas características para funcionar en determinado mercado. Rotten quedó convertido en un ídolo más del templo, con todo el merchandising, perfume incluido. Lydon debe estarse cagando de la risa de todos nosotros mientras le mete la mano al sistema y se asegura una vejez digna de la realeza. Pero la música nunca es de quien la hace, es de quien la convierte en algo real. Hay artistas en todo el mundo que absorben las canciones del “Never Mind the Bollocks” y excretan fuego. 

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