Luis Miguel: crónica del declive de El Sol de México

El astro es una máquina de hacer dinero. Pero una denuncia reclama su cabeza, su imagen física se deteriora y su voz declina

Luis Miguel: crónica del declive de El Sol de México

Luis Miguel, el ídolo conquistador, aún es una marca rentable. Sin embargo, las cuentas por pagar se acumulan (Foto: AFP)

Entre Marco y Luis Miguel hay una distancia de 145 millones de dólares y una tragedia: el niño mexicano nunca pudo encontrar a su mamá, desaparecida en 1986 mientras viajaba de Pisa a Madrid. 

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La señora Marcella Basteri, modelo toscana de 46 años, murió estrangulada mientras mantenía relaciones sexuales no precisamente con su marido Luisito Rey. Otros dicen que la mataron en un tiroteo de narcos chihuahenses. Que fue secuestrada por una mafia italiana. Que su esposo mandó matarla. Que terminó alcohólica en un sanatorio italiano, su belleza pulverizada entre el desvarío y la indigencia. El dedo meñique de su mano derecha parcialmente cercenado como único signo de identidad. Nada de lo cual frenó la trayectoria de su Luismi, Micky, Mickyto, meteoro de chispa constante en el sistema planetario ‘gossip’. 

Bocado divino para la factoría Televisa, prensa con sintaxis rudimentaria y derivados, el hombre de 46 años le sigue dando de comer al monstruo amarillo: desde hiperventilar los problemas alimenticios de Miguelito (10) y Daniel (8), retoños que no sobreviven con menos de 80 mil dólares mensuales según su madre (a) 'La Chule', hasta el culebrón de Michelle Salas, la hija negada durante 18 años. Todo vende, especialmente el curvilíneo catálogo de criaturas que agitan la recámara del ranchero irresistible.

NO CULPES A LOS LONCHES
Sobrepeso, alopecia galopante y lentes circulares sobre ojos sin cejas: la foto de Instagram que publica y después borra su estilista colombiano califica como delación. La sobredosis de bótox, más bien, amerita una denuncia penal al Cedars-Sinai Medical Center de Los Ángeles. Pero que su imagen actual esté menos asociada al divo con solárium que a Raúl Velasco no es tan grave como el mandato judicial de arresto por no pagarle a su ex representante William Brockhaus lo que le debe: un millón de dólares. Tiene otra demanda de un charro autodenominado El Potrillo por estafa, dice que Luismi no quiere devolver un adelanto de 7 millones por conciertos en los que volvió a brillar… por su ausencia. 

Así, su imparable declive habría empezado con el disco “Cómplices” (2008), según los entendidos “el peor disco en la historia musical del baladismo”. Los recitales que vinieron fueron otro desastre. Cantaba con ayuda de un teleprompter cuando no del público, al que extendía el micro para que completara las letras. O sencillamente no se presentaba. En Mérida tuvo que dar la cara el organizador: "El artista sencillamente se metió a su cuarto, pidió botellas de alcohol y está emborrachándose, por eso es que no se presentó y esa es la verdad. No ha tenido ni la decencia de cancelar". El incidente derivó en abucheos y el arresto del representante de la gira, Óscar Raúl Montes.

Warner Music México también lo denunció por no devolver un préstamo de US$3,65 millones en el 2015. Con todas sus cuentas y propiedades astutamente fuera de EE.UU., la justicia gringa le ha echado el ojo a su Rolls-Royce de medio millón, del cual hace cinco noches descendió con una blonda polaca de metro ochenta. 

¿Y cómo reacciona ante el cargamontón el implicado? Con una espléndida sonrisa gingival. Su nuevo amor y la inyección química actúan a dúo. Además, no tiene por qué preocuparse: People With Money informó hace unos días que Luis Miguel es el cantante mejor pagado del mundo: 145 millones de dólares, sin contar lo que recibe por acciones e inversiones. Ni por eso cancela sus deudas el ícono de la industria rosa mosqueta. 

 


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