Familia cuzqueña compró los terrenos alrededor de Machu Picchu entre 1905 y 1910
Luego de descifrar la firma, Abrill se quedó perpleja. Frente a sus ojos tenía una prueba irrefutable de la propiedad de su familia, la señal de una serie de pistas que ella no conocía y que graficaban lo que su abuelo había dejado escrito en innumerables cartas: quince años después del «descubrimiento científico» de Machu Picchu en 1911, José Emilio Abrill seguía alquilando parte de su hacienda a distintos arrendatarios, quienes le pagaban en dinero, especie o trabajo.
Leyenda de la imagen
1927. Recibo. Clara Ancari de Lizárraga por el arrendamiento de Intihuatana (Cortesía: Germán Echegaray Lizárraga).


