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13 de febrero del 2012 | 29 °C
Su nombre es Huo Yaofei y es el único que ha ganado un festival en Cuba

Por Patricia Castro Obando, corresponsal
BEIJING. Huo Yaofei fue bautizado como el apóstol de la salsa en China, aunque él prefiere que lo llamen simplemente David. Lo suyo no es un hobby sino su religión. Fue el primer chino que se convirtió en maestro de salsa en Beijing e impuso un estilo de clara influencia cubana que hoy se conoce como salsa china.
También es el único chino que ha ganado un festival internacional de este género musical en La Habana. Hace diez años empezó a predicar en el desierto. Ahora tiene una legión de fieles seguidores que se congregan en La Casa de David (su local) para ver bailar al maestro, repetir sus pasos y aprender de su sabiduría.
Hasta 1999 la salsa en China era una cuestión de extranjeros, particularmente latinoamericanos. En aquel tiempo, David estudiaba la especialidad de medicina deportiva en la universidad. “Fui a comer a un restaurante latino en Beijing y allí pude ver por primera vez en vivo cómo una pareja bailaba salsa. Inmediatamente la música me sedujo”, recuerda.
David dejó a un lado la medicina porque descubrió que la salsa cura, además, el espíritu. “Al principio empecé a buscar profesores chinos de salsa, pero no había nadie con un alto nivel. Me dijeron que los mejores bailarines estaban en los bares, clubes y restaurantes latinos, y eran de América Latina. Iba a verlos todas las noches, memorizaba los pasos y en casa los practicaba. De tanto observarlos, descubrí que para los latinoamericanos el baile es parte de la vida”, reflexiona.
Así que David aprendió un poquito de todos y de cada uno de los latinoamericanos que pasaron por los clubes y bares de Beijing en esos años. “Conocí a muchos estudiantes latinos que me ayudaron a perfeccionar los pasos. Hasta ahora me sorprende que la salsa fluya de forma muy natural en sus cuerpos. A la hora de bailar, no hay aficionados ni profesionales, todos se lanzan a la pista y bailan como maestros. Con ellos, aprendí a sentir el ritmo”, admite.
Y así de tanto bailar y sentir, se convirtió en maestro. “Me propuse enseñar a otros chinos cómo se baila este ritmo. Les explicaba un poco de teoría: Mientras que la música china se fija más en la melodía, la música latinoamericana presta más atención al ritmo. La salsa no es para escuchar sentado sino para bailar, así que todo el mundo se para de sus asientos, les decía”. El apóstol David quería compartir la buena nueva.
Por ser el único chino que bailaba como latino, se hizo famoso de la noche a la mañana. “En el 2003, un canal deportivo me invitó a dar clases de salsa en un programa de televisión, dentro de un segmento dedicado a ejercicios matutinos. Me presentaban como el apóstol de la salsa en China”, cuenta David, que por entonces se sentía muy orgulloso de que su obra alcanzara dimensión nacional.
GLORIA EN CUBA
Fue tan conocido que la Embajada de Cuba en Beijing lo invitó a visitar La Habana. Ese mismo año “hicimos un receso en la televisión debido a la epidemia del SARS, lo que me permitió viajar. Solo estuve un mes, pero fue tan importante en mi vida que apenas volví a China renuncié al canal y, con todos mis ahorros, regresé a la isla. Desde entonces he vuelto siete veces a Cuba”, asegura.
En La Habana, David estudió música y danza en el Instituto Superior de Arte. “Me dijeron que lo auténtico estaba en la calle, así que los fines de semana recorría cada rincón de Cuba para ver cómo bailaban los mayores. Estoy seguro de que ningún otro estudiante extranjero conoce la isla tanto como yo. Allí aprendí los secretos de bailes como la rumba, el chachachá, el danzón, la rueda de casino y muchos otros”, destaca.
Y la gloria llegó en el 2005, cuando David triunfó en el festival internacional de salsa en La Habana. “Fue mi primer concurso mundial, pero yo lo tomé como una gran fiesta que había que disfrutar. Participaron bailarines de 30 países, incluyendo los anfitriones. Elegí como pareja a una chica cubana porque conozco el sentimiento apasionado de los cubanos y le dije: Vamos de fiesta, mi amor”.
Cuando volvió a China, David fundó, junto a Song Lian (Andrés) y Gao Xing (Rafael), dos compañeros chinos graduados en la misma escuela cubana, la primera banda china de música latina Ahí Na Má. En el 2007 abrió La Casa de David. “No es una simple academia de baile sino mi hogar. Cada día después del trabajo llegan muchos chinos para aprender a bailar. Después de las clases armamos una fiesta y nos divertimos. También nos visitan muchos amigos extranjeros. Ya somos como una gran familia que se junta para bailar”.
La gente en China le pregunta a David si bailar todos los días del año no le cansa. Él dice que a veces sí, pero basta que empiece la música para que recuerde lo que aprendió en Cuba: “A gozar, a bailar, a cantar”. Y entonces David predica con el ejemplo.
Rueda de casino
David es especialista en rueda de casino, una manera de bailar salsa en círculo, rotando las parejas y formando figuras. Según dice, es lo más adecuado para los chinos que acostumbran, por tradición, bailar en grupo. Ha preparado un plan de enseñanza especial para sus compatriotas, basado en los consejos de sus profesores latinos y su experiencia como chino que se inicia en este baile. Revela que la mayor dificultad que enfrentan sus estudiantes no radica en dominar los pasos por complicados que estos sean, sino en sentir la música. En Beijing, el periodista y crítico cubano Isidro Estrado, que ha documentado el fenómeno de la salsa en China, lo ha calificado como “un fenómeno en sí mismo”.
CLAVES**
A En 1962, el coreógrafo Su Jiguan visitó Cuba con la misión oficial de aprender las danzas cubanas. A su regreso a China presenta un espectáculo de chachachá a los dirigentes políticos.
B En 1994 se funda el bar brasileño Parati, el primer club de música latina en Beijing. En 1997 la orquesta femenina cubana Anacaona realiza una gira por China y despierta el entusiasmo por la salsa.
C Alrededor del 2000, bailarines, coreógrafos y empresarios latinos de Estados Unidos introducen la salsa estilo Nueva York a ciudades como Beijing, Shangái y Hong Kong.