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26 de mayo del 2012 | 19 °C
Apenas se paró en el escenario se escucharon risas de burla, pero Susan Boyle, de 47 años, conquistó al jurado y al público de “Britain’s Got Talent”

BLACKBURN [AP / EL COMERCIO]. En una semana Susan Boyle pasó de cantar en un karaoke y en su iglesia católica local a disfrutar de fama mundial y recibir una invitación al programa de Oprah Winfrey. La desaliñada escocesa de 47 años, que conmovió a los espectadores cuando confesó que nunca la habían besado, ha conquistado a celebridades y a millones de admiradores desde que impresionó a los jueces del concurso televisivo “Britain’s Got Talent”.
Y las nuevas tecnologías han alimentado su fama: un clip de su actuación ha sido visto más de 12 millones de veces en You Tube.
“Susan no puede contenerse, simplemente canta cada vez que puede”, dijo Jackie Russell, gerente del hotel Happy Valley en Blackburn, Escocia, donde Boyle cantaba en karaoke para poder cuidar a su madre, que murió hace dos años, cuando tenía 94.
Hasta no hace mucho, pocos habían oído hablar de Boyle fuera del poblado; en los últimos días, ella se ha presentado en programas de televisión alrededor del mundo. Demi Moore es admiradora declarada. “Ha sido surrealista para mí”, comentó Boyle. “Voy a salir en “El show de Oprah Winfrey”, en CBS y otras cadenas estadounidenses”, exclamó.
Sobre su presentación en “Britain’s Got Talent”, confesó que lo hizo por su difunta madre: “Quería mostrarle que podía hacer algo con mi vida”. Boyle, quien nació con una discapacidad para el aprendizaje, contó a “Times” que fue su madre quien la hizo cantar adecuadamente. “Ella sabía que tenía que hacer algo con mi voz porque sabía que tenía talento”.
Boyle ganó millones de seguidores y derritió el corazón de Simon Cowell, el más duro juez de la televisión, con su interpretación de la canción “I Dreamed a Dream” en un episodio de “Britain’s Got Talent” que se transmitió el sábado pasado.
El segmento hábilmente empaquetado, que ha cautivado a los cibernautas, es una miniópera sobre el triunfo de una cenicienta. Previamente, el público presente se deshizo en carcajadas burlonas cuando Boyle apareció en el escenario con su cabello crespo y un vestido sencillo.
“Jamás me han besado, lástima, ¡pero no es un anuncio publicitario!”, confesó en escena y arrancó miradas de escepticismo cuando dijo que quería llegar a ser una cantante profesional como Elaine Page, estrella de los musicales en Gran Bretaña.
Entonces se lanzó a interpretar “I Dreamed a Dream”, del musical “Los miserables”, y su potente voz dejó primero boquiabiertos y luego sonrientes de emoción a Cowell y a los jueces Amanda Holden y Piers Morgan. El público le tributó una ovación de pie. “Su sensacional actuación es la máxima sorpresa que he recibido en los tres años de este show”, comentó Morgan.
“A duras penas puedo recordar lo que pasó esa noche, pues tuve los ojos cerrados la mayor parte del tiempo”, dijo Boyle. “Al principio me resultó difícil por los nervios, pero una vez que me tranquilicé y empecé a cantar, pensé que la audiencia me aceptaba un poco más. A partir de ahí, me relajé y empecé a disfrutarlo”, declaró.
Consideró que la hostilidad inicial del público ante el que cantó se debe a que “la sociedad moderna es muy dada a juzgar a las personas por su apariencia (...) tal vez esto les pueda enseñar una lección, sentar un precedente”, sostuvo Boyle.
Explicó que su pasión por el canto empezó cuando tenía 12 años —“cuando solía cantar en coros y en conciertos escolares”— y que a partir de ahí solo ha cantado en bares y discotecas.
Boyle repite la historia en versión femenina de Paul Potts, quien impresionó al público con “Nessun Dorma” en el 2007.