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27 de mayo del 2012 | 19 °C
Los felinos del intelectual mexicano -fallecido el sábado de una enfermedad respiratoria- enfrentaban un futuro incierto. Acusados de causar su muerte, se temía que los animales fueran sacrificados

Por Enrique Planas
Monsiváis amaba los gatos , quizá porque compartía con ellos la soledad, la ternura y la melancolía. O solo porque —como confesó más de una vez— adoraba sus maullidos. Por eso no debe sorprender que doce mininos habitaran en su residencia de la calle San Simón, en la colonia Portales, en el momento en que el escritor fue hospitalizado el pasado abril por un avanzado cuadro de fibrosis pulmonar.
Doce gatos cuyo destino generó la preocupación de miles de mexicanos, pues se temía que el entorno familiar de Monsiváis, considerándolos los causantes de la muerte del brillante cronista, emprendiera su sistemática caza.
El último gato en llegar a casa se llama Catástrofe, un felino blanco de manchas grises, recogido en el barrio de Taxqueña, cerca de Coyoacán. Monsiváis lo adoptó en el 2008, al afiliarse como activista de la asociación defensora de animales Gatos Olvidados. “Quiero a uno pequeño para que me obedezca. Porque ninguno lo hace”, confesó el escritor al solicitar la adopción —como recuerda Claudia Vásquez, directora de la institución—. Lo curioso es que, con el tiempo, el encantador gatito sacó las garras: era el miembro más latoso del clan.
LA DENUNCIA
Tras la muerte de Monsiváis, el sábado pasado, Claudia Vásquez llamó a casa del escritor pensando en el destino de Catástrofe y del resto de la pandilla. Le contestó una voz agresiva, la cual le informó, fríamente, que ya se había dormido a la mitad de las mascotas y que en los días siguientes se eliminaría al resto de los felinos. La fuente, que respondía al nombre de Beatriz (posteriormente identificada como la sobrina del escritor), añadió que fueron “ellos, los gatos” los culpables del deceso del ensayista.
La activista no se quedó callada e hizo de inmediato la denuncia en la página web de la asociación ( www.gatosolvidados.org ). Surgieron, posteriormente, versiones de que la escritora Elena Poniatowska, amiga muy cercana de Monsiváis, había recibido a los animales, pero tales informaciones fueron negadas también por Gatos Olvidados. “Hablamos con ella el sábado, y nos dijo que después llamaría para notificarnos si la familia de Monsiváis aceptaría que dieran a Gatos Olvidados la custodia”, dijo Vásquez al diario mexicano “El Nacional”.
NO HABÍA GATO ENCERRADO
En estos días, más que por el vacío que deja en las letras mexicanas, la muerte del genial autor de “Los rituales del caos” había impactado en las redes sociales —sea en la web de Gatos Olvidados, Facebook o Twitter debido al incierto destino de sus mascotas.
Felizmente, ayer la tía del escritor, María Monsiváis, salió a disolver la felina incertidumbre al declarar a la agencia Notimex que, de ninguna manera, se había “dormido a ningún gato, y que, por el contrario, seis de ellos viven aún en la casa de la calle San Simón, mientras que el resto había sido repartido ya entre amistades cercanas. “Carlos procuraba siempre darles un lugar donde estuvieran bien atendidos, bien cuidados, y eso es lo que ahora estamos haciendo nosotras, buscando dónde ponerlos para que estén igual o mejor que antes”. Aseguró, además, que está pendiente de que coman bien.
Sin embargo, uno de los gatos de la pandilla es el único que no encontró un final feliz en esta historia. Según la enfermera que atiende a doña María Monsiváis, Mito, de 17 años, murió el pasado miércoles debido a su avanzada edad. Fue la mascota que acompañó al autor a la eternidad.
OPINIÓN
El gato y la salud: las teorías falsas
“El gato es un animal muy especial. Podría decirse que no fue el señor Carlos Monsiváis el que adoptó a sus gatos, sino que fueron los gatos quienes lo adoptaron a él. Ciertamente, no es normal llenar la casa de estos animales, pero existe ese tipo de personas que llenan su soledad con los felinos. Posiblemente, su familia no lo comprendía tanto como lo hacían sus propios gatos.
Se han tejido muchas teorías falsas con respecto a los gatos y la salud de los seres humanos, ideas del tiempo de nuestras abuelas, en que se decía, por ejemplo, que las personas se enferman porque aspiran los pelos del gato. La verdad es que si una persona sensible desarrolla una reacción asmática ante los gatos, esta no tiene que ver con su pelo, sino por la proteína de la saliva del felino impregnada al acicalarse. Pero de allí a decir que Monsiváis murió de fibrosis pulmonar por culpa de sus mascotas, hay un paso muy grande. Es algo muy poco probable”.
EDUARDO RONDÓN. MÉDICO VETERINARIO
UN AUTOR Y SUS MASCOTAS
Un amor dividido entre gatos y libros
Las mascotas de Monsiváis tenían nombres tan originales como Miss Oginia, Miss Antropía, Fetiche de Peluche, Catzinger, Peligro, Caso Omiso o Miau Tse-tung. El más viejo de todos era Mito Genial.
“Sin mis libros me sería imposible vivir y sin mis gatos también. Los libros no maúllan ni los gatos proporcionan sabiduría, por eso no podría elegir. Preferiría entonces vivir sin mí”, dijo el escritor al diario “El Universal” de México.