Auschwitz, música y represión: ¿qué se escuchaba en el campo de concentración?

Una investigación ha logrado crear un mapa musical de Auschwitz, lo que permite apreciar el uso de diferentes melodías para amedrentar a los cautivos o como muestras de rebeldía.

Auschwitz, música y represión: ¿qué se escuchaba en el campo de concentración?

El campo de concentración de Auschwitz fue el lugar donde 1,3 millones de personas murieron durante la represión nazi en Alemania. Pero en aquel espacio lleno de sufrimiento y temor hubo sitio para la música, de acuerdo a una investigación que ha conseguido crear un mapa musical del lugar.

Según informa la agencia Materia, El resultado del trabajo realizado por Melissa Kage, doctora de Estudios Germánicos de la Universidad de Stanford, permite apreciar los diferentes espacios físicos en los cuales la orquesta sinfónica de internos y los 120 músicos que tocaban para los nazis interpretaban diferentes melodías con fines completamente distintos.

Por ejemplo, se indica que desde que llegaban en tren, los prisioneros eran recibidos con valses de Strauss, temas de Franz Lehár o canciones sentimentales de los 30, con la finalidad de disipar los temores de los recién llegados. En cambio, a los que salían a trabajar al campo los obligaban a escuchar marchas militar, como el Horst Wessel Lied, el himno nazi.

Sin embargo, la música también fue utilizada como gesto de rebeldía, como expresión de una añoranza por la libertad perdida. Kagen muestra que, en el Campo I, donde se albergaban los prisioneros de guerra y los alemanes de la resistencia, una canción frecuente era Die Gedanken Sind Frei (los pensamientos son libres), una canción popular de la revolución de 1848.

En Birkenau, otra zona del campo, la poetisa Krystyna Zywulska compuso 54 obras que describían la vida cotidiana dentro del lugar donde sabía que miles perdían la vida en las cámaras de gas contiguas. Los versos musicalizados era interpretados secretamente a lo largo de todo Auschwitz.

Para Kagen, en este choque de melodías, la música forzada era sentida como una agresión. “Los prisioneros deseaban morir en paz, querían un mínimo espacio de autonomía en el que morir. Pero esta música, que se ven obligados a escuchar, les agrede no sólo porque altera el espacio, sino porque se mete dentro de sus cuerpos”, explica la investigadora.