Caso Assange: el asilo político, el asilo diplomático y el refugio

¿Por qué no considerar al asilo diplomático como una modalidad de refugio en aquellos países que no lo reconocen?

Caso Assange: el asilo político, el asilo diplomático y el refugio

ÓSCAR VIDARTE
Internacionalista

Interesante es el debate que se ha producido en torno al asilo y el no reconocimiento de esta figura internacional por parte del Reino Unido. En términos básicos, no confundir el asilo diplomático del asilo político el primero de ellos otorgado en una misión diplomática (en virtud del principio de interés de la función, el mismo que genera una ficción de extraterritorialidad) y el segundo concedido en el territorio soberano de un país.

Lamentablemente, este mecanismo de protección no está presente en la Convención de Viena de Relaciones Diplomáticas de 1961, por lo que técnicamente no es parte del derecho internacional general, aun cuando en América Latina sí ha sido debidamente regulado y existe una práctica al respecto.

Entonces, para citar un ejemplo, ¿por qué en el caso del ciudadano chino Chen Guangcheng, hace pocos meses, se habló tanto de asilo? La respuesta es simple: al ingresar a una embajada o consulado, cualquiera sea el país, un sujeto ya se encuentra protegido, por lo que es común referirse al asilo, aunque gran parte del mundo no reconozca este mecanismo de protección.

Asimismo, cabe señalar que la figura del refugio, al ser más amplia que la del asilo político o territorial, acaba asumiéndolo; y, si consideramos que el refugio también puede proteger a personas que no han salido del país, como los desplazados, ¿por qué no considerar al asilo diplomático como una modalidad de refugio en aquellos países que no lo reconocen, tal y como sucede en la práctica?

El asilo siempre será controvertido, pues aunque es una decisión unilateral que no debería implicar ningún tipo de cuestionamiento a los asuntos internos de un país, lo cierto es que nunca es recibido de “buena gana”, de ahí la existencia de casos de personas protegidas que han permanecido décadas en sedes diplomáticas. Es como creer que un país reciba de “buena gana” que otro lo demande ante la corte de La Haya, aun cuando este sea considerado un mecanismo pacífico para resolver una disputa según la Carta de la ONU.

Hubiera sido mejor que el Reino Unido, antes de negar esta figura y referirse a la posibilidad de poder ingresar a la embajada ecuatoriana (lo cual no solo es una locura, sino también es muestra de esa identidad colonial que Europa ha tratado de eliminar), centre su discusión en torno a si estamos frente a un perseguido político o un delincuente común, pues justamente este hecho deslegitima cualquier mecanismo de protección del individuo en el sistema internacional.