Pocos programas militares han generado tanta controversia como el del F-35, el avión con el que Estados Unidos espera combatir sus guerras del siglo XXI.

Durante las próximas dos décadas, Washington reemplazará buena parte de su flota actual con miles de esas máquinas producidas principalmente por Lockheed Martin, que asegura que entregará el avión más avanzado del mundo para incrementar la seguridad del país a un precio asequible.

Al mismo tiempo y con la misma efusividad, sus detractores presentan una larga lista de críticas: dicen que el precio del programa está por los cielos, la producción está retrasada, el proyecto está plagado de problemas tecnológicos, el avión no responde a las necesidades del país y además puede verse afectado por los recientes recortes presupuestarios.

Algunos incluso han asegurado que es hora de botarlo a la basura. Y eso que todavía no ha combatido.

Para desenmarañar esta polémica, BBC Mundo recorrió con dos expilotos militares el centro privado de demostraciones del F-35, en el estado de Virginia, y habló con dos analistas que son críticos del proyecto.

EL AVIÓN DEL FUTURO En la sede de Lockheed Martin en Arlington, Virginia, un piso entero está dedicado a su proyecto bandera, el F-35, una aeronave que está en una fase inicial de pruebas con miras a que pueda ser desplegado al final de esta década.

Hay réplicas grandes y pequeñas, animaciones, un motor en tamaño original, radares y hasta un simulador de vuelo con enemigos virtuales para derribar.

Dos expilotos de combate y ahora ejecutivos de Lockheed Martin Steve Callaghan y Robert Rubino reciben a BBC Mundo para explicar por qué consideran que este es el avión del futuro.

Describen que el avión tiene tecnología furtiva, fue diseñado para combatir en cualquier campo de batalla y cuenta con capacidades inigualables de ataque.

Es, en pocas palabras, un avión descrito a punta de superlativos: el más letal, capaz de sobrevivir en los ambientes más hostiles y altamente costo-eficiente.

Y además se trata del programa de adquisición militar más grande del mundo, según Lockheed Martin.

Los planes actuales estipulan que por casi US$400.000 millones de dólares, las fuerzas armadas de EE.UU. adquirirán 2.443 de estos aviones hasta 2036 para renovar buena parte de su flota.

Y en este proyecto no están solos: otros ocho países como Reino Unido, Italia y Holanda también forman parte del programa de desarrollo, con lo que el número total estimado de F-35 superará los 3.000.

Robert Rubino dice en ese sentido que cuando haya algún conflicto internacional, estos países podrán volar de manera mucho más efectiva y completar las misiones más rápidamente porque todos van a estar usando el mismo tipo de avión.

Pero el F-35, además de recibir loas, también ha sido bombardeado con críticas.

UNA GRAN DESILUSIÓN Hace apenas unas semanas, el Pentágono suspendió por un problema técnico los vuelos de los F-35, la segunda vez en dos meses que esto ocurre.

Y si bien poco después anunció su reanudación, el incidente sirvió para recordar los muchos problemas que ha tenido el programa.

Un informe de junio del año pasado de la Oficina de Auditoría del Gobierno de EE.UU. (GAO, por sus siglas en inglés), dijo que en los últimos dos años, el programa ha sido reestructurado de manera extensiva para afrontar resultados relativamente pobres en costo, programación y rendimiento.

El documento describe una demora de seis años en la producción, dice que los precios por unidad se duplicaron desde el comienzo del programa en 2001 y agrega que el costo total de compra se ha incrementado en 42% desde 2007.

No es el único estudio: otro, más reciente y de uno de los principales asesores del Departamento de Defensa en adquisiciones de armas, resaltó avances significativos pero también dijo que ha habido demoras y problemas sin resolver en las pruebas que realizan los aviones.

Winslow Wheeler, director de un programa de reforma militar en el Proyecto de Supervisión del Gobierno, una organización no gubernamental, se ha convertido en uno de los críticos más conocidos del F-35, hasta el punto de argumentar que es el avión que se comió al Pentágono y que es hora de botarlo a la basura.

En diálogo con BBC Mundo, Wheeler dice que EE.UU. va a recibir muy poco por mucho dinero y agrega que hay muchas alternativas para el F-35 y su desempeño será una gran desilusión.

Los viejos problemas no han sido resueltos y los nuevos problemas están aumentando, señala.

Pero en Lockheed Martin se defienden: dicen que como apenas están en desarrollo es normal que aparezcan problemas y los están solucionando. Agregan que los asuntos del pasado están en el pasado y toman como base la última de las tres reestructuraciones del programa, en 2010. Desde entonces, dicen, están encaminados y logrando progresos constantes.

Steve Callaghan agrega que están acostumbrados a las críticas: Somos un gran objetivo y lo seguiremos siendo simplemente por el tamaño del programa.

Por eso y más allá de quién tenga la razón, una cosa es cierta: la batalla de argumentos continuará por lo menos hasta que los F-35 estén listos para las otras batallas, las reales.

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