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Zacarías Moussaoui, el terrorista número 20 del 11-S

Veintiséis días antes del atentado, un miembro de Al Qaeda fue detenido. Nadie revisó su computadora, donde figuraba el macabro plan que sacudió al mundo

Zacarías Moussaoui, el terrorista número 20 del 11-S

Zacarías Moussaoui, el terrorista número 20 del 11-S. (Foto: AP)

Zacarías Moussaoui, el terrorista número 20 del 11-S. (Foto: AP)

Zacarías Moussaoui, el terrorista número 20 del 11-S. (Foto: AP)

Veintiséis días antes de los ataques en Nueva York y Washington, de los que mañana se cumplen 16 años, un integrante de la célula de Al Qaeda fue detenido. Nadie lo interrogó ni revisó su computadora, donde figuraba el macabro plan que sacudió al mundo.

El martes 11 de setiembre del 2001, 19 terroristas suicidas perpetraron el peor ataque en territorio estadounidense: dejaron más de 3.000 muertos y cambiaron al mundo para siempre. Pero hubo un elemento clave que pudo haber frustrado el espectacular plan de Al Qaeda: el terrorista número 20, Zacarías Moussaoui, el único sobreviviente del comando que encabezó el egipcio Mohamed Atta.

Moussaoui es un francés que nació el 31 de mayo de 1969 en Saint-Jean-de-Luz, al suroeste del país europeo, en el seno de una familia de origen marroquí. Su madre, Aicha el-Wafi, se casó a los 14 años. A los 24 años, se separó de su marido alcohólico cansada de las golpizas que recibía.

Cuando tenía 22 años, Moussaoui se instaló en Londres para estudiar comercio internacional. Su hermano, Abd Samad, recuerda que desde ese momento comenzó a tener discursos agresivos e intolerantes. Su familia perdió contacto con él en 1995.

En Londres, empezó a frecuentar la mezquita de Finsbury Park, del incendiario imán Abu Hamza, señalado de ser un reclutador de terroristas.

Las investigaciones posteriores al 11-S señalan que en 1998 Moussaoui pasó por un campo de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán. También fue invitado a Pakistán por Khalid Sheikh Mohamed, el número tres de la red encabezada por Osama Bin Laden y quien ideó y organizó los ataques con aviones sobre Nueva York y Washington. Sheikh Mohamed está recluido en la prisión estadounidense de Guantánamo desde el 2006.

En febrero del 2001, Moussaoui viajó a Estados Unidos y se fue a vivir a Oklahoma.

En su libro “Jefe Atta. Maestro de suicidas”, la periodista española Pilar Urbano repasa la vida de los jóvenes suicidas y revela grandes secretos de la trama.

Consigna que Moussaoui había investigado sobre las avionetas que fumigan los campos con pesticidas y su posible empleo contra grandes ciudades para esparcir sustancias químicas tóxicas, agentes biológicos o gases letales. “Incluso su reconversión en bombas voladoras”. Las búsquedas las hacía por Internet y guardaba sus apuntes en su computadora.

Moussaoui vivía de manera clandestina en Oklahoma, pues no tenía el pasaporte en regla, su visado estaba a punto de caducar y existía en su contra una orden internacional de captura emitida en 1999 por un juez francés por su conexión con la Yihad Islámica y su presunta implicación en varios atentados perpetrados en París a mediados de los 90.

—Aprender a volar en picado—

Aun bajo el riesgo de que pudiera ser detenido y echar por tierra el plan de Al Qaeda, Atta decidió reclutarlo para que formara parte de la trama suicida como uno de los copilotos que harían estrellar los aviones contra símbolos estadounidenses: las Torres Gemelas de Nueva York, el Pentágono y un cuarto objetivo que no ha sido identificado.

Pilar Urbano recrea la conversación que Zacarías habría tenido con Atta:

—Zacarías, ¿tú estarías dispuesto a intervenir en una misión difícil, muy difícil, y de alto riesgo?, preguntó.

— Sí, le respondieron a Atta.

—¿Sí? ¿Y en una misión mortal?

—Sí.

—Quiero decir, mortal también para ti.

—Sí, sí, te he entendido.

—Tendrías que prepararte....

—Bien.

—Tú solo. Y con un esfuerzo duro y absorbente.

—Bien.

—¿Cuándo podrías empezar?.

—Ya.

Tras la conversación con Atta, Moussaoui se matriculó en la Airman Flight School en Oklahoma y a fines de julio del 2001 ya tenía 57 horas de vuelo. Era un curso de 8.300 dólares que pagó en efectivo.

Luego se fue a vivir a Minneapolis, como Atta le había ordenado, y el 13 de agosto comenzó su entrenamiento en un simulador de vuelos de Boeing en la PanAm Flying Academy. Pero solo estuvo tres días, pues el 16 de agosto fue detenido.

¿Qué había pasado? A su instructor le pareció extrañó que solo quisiera aprender maniobras de giro, aproximación y descensos en picado. Nada de despegues ni toma de altura ni mantenimiento en velocidad de crucero ni aterrizajes. El instructor lo denunció. Los agentes federales registraron la vivienda del francés y confiscaron su computadora. A Moussaoui le dijeron que su detención se debía a que su visa no estaba en regla.

—El plan sigue adelante—


Faltaban solo 26 días para el ataque. Atta llamó el 16 y 17 de agosto a Moussaoui, pero nadie le contestó. El egipcio supo entonces que el francés había caído, pero siguió con el plan. Incluso continuó asistiendo al aeródromo Palm Beach County Park de Lantana, Florida, para su entrenamiento como piloto. Solo algunos de los terroristas optaron por cambiar de domicilio a manera de precaución.

Mientras tanto, según Urbano, el FBI no sospechaba de Moussaoui, por lo que no fue interrogado de inmediato, algo que podría haber acabado con el plan de Al Qaeda, pues la agencia tenía informes confidenciales del agente Kenneth Williams, de Phoenix, desde julio del 2001, y de Coleen Rowley, del FBI en Minneapolis, desde agosto del mismo año. En ellos señalaban que “extremistas árabes estarían aprendiendo a pilotear aviones comerciales en Estados Unidos con objetivos muy peligrosos”. Incluso Williams pedía “que se investigase en las academias de vuelo de todo el país”.

Solo cuando sucedieron los atentados, el FBI reparó en que tenían detenido a un sujeto que había sido arrestado por querer aprender a volar en picado, como volaron los pilotos suicidas del 11-S que se estrellaron contra las Torres Gemelas y el Pentágono. Entonces el FBI hizo lo que debió hacer un mes antes: revisó el disco duro de la computadora de Moussaoui y comprobó su conexión con Al Qaeda, con Mohamed Atta y con el atentado. Interrogó a Moussaoui y este terminó confesando que estaba implicado en el plan.

“¡Dios salve a Osama Bin Laden, ustedes nunca lo cogerán!... ¡Estados Unidos, tú has perdido! ¡Yo he ganado!”, gritó Moussaoui durante la lectura de su sentencia en mayo del 2006.

“Señor Moussaoui, cuando le lea su sentencia, todo el mundo en esta sala saldrá y verá el sol, escuchará a los pájaros y se verán con quien deseen. Usted pasará el resto de su vida en una prisión de máxima seguridad. Está muy claro quién ha ganado... se pudrirá en la cárcel”, le respondió la jueza Leonie Brinkena.

Hoy el terrorista número 20 espera la muerte en una cárcel de máxima seguridad tras ser condenado a seis cadenas perpetuas sin posibilidad de libertad condicional. No lo sentenciaron a morir mediante la inyección letal, no se convirtió en mártir, como pretendía el 11 de setiembre, no murió por la yihad.

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