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Coreanos en EE.UU.: "Si Kim Jong-un decide continuar, debe saber que morirá"

Conocen el costo de una guerra nuclear. Unos 100 mil coreanos viven en Nueva York, la mayoría en el distrito donde Trump pasó su infancia

Coreanos en Estados Unidos

(Foto:AFP)

Coreanos en Estados Unidos. (Foto:AFP)

AFP

Los recuerdos de la guerra aún atormentan a muchos ancianos coreanos en Nueva York, testigos de la escalada de tensiones entre su país natal y el que adoptaron en busca del "sueño americano".

Cuatro millones de personas murieron en la guerra de Corea (1950-53) que opuso al sur, apoyado por Estados Unidos, al norte defendido por China. Fue un baño de sangre que terminó en un impasse, sin un acuerdo de paz oficial.

"Somos ancianos, todos nosotros experimentamos la guerra", dice Byong Lee, de 81 años, en el Centro Coreano-Estadounidense de la Tercera Edad en Flushing, Queens, donde unos 300 a 350 ancianos coreanos vienen a almorzar de lunes a viernes.

"Todos estuvieron en el ejército y cosas así, conocen a Corea del Norte y a ese dictador idiota", dice.

Las bombas atómicas que Estados Unidos dejó caer sobre Japón al final de la Segunda Guerra Mundial y que mataron a más de 200.000 personas permanecen en la memoria de quienes vienen aquí a jugar al tenis de mesa, leer el periódico o tomar clases de inglés.

Conocen el costo de la guerra. El costo de una guerra nuclear, según estos ancianos que eran niños cuando Hiroshima y Nagasaki fueron bombardeadas, sería más que catastrófico.

"Está loco", dijo Wonil Lee, de 75 años, sobre el líder norcoreano Kim Jong-un. Pregúntele a cualquiera, tendrá "casi la misma respuesta", afirma.

Pero una enfermera jubilada que se apresura para llegar a una clase de canto folclórico no está segura de que Kim sea el único.

Se ríe al escuchar la pregunta de cómo cree que el presidente Donald Trump está manejando las cosas. "Todo el mundo se preocupa de cómo habla de todo en Twitter", dice esta mujer que se niega a revelar su nombre. "Algunos dicen que es exactamente igual que Kim Jong-un".

— "¿Quién sabe?" —

Unos 100.000 coreanos viven en Nueva York, la mayoría en el distrito de Queens donde Donald Trump pasó su infancia. Cerca de 1,7 millones de descendientes de coreanos residen en Estados Unidos, la segunda diáspora coreana del mundo después de China.

En las calles en torno al Centro para la Tercera Edad, que ocupa el sótano de una iglesia pero que según planes se mudará luego a un nuevo y moderno edificio, hay carteles en coreano por todos lados: fuera de una farmacia, en la camioneta de un hombre que trabaja en hacer reparaciones, frente a una clínica médica.

Wonil Lee, un veterano de la Guerra de Vietnam del ejército coreano, está feliz de ofrecer a Donald Trump, a quien llama el hombre más poderoso del mundo, un par de consejos para calmar a Kim Jong-un, de 33 años.

"¡Dólares!", dice sonriendo este hombre que viste una gorra de béisbol camuflada, sentado junto a unas mujeres que asisten a una clase de caligrafía.

Le gustaría ver un renacimiento de la diplomacia del ping-pong entre el gobierno de Richard Nixon y China, pero en versión coreana.

"Estados Unidos es un país muy rico. Creo que si yo fuera Donald Trump y el presidente estadounidense diría: 'OK, ¿cuánto quieres?", dice.

"No va a funcionar", interrumpe Byong Lee, sacudiendo la cabeza. Tras emigrar a Estados Unidos en 1983 Lee manejó un almacén de verduras, luego una tienda de quesos y trabajó en la remoción de asbestos antes de crear una empresa con varios obreros.

Como otros en el centro, duda de que el líder norcoreano cumpla las amenazas de atacar Guam.

"Pero es un idiota, ¿así que quién sabe? Si lo hace, debe saber que él mismo morirá", asegura.

— "Bla, bla, bla" —

Tampoco confía demasiado en Donald Trump, quien dijo este viernes que "las soluciones militares están listas para ser desplegadas si Corea del Norte actúa de forma imprudente".

"¡No se le puede creer!", afirma Byong Lee. "Bla, bla, bla, puede decir todo lo que quiera, ¿pero quiere realmente una guerra nuclear?".

La mayoría de los coreanos-estadounidenses del centro prefieren hablar sobre la familia, jugar ping-pong y tomar clases de canto que discutir de política.

Otros albergan cierta esperanza sobre el presidente multimillonario que creció a apenas 15 minutos de automóvil del centro.

"Espero que haga lo que dice", dice Susie, una mujer elegantemente vestida que declinó dar su apellido. "Está haciendo cosas nuevas, así que esperamos que sea mejor".

La enfermera jubilada se preocupa por quienes están aún en la península coreana.

"Están bastante acostumbrados, piensan 'Oh Dios, otra vez la misma cosa', pero yo estoy preocupada", confiesa.

"Hemos estado hablando de lo mismo estos últimos 20 años y me gustaría que Donald Trump hiciera algo sobre este tipo", dice.

¿Pero qué?

"Realmente no lo sé".

Fuente: AFP

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