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Ted Bundy, el seductor asesino en serie de mujeres

Un joven atractivo, universitario y ligado a la política en EE.UU. asesinó a por lo menos 36 mujeres en la década de 1970

Ted Bundy, el seductor asesino en serie de mujeres

Ted Bundy, el seductor asesino en serie de mujeres

Madrugada del martes 24 de enero de 1989. Las autoridades de la prisión estatal de Florida declaran muerto a Theodore 'Ted' Robert Bundy, en su momento, uno de los 10 fugitivos más buscados por el FBI y acusado del asesinato de más de 30 mujeres. La gente celebra en las calles. "El diablo ha muerto", dicen muchos.

Ted Bundy fue uno de los mayores asesinos en serie de Estados Unidos. Las autoridades consiguieron inculparlo por 36 homicidios. Sin embargo, se presume que estaría involucrado en la muerte de al menos 100 mujeres.

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Orígenes de un asesino

Hijo de un veterano de la fuerza aérea estadounidense al que nunca conoció y de Louise Cowell, Ted vivió los primeros años de su vida junto a sus abuelos. Hasta los 4 años pensó que sus abuelos eran sus padres y que su madre era su hermana mayor. Fue en esta etapa en la que comenzó a pervertir su mente. Para Ted, su abuelo Samuel Cowell, era un tirano abusador.

Samuel, quien era diacono de la iglesia, fue “un racista que odiaba a los negros, italianos, católicos y judíos” según testimonios de Ted. Además de ello, el abuelo de Bundy solía torturar animales y coleccionaba pornografía en el invernadero de su casa. Ted también habló sobre su abuela. La definió como una mujer tímida y obediente que en sus últimos años sufrió de agorafobia, es decir, tenía miedo a tener miedo.

El primer episodio que indicó los rasgos criminales de Ted Bundy se produjo cuando tenía tres años. Su tía, Julia Cowell, recuerda que tras echarse a tomar una siesta se despertó rodeada por cuchillos de cocina, al pie de la cama estaba el pequeño Ted sonriéndole.

Poco tiempo después de ese episodio Ted se mudó a Tacoma, Washington, junto a su madre. Fue ahí donde ella conoció a Johnnie Bundy, de quien heredó su apellido. En esta etapa de su vida Ted comenzó a consumir mucha más pornografía, según el testimonio que brindó un día antes de su ejecución.

“Sucedió en etapas, poco a poco, mi experiencia con la pornografía en general, pero con la pornografía que presenta un nivel alto de violencia sexual, una vez que te vuelves adicto a ella, comienzas a buscar todo tipo de material con cosas más potentes, más explícitas, más gráficas. Hasta llegar a un punto en el que la pornografía va tan lejos que comienzas a preguntarte cómo sería hacerlo en realidad", dijo Bundy al afamado psicólogo cristiano estadounidense James Dobson.

Los investigadores del FBI detallaron que esta versión de Bundy podía ser un intento por manipular a quienes lo evaluaban y justificar su comportamiento.

El psicoterapeuta y consultor en psicología de la salud, David Jáuregui, le dijo a El Comercio que "investigadores como Stuart Brown, pionero en la investigación sobre el juego, nos refiere la importancia que tienen en la vida, especialmente como parte del desarrollo psicológico infantil: nos dice que Jugar mucho en la infancia hace adultos felices e inteligentes, observando que las personas a las que se les ha privado de ello esta evidenciado en las historias de asesinos así como de conductores con delitos por ebriedad". 

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Un amor que cambió su vida

Pese a estas primeras perversiones, Bundy fue un estudiante con notas resaltantes en la Universidad de Washington y en la de Puget Sound, en Tacoma, donde estudió derecho y psicología respectivamente. A los 21 años conoció a Stephanie Brooks, una joven hermosa, destacada estudiante y parte de una adinerada familia.

Era el sueño de Ted. Un sueño que duró un par de años y que lo marcó de por vida.


Stephanie Brooks y Ted Bundy. A la derecha, una de las cartas que le solía enviar Bundy. 

Stephanie Brooks y Ted Bundy. A la derecha, una de las cartas que le solía enviar Bundy.

Brooks, quien acababa de graduarse de psicología, había detectado que Bundy era una persona indiscreta y que no tenía objetivos en su vida, por lo que decidió terminar la relación. Ted se obsesionó e intentó recuperarla mediante cartas.

Luego de eso, Ted estableció una nueva relación, esta vez con Meg Anders. Entre 1969 y 1972 la vida de Ted Bundy fue normal. Destacó como estudiante en Derecho, se involucró con las bases del Partido Republicano, ocupando el cargo de ayudante del director del comité central republicano del estado de Washington, e incluso fue condecorado por la policía de Seattle luego de salvar a un niño de morir ahogado.

En 1973 volvió Stephanie Brooks a su vida y con eso todo cambió. La relación duró unos pocos meses, luego Bundy se marchó y no volvió a saber de Brooks.

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Primeros ataques
El 4 de enero de 1974 Bundy entró a la habitación de Joni Lenz, una universitaria de 18 años a la que golpeó con una palanca metálica. Luego arrancó un pedazo de madera de la cabecera que utilizó para violarla. Lenz sobrevivió pero con un daño cerebral permanente. 

Casi un mes después, el 1 de febrero, Bundy perpetró su segundo ataque. La víctima fue Lynda Ann Healy, estudiante de psicología de 21 años. Ted entró en su habitación, la dejó inconsciente de un golpe y la sacó del campus de la Universidad de Washington. Los restos de Lynda Ann fueron descubiertos un año después en una montaña cercana. 

Entre la primavera y el verano de ese año se calcula que Bundy perpetró por lo menos ocho ataques más. Todos durante la noche. La policía ya había comenzado a investigar sobre los casos y todos indicaban que el sospechoso era un tipo apuesto, cordial, que siempre iba cargando libros y que tenía un brazo enyesado. Otra particularidad era que el sospechoso se trasladaba en un Volkswagen escarabajo con el que solía “tener problemas para arrancar”. 
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Otros ataques

Durante sus ataques Bundy demostró una gran habilidad para camuflarse. Desde el uso de pelucas y barba hasta mudarse a Utah e ingresar a estudiar Derecho a la universidad local.

Algunas de las víctimas de Ted Bundy.

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Los errores del asesino

Con el tiempo, Bundy comenzó a descuidarse en sus métodos. El 8 de noviembre de 1974 falló por primera vez. Ted se disfrazó como oficial de policía para acercarse a Carol DaRonch, quien se encontraba dentro del Fashion Place Mall en Murray, Utah. Bundy convenció a la mujer de que habían intentado robar su auto y que lo debía acompañar.

Una vez en su auto, Bundy manejó por un tramo hasta que se detuvo intempestivamente, sacó una pistola e intentó esposarla. DaRonch logró escapar con una mano esposada. Esa misma noche, Debby Kent (17 años) fue secuestrada en el estacionamiento del instituto Viewmont, al cual había asistido para ver una obra de teatro junto a sus padres. En  la investigación se encontraron unas llaves de esposas que abrían las que tenía DaRonch.

En 1975 Bundy decidió moverse a Colorado. Asesinó al menos a seis mujeres de entre 23 y 26 años durante ese año.

Pero, ¿por qué Bundy había comenzado a descuidarse en sus métodos y ya parecía importarle si perpetraba los ataques en el día o en la noche? Jáuregui considera que "en muchos de los casos se observa que los actos cometidos son muestra de su poder ante las autoridades y un reto para quienes pretenden atraparlo, de ahí la importancia del trabajo en equipo de los expertos en esta categoría de crímenes".  

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Identificación y captura

Al conocerse la ola de asesinatos en Estados Unidos, varios testigos llamaron para dar características físicas sobre el posible asesino. Los medios difundieron la imagen de quien era considerado “el diablo reencarnado en hombre”. Una de las personas que vio al supuesto asesino fue Meg Anders, su antigua pareja, quien llamó a la policía para informar sobre esto.

Pese a que Anders proporcionó varias fotos como prueba, los testigos no lo lograron identificar como el asesino por lo que se le dejó ir. Sin embargo, con el tiempo, el cuidado de Bundy fue cayendo con cada ataque y algunas de sus víctimas sobrevivían, lo que las convertía en testigos clave.

El 16 de agosto de ese año la policía detuvo a Bundy mientras conducía. La intención solo era comprobar su matrícula. Sin embargo, Bundy se dio a la fuga. Poco después fue detenido y en la maletera de su auto se encontraron una palanca de metal, esposas, cinta y otros objetos que dieron inicio a una investigación en su contra.

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Juicios y fugas

Para el año 1976 Ted Bundy estaba acusado de secuestro agravado. El testimonio de Carol DaRonch fue suficiente para que lo sentenciaran a 15 años de cárcel con posibilidad de libertad condicional. En la prisión le realizaron exámenes psicológicos y toxicológicos que increíblemente revelaron que Bundy no sufría de ninguna enfermedad psicológica o dependencia a fármacos o alcohol.

¿Acaso Bundy había podido engañar a estas evaluaciones? El doctor Jáuregui indica que "Las diversas disciplinas que agrupan a profesionales expertos en el tema han  logrado grandes avances en los últimos 30 años, las herramientas  de estudio con las que se cuenta ahora  permite una mayor aproximación a la detección y captura de este  tipo de personas". 

Sin embargo, acota que para lograr esto "se deben tener en cuenta una serie de variables que van desde el estudio  de la escena del crimen hasta  la realización de la 'autopsia psicológica' de la víctima que suele brindar datos de por qué fue objeto de elección por parte del agresor".

Mientras Bundy purgaba su primera condena, la policía descubrió muestras de cabello de dos de sus víctimas en el Volkswagen que tenía. Ante un nuevo juicio en su contra, Bundy decidió representarse a sí mismo. Uno de los beneficios de esta decisión fue que podía visitar la Biblioteca de la Corte de Aspen durante el juicio. De esa forma escapó el 7 de junio de 1976. Seis días más tarde fue encontrado intentando robar un Volkswagen.

Poco antes de esa fuga, Bundy escribió una carta en la que decía:  "He conocido a personas que irradian vulnerabilidad... Sus expresiones faciales dicen: Tengo miedo de ti. Estas personas invitan al abuso... Esperando ser lastimadas, ¿sutilmente lo fomentan?".

En enero de 1977 volvió a escapar, esta vez trepando el techo de una estación en la prisión del condado de Garfield. En esta oportunidad logró llegar hasta Chicago y Florida, donde uso el seudónimo de Chris Hagen.

Durante esta segunda fuga perpetró un asesinato múltiple en el edificio de la fraternidad Chi Omega. Al menos dos mujeres murieron y 4 resultaron heridas. Un año después Bundy fue arrestado en Pensacola, Florida, por un policía que reconoció las placas del auto que había robado el criminal.

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El juicio final de Bundy
Ted Bundy volvió a representarse a sí mismo y mediante apelaciones estratégicas logró retrasar el proceso en su contra. Sin embargo, sus argucias no fueron suficientes y el 7 de enero de 1980 fue condenado a morir en la silla eléctrica por el asesinato de Kimberly Leach. 

El encanto personal de Bundy había sido reconocido tanto por sus víctimas como por quienes lo habían evaluado en el pasado y eso, aunque suene ilógico, le había permitido posponer en más de una ocasión la sentencia. Sin embargo, el asesino había perdido la calma. Luego de conocerse su condena solo atinó a gritar. 

Todas las personas de su entorno que fueron entrevistadas durante los juicios en su contra dijeron lo mismo: “Nunca apreciamos nada raro en él”.

 "Es importante  tener en cuenta que este tipo de personas presentan características entre las que sobresalen su encanto superficial e inteligencia que permite 'compartir' experiencias con otras personas  sin que ellas  puedan percatarse que están al lado de una persona altamente  peligrosa, y que sacara  provecho de la información que pueda obtener gracias a su capacidad manipuladora", señaló Jáuregui.

Según el psicoanalista, los investigadores criminales denominan como "máscara de la cordura" a esta condición presentada en los asesinos en serie.

En una de sus confesiones, realizada al jefe de investigadores del Departamento de Justicia de Washington, Bob Keppel, comenzó a revelar los lugares donde guardaba los restos de algunas de sus víctimas. En la casa del asesino se encontraron algunas cabezas de sus víctimas. Bundy fue catalogado como perverso y detectaron compulsión necrofílica en su accionar.

"Consideraba a sus víctimas como cosas, no como personas. Nunca lo oí referirse a ellas como personas", dijo Keppel sobre Bundy.

"Una interesante contribución psicológica al estudio de este tipo de personas está expuesto en el libro 'Empatía Cero, nueva teoría de la crueldad', desarrollado por Simón Baron-Cohen. En este ámbito  hay personas que son altamente empáticas y otras que lo son medianamente, en el caso que comentamos hay ausencia de empatía  o empatía 0", comenta Jáuregui. 

El 17 de enero de 1989 Bundy no pudo alargar más el proceso, iba a ser ejecutado una semana después en la silla eléctrica. En este lapso de tiempo Bundy intentó todo tipo de cosas, incluso le propuso a las autoridades ser un colaborador eficaz para detectar a otros asesinos en serie. En su último día llamó a su madre y no quiso comer. A las 7:16 de la mañana del 24 de enero de 1989 Bundy fue declarado muerto. 

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