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27 de mayo del 2012 | 18 °C

(Editorial) Cuestión de límites

En suma, al señor Abugattás el puesto le queda muy grande y es para el bien de todos, incluyendo al del gobierno con el que tan mal coopera, que debe prosperar el intento de sacarlo de él

Jueves 23 de febrero de 2012 - 07:00 am

El nombramiento de la señora Nancy Obregón en el programa Gestores para el Desarrollo (GPD) creado por el presidente del Congreso no tenía fundamentos aceptables. Es una buena noticia, pues, que la señora Obregón finalmente haya salido del cargo, pese a la cerrada defensa que le dedicó el señor Abugattás. No deja de ser por ello, sin embargo, una noticia pequeña. Después de todo, el programa entero sigue funcionando y tampoco tiene justificación conocida.

La resolución que crea GPD dice que este nace a fin de que el Congreso pueda enviar representantes a “las poblaciones con mayores necesidades de inclusión” para, entre otras cosas, descubrir “conflictos sociales” en los que pueden “intervenir mediando entre el Estado y la población” y recoger “expectativas y denuncias” de los “presidentes de comunidades campesinas, juntas de regantes y demás actores sociales” con los que los gestores deben “interactuar”. En otras palabras, el señor Abugattás intenta con GPD meter de lleno al Congreso a competir con lo que corresponde hacer al Ejecutivo a través de varias de sus instancias, principalmente la PCM.

La justificación que da la resolución congresal en cuestión– ayudar a los congresistas en su función “de representación”– suena a burla, salvo, claro, que se entienda que a quien deben “representar” es a Gana Perú, de cuyas filas se dice ha salido la mayoría de gestores (sin que ello pueda confirmarse a causa del secretismo con que se ha manejado GPD). La verdad, desde luego, es que poseer un pequeño batallón de agentes facultados para intervenir en el tema más sensible del manejo de los últimos gobiernos es una magnífica posibilidad para ponerse en el centro del juego del poder y empujar las propias agendas ideológicas y políticas (con el dinero de todos, claro está). Esto explica magníficamente que el ahora renunciado Jorge Paredes, ex mano derecha del señor Abugattás, fuese a Chilca cuando era coordinador de GPD a azuzar a la población contra una planta de energía que significa una inversión de US$700 millones, diciéndole que si la empresa no se allanaba a lo que pedía el pueblo, “se paraliza la obra” y prometiendo que el Congreso pagaría un EIA del proyecto, aunque ya había uno aprobado por las instancias correspondientes del Gobierno Central.

Es importante resaltar cómo todo este asunto no es, ni mucho menos, lo único que habla de una ausencia de todo tipo de límites en la carrera del señor Abugattás. Esta semana nuestro representante declaró en Cuba que el Perú tiene mucho que aprender de la monarquía familiar de los hermanos Castro, secuestradores de toda una nación, acerca de cómo desarrollar diversos sectores. También solo hace unos días se lanzaba, supuestamente en defensa del ecosistema, contra la minera Yanacocha. Pero en paralelo, mostrando su incoherencia, decía que a Doe Run, el estafador ambiental más consistente y grande que tenemos, hay que darle “todas las facilidades”.

También ha usado su cargo el señor Abugattás para declarar a Israel “un país invasor y traficante de tierras apadrinado por Estados Unidos” y para intentar quitar a la prensa el acceso a las oficinas de las bancadas legislativas y a importantes sesiones del pleno. Todo lo cual no sorprende, considerando que es la misma persona que antes fue grabado dando una lista de periodistas a los que sugería ‘chuponear’, que se bajó el pantalón frente a una periodista televisiva para mostrarle un moretón en la ingle supuestamente causado por otra reportera y que golpeó a un periodista de este Diario y agredió a una colega de un canal de TV. Y esto, citando casi al azar.

Nada de lo anterior es anecdótico. El señor Abugattás es el presidente del Congreso. Alguien que tendría que ser clave para facilitar acuerdos y empujar una agenda de Estado, en lugar de una persona agresiva que practica labor de zapa, incluso con el Gobierno al que supuestamente apoya. Por otro lado, el presidente de nuestro principal órgano de representación debería de ser alguien que los peruanos podamos mirar con orgullo.

En suma, al señor Abugattás el puesto le queda muy grande y es para el bien de todos, incluyendo al del gobierno con el que tan mal coopera, que debe prosperar el intento de sacarlo de él.