(Editorial) Preocupante modelo chavista cerca, en Ecuador

Al margen de los resultados finales de este referéndum, la experiencia ecuatoriana debe servir de ejemplo para toda la región

Miércoles 11 de mayo de 2011 - 07:00 am

La comunidad internacional, y por supuesto los peruanos, observamos con justificada preocupación lo que está ocurriendo en Ecuador, donde el presidente Rafael Correa, al igual que su mentor Hugo Chávez, está usando y forzando mecanismos democráticos para acumular más poder y debilitar la institucionalidad democrática.

Lo último, en esta escalada típicamente autoritaria, ha sido la promoción de un referéndum y una consulta popular para aprobar enmiendas constitucionales y otros cambios, en una mezcla de temas y preguntas abigarradas y maniqueístas.

Pero, los resultados preliminares no son todo lo holgados que el oficialismo preveía, lo que debería hacer reflexionar al presidente sobre el mensaje que la ciudadanía le está haciendo llegar: a pesar de la aplastante propaganda oficialista, el pueblo aprecia los resquicios de libertad y equidad del sistema democrático. Por el contrario, el presidente no solo se ha permitido anunciar el triunfo del Sí, en una clara muestra de parcialidad, sino también acusar a la oposición de maniobras fraudulentas.

Ayer se suspendió el conteo de votos en varias circunscripciones, por discrepancias entre personeros de partidos, lo que revela también el grado de desorganización. Toca ahora a la oposición política corresponder a la alta votación y redoblar esfuerzos para unirse y luchar por el sostenimiento del equilibrio de poderes, el respeto de los derechos humanos y la libertad de expresión.

Como buen émulo de Chávez, y como sus colegas del ALBA, Correa ha realizado seis consultas populares en los últimos años para, entre otras cosas, convocar una asamblea constituyente, refrendar la nueva Carta Magna y aprobar su implementación. Ha modificado así toda la estructura política nacional según su personal conveniencia. Asimismo, el gobierno ha aumentado su presencia, control y hasta intervención en diversos medios de comunicación y ha fundado otros nuevos para evitar las críticas y cuestionamientos. Además, ha denunciado judicialmente a periodistas y ha demandado indemnizaciones intimidatorias por más de US$80 millones, lo que ha aumentado la autocensura.

Con este mismo talante autoritario, las preguntas 4 y 5 del referéndum proponen modificar el Consejo de la Judicatura y crear un “consejo de judicatura de transición”, que en la práctica significaría intervenir el Poder Judicial con figuras que ya hemos sufrido los peruanos. Y la pregunta 4 de la consulta es, a todas luces, una amenaza a la prensa, al proponer que se cree “un Consejo de Regulación que regule la difusión de contenidos en la televisión, radio y publicaciones de prensa escrita que contengan mensajes de violencia, explícitamente sexuales o discriminatorios, y que establezca criterios de responsabilidad ulterior de comunicadores o los medios emisores”. ¿Suena conocido? Para los peruanos, esto trae reminiscencias del Sinamos velasquista y del copamiento de algunos medios por el montesinismo.

Toda esta situación ha acentuado la polarización en Ecuador, entre aquellos que apoyan al régimen y los que consideran, justificadamente, que se están vulnerando los derechos fundamentales y debilitando la democracia.

Al margen de los resultados finales de este referéndum, la experiencia ecuatoriana debe servir de ejemplo para toda la región y, en especial, para el Perú, a puertas de una compleja elección presidencial en segunda vuelta. Al tiempo de hacer votos por la estabilidad política y democrática del Ecuador, los peruanos tenemos que hacer un severo esfuerzo de reflexión para sopesar lo que está en juego y desmarcarnos de modelos autoritarios, estatistas, abusivos e intolerantes como el de Hugo Chávez.