El bombardeo de Estados Unidos en Siria, por Javier Alcalde

"La controvertida imagen de Donald Trump ha mejorado considerablemente con el bombardeo".

El bombardeo de Estados Unidos en Siria, por Javier Alcalde

“El bombardeo ha sido una excelente movida diplomático-militar, una acción de poca envergadura con efectos externos importantes”. (Ilustración: Giovanni Tazza)

Javier Alcalde

La controvertida imagen de Donald Trump ha mejorado considerablemente con el bombardeo de una base aérea en Siria desde la que, se afirma, el régimen lanzó un ataque con armas químicas. La acción estadounidense produce también un vuelco que podría ser significativo en la situación de la guerra civil en ese país. 

En momentos en que Washington parecía haber cambiado hacia la aceptación de la permanencia de Al Assad, en aras de fortalecer la lucha contra el Estado Islámico (EI), la acción se interpreta como un  mensaje a Damasco y a Moscú en el sentido de que EE.UU. está dispuesto –por primera vez– a intervenir abierta y unilateralmente en la contienda para impulsar sus preferencias.

Luego de despertar la Primavera Árabe, se hizo evidente que Siria era el centro de una contienda geopolítica por el control del Medio Oriente. Se enfrentaban Arabia Saudí, Turquía, EE.UU. y la OTAN contra Rusia e Irán. 

Los resultados de la guerra civil se iban inclinando lentamente en contra de Al Assad, hasta que en 2013 la denuncia del uso de armas químicas por el régimen motivó una amenaza de intervención directa de EE.UU. Esta fue evitada por la aceptación de una propuesta rusa de destrucción de las armas químicas, bajo supervisión de la ONU. El episodio propició también el inicio de negociaciones, abriendo una vía paralela de arreglo político a nivel multilateral del conflicto.

La arrolladora aparición de las fuerzas del EI cambió la prioridad a la guerra, reorientándola en gran medida hacia la destrucción de la nueva amenaza. Cuando las acciones contra el EI lideradas por EE.UU. progresaban moderadamente, una intervención militar rusa intensificó decisivamente la ofensiva en setiembre del 2015.

Siria es un Estado cliente de Rusia. Este último, sin haber provocado el conflicto sirio, ha sabido hacer de este una nueva plataforma para agrandar su presencia regional y mundial.

La presencia militar rusa debilitó también a grupos rebeldes y permitió un sostenido avance de las tropas gubernamentales que cambió el panorama de la conflagración. En este contexto –ampliamente favorable al régimen– se produce una nueva acusación de uso de armas químicas y un repentino cambio en la actitud de Washington hacia el conflicto.

¿Qué es lo que ha motivado la acción de la administración de Trump? ¿Cuánto puede haber sido inspirada por una búsqueda de mejorar su crítica posición interna (invocando la moral y empleando la fuerza que Obama no se atrevió a utilizar), por una genuina indignación ante una masacre o por una reorientación súbita de los propósitos estratégicos estadounidenses?

Se tiende a pensar que los estados no basan su accionar externo en emociones ni cambian súbitamente sus estrategias. Sin embargo, se podría pensar en una práctica sinuosa de la ‘realpolitik’ si es que en el cambio de estrategia de Washington hubiera objetivos externos más bien de corto plazo. El bombardeo ha sido una excelente movida diplomático-militar, una acción de poca envergadura con efectos externos importantes.

Muchos observadores creen y esperan que esta intervención sea el comienzo de una asertiva participación estadounidense que busque la salida de Al Assad, la disminución de la influencia rusa e iraní y la configuración de un Estado sirio que incluya zonas autónomas para las minorías sunitas y kurdas.

Esta es una agenda maximalista cuya prosecución requeriría bastante más que una serie de acciones militares limitadas por parte de EE.UU. No creemos que Washington haya cambiado de ánimo para emprender acciones mayores, teniendo ya una confrontación en el Extremo Oriente. Sus aliados –excepto algunas potencias regionales– se hallan aún menos dispuestos. Como principal oponente tiene a Rusia, que no encuentra ninguna cortapisa para utilizar su poderío militar.

Acciones limitadas podrían dar logros marginales a Estados Unidos en lo que parece ser la etapa final de la guerra civil. A menos que un mal cálculo de EE.UU. o un choque accidental en el nuevo escenario reavivaran y hasta ampliaran el conflicto. 


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