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Corea del Norte y China: Guerra de tronos en Asia Oriental, por Patricia Castro

“Beijing ni cederá ante las presiones de Pyongyang ni permitirá una intervención militar o acciones unilaterales”.

Patricia Castro Obando Investigadora académica en China

Giovanni Tazza

"Corea del Norte es el muro de contención que le garantiza a China seguir creciendo y, por ende, ejercer el liderazgo de la región" (Ilustración: Giovanni Tazza)

"Corea del Norte es el muro de contención que le garantiza a China seguir creciendo y, por ende, ejercer el liderazgo de la región" (Ilustración: Giovanni Tazza)

"Corea del Norte es el muro de contención que le garantiza a China seguir creciendo y, por ende, ejercer el liderazgo de la región" (Ilustración: Giovanni Tazza)

¿Está Corea del Norte cambiando al enemigo? Las tres últimas pruebas nucleares llevadas a cabo por el régimen norcoreano han coincidido con eventos internacionales en China. Beijing arma el estrado, monta el espectáculo, atrae al público, y Pyongyang salta al escenario robándole el papel protagónico y la atención de los críticos. Este sexto ensayo nuclear también ha servido para que Kim Jong-un se consolide como el verdadero “rey en el norte”.

Algo no marcha bien entre el heredero de la Casa Kim y Xi Jinping, también llamado “príncipe rojo”. Históricamente, los lazos entre ambos regímenes han sido estrechos pero, a medida que los líderes han ido cambiando, los proyectiles norcoreanos han seguido creciendo y aumentando en intensidad. Los ensayos del 2006 y 2009 tuvieron como telón de fondo el diálogo a seis bandas. En el 2013, Pyongyang llevó a cabo su tercera prueba nuclear, mucho más potente que las dos anteriores. Tanto Kim como Xi tenían apenas un año en el poder de sus respectivos gobiernos.

Los tres últimos ensayos nucleares –dos en el 2016 y el más reciente– denotan un giro en la estrategia norcoreana con relación a China. El año pasado, Beijing admitió que, por primera vez, Pyongyang no le había comunicado de antemano la realización de la cuarta prueba. Desde entonces, los ensayos nucleares y las pruebas de misiles coincidieron con encuentros de alto nivel y actividades prioritarias para la diplomacia china, como la reunión de Xi Jinping con Obama o Trump, la iniciativa Una Franja, Una Ruta o la cumbre de los Brics.

Corea del Norte ha dejado muy claro que no va a renunciar a su programa nuclear, no volverá a la mesa del “diálogo de los seis” y no suspenderá sus pruebas, pese a las siete rondas de sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Tampoco muestra el mínimo temor de perder la protección de China que ha ido endureciendo su posición y limitando su apoyo energético. Kim Jong-un está redefiniendo sus vínculos con Xi Jinping, especialmente desde que se deshizo de la facción liberal liderada por su tío Jang Song-thaek, muy cercano a China.

En las puertas del cónclave más importante de la política china que se realiza cada cinco años, el 19 Congreso del Partido Comunista, Beijing insistirá ante la comunidad internacional que la única vía es la diplomática para evitar la escalada del conflicto, aunque podría dar otro giro de tuerca que ajuste pero no asfixie a Pyongyang. Además de ser su principal socio comercial, China suministra gas y petróleo a Corea del Norte que, según varios reportes, están produciendo una leve mejora de la economía norcoreana.

Beijing ni cederá ante las presiones de Pyongyang ni permitirá una intervención militar o acciones unilaterales que desestabilicen a la península coreana. Estados Unidos aún mantiene sus tropas en la zona que divide a las dos Coreas, a un paso del territorio chino, y se comporta como un gestor militar de Corea del Sur y Japón. En cualquiera de los escenarios, Corea del Norte es el muro de contención que le garantiza a China seguir creciendo y, por ende, ejercer el liderazgo de la región.

Al mismo tiempo, según la prensa extranjera, el Gobierno Chino continúa levantando muros, desplegando patrullas y reforzando ciertos trechos de su frontera con Corea del Norte como parte de sus planes de contingencia. En pocos meses llegará el invierno a Liaoning y Jilin, las provincias chinas fronterizas que se caracterizan por un frío extremo y cruel. Una vez más, China utilizará a sus dragones para disuadir al “rey en el norte” y convencerlo de que se aproxima un gran “ejército de caminantes blancos”.

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