Crudo Ecuador, por Ian Vásquez

Parece que Correa no acepta límites a su poder de censurar.

Crudo Ecuador, por Ian Vásquez
Ian Vásquez
Los regímenes autoritarios no se caracterizan por su buen sentido de humor. Y a la medida que sus políticas producen resultados peores de los esperados —muchas veces debido a gastos irresponsables, corrupción y demás— se vuelven menos tolerantes de la libre expresión. Es lo que ocurre hoy en China, Rusia y Venezuela, donde se ha visto un aumento notable de persecución de pensadores independientes y críticos de sus gobiernos.  

Ocurre también en el país petrolero de Ecuador, donde el presidente Rafael Correa ha aumentado el gasto público de 25% a 43% del PBI desde 2007 cuando asumió el poder, y donde se está sintiendo la caída en el precio del combustible. El país se está volviendo mucho más proteccionista como parte de su estrategia equivocada de promover la industria nacional y un balance comercial positivo. El gobierno exhorta a que los ecuatorianos gasten su plata en su país.

Por eso, cuando una página satírica de Facebook llamada “Crudo Ecuador”, manejada por un ciudadano ecuatoriano, posteó una foto de Correa en Europa haciendo “shopping en un mall de lujo”, el presidente no lo tomó de la mejor manera. Atacó a la página web en sus últimas dos cadenas sabatinas, anunció que era parte de una “campaña de despretigio sistemático” a su gobierno, y reveló los nombres, direcciones y las fotos de algunos de sus críticos de Twitter que hasta entonces eran anónimos. Anunció además la creación de una página web para que sus seguidores ataquen a sus críticos “cobardes” y revelen sus identidades si son anónimos.

No es nada nuevo que Correa insulte con nombre y apellido a sus críticos, quienes luego se ven investigados por agencias regulatorias o impositivas del Estado. No sorprende que tantos, como quien maneja “Crudo Ecuador”, prefieran quedarse en el anonimato o empiecen a practicar la autocensura. En efecto, el presidente está incitando el odio hacia individuos específicos.

Correa ha creado un ambiente de intolerancia y un “deplorable récord […] en materia de libertad de expresión”, según Human Rights Watch. Se han cerrado medios, exiliado periodistas prominentes, y se ha hostigado a la prensa. Correa implementó una nueva ley de comunicación que habilita “serias violaciones a la libertad de prensa”, según la Sociedad Interamericana de Prensa, y reformó el código penal, creando el nuevo delito de “pánico económico”, mediante el cual se sanciona con penas de cárcel a quienes difunden “noticias falsas” que dañen la economía.

Según la organización Fundamedios, en el 2014 hubo 46% más agresiones contra la libertad de expresión que el año anterior debido en gran parte a la ley de comunicación que permite a las autoridades sancionar a los medios y forzarles a “rectificar” su contenido. El régimen sancionó al caricaturista Xavier Bonilla y al diario “El Universo” por publicar una caricatura de un allanamiento de la Policía (sin orden judicial) a la casa de un ciudadano que había hecho una denuncia de las autoridades. El periódico pagó una multa de $90.000 y Bonilla dibujó otra caricatura para rectificar.

Cuando ocurrió la masacre en París por las caricaturas publicadas en “Charlie Hebdo”, Correa irónicamente se solidarizó con Francia. Pero, en vez de defender la libertad de expresión, denunció al terrorismo y agregó que “toda libertad debe tener límites”.

Parece que Correa no acepta límites a su poder de censurar. Tal como reporta el “Global Post” y Human Rights Watch, críticas al gobierno ecuatoriano que se postean en YouTube, Facebook y Twitter se están borrando sistemáticamente. Una firma española que parece estar ligada al régimen de Correa está usando una ley diseñada para combatir la piratería, para forzar a las empresas de redes sociales a bajar tales críticas. Lo que en realidad está transmitiendo Correa es un tremendo nivel de inseguridad de sí mismo.