Debate: Chavín y la democracia, por Daniel Parodi

¿Los comandos Chavín de Huántar debieron ser declarados héroes de la democracia? (en contra)

Debate: Chavín y la democracia, por Daniel Parodi

"Per se, la proposición 'héroes de la democracia' resulta paradójica al caso al que se aplica porque ni en 1996, ni en 1997 en el Perú regía un orden constitucional sustentado en la independencia de los poderes del Estado". (Foto: Reuters).

Daniel Parodi

La iniciativa de la congresista Luciana León de elevar a la categoría de “Héroes de la democracia” a los comandos de la operación Chavín de Huántar aprobada ayer en el Congreso remite a un debate mucho más complejo que es el de nuestra cultura política, la que proviene de un proceso difícil e inacabado.

Per se, la proposición “héroes de la democracia” resulta paradójica al caso al que se aplica porque ni en 1996, ni en 1997 en el Perú regía un orden constitucional sustentado en la independencia de los poderes del Estado. En realidad, era todo lo contrario: regía el autoritarismo de Fujimori-Montesinos, con lo que la intervención en la residencia del embajador de Japón deviene un exitoso operativo de rescate de rehenes llevado a cabo por un régimen dictatorial.

Más allá de la paradoja, lo cierto es que el rimbombante título honorífico no viene al caso. “Héroe de la democracia” es Leopoldo López en Venezuela, preso e incomunicado por defender las libertades civiles en su país. También puedo serlo el general Jaime Salinas Sedó quien se alzó en armas agitando la bandera del constitucionalismo.

Por eso hablé al principio de cultura política: ¿qué entendemos por un héroe de la democracia? ¿a un comando vestido de verde, con el rostro maquillado de negro y una ametralladora en la mano? ¿esa es la idea de heroísmo democrático que quiere vendernos el fujimorismo que pide a gritos su propio panteón de próceres a los que rendirles pleitesía si es posible con feriados nacionales?  

Lo cierto es que el rescate de rehenes en la residencia del embajador de Japón no tuvo nada que ver con la reinstauración de la democracia que entonces habíamos perdido. Desde una mirada política, supuso más bien un resonante triunfo de la dictadura fujimorista, por desgracia manipulado hasta la saciedad a través de mil y un psicosociales con los que nos hicieron tragar la ley de interpretación auténtica, el bloqueo parlamentario del referendo constitucional y la segunda reelección.   

No tengo nada contra los comandos de Chavín de Huántar, cumplieron con su deber, apoyo que se les otorgue pensión vitalicia y los honores del caso. Dentro del protocolo castrense pertinente, que se les prestigie con la medalla al valor y el reconocimiento del país, como lo hizo el presidente Pedro Pablo Kuczynski el martes pasado. Pero si algo no quiere nuestra débil e incomprendida democracia es decirle a sus niños que su héroe es ‘Rambo’ y no Valentín Paniagua o las masas de civiles que, el 28 de julio del 2000, intentaron infructuosamente impedir la instalación de un nuevo quinquenio dictatorial, en el que nuestros derechos civiles, ciudadanos y humanos serían brutalmente pisoteados por la dictadura más corrupta de la historia del Perú.  

Es bueno formar ciudadanos en los que ciertos conceptos alrededor de la democracia se encuentren en su lugar, máxime si estos deben estar y permanecer separados tanto como los fueros civil, militar y religioso. Esos serán ciudadanos modernos, defensores de sus derechos fundamentales y no una enfervorizada multitud vivando al nuevo cancerbero de su libertad, como antes a Gamarra, a Leguía, a Odría y a Fujimori.           


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